Diseñadores, autores y lectores: Relaciones peligrosas

En nuestra cafeinada reunión semanal, misma hora, mismo bati–lugar, Isla Caffe, el presidente de la asociación de editores indie –pendientes Pedro Dahdah, café en mano nos cuenta que paseando por varias librerías y revisando los diseños de producción nacional, se topó con varias portadas de muy baja calidad, diseños repetidos, títulos ilegibles por tener la tipografía casi del mismo color del fondo y, con el nuevo vicio de colocar las fotos del autor con mirada lobotomizada y saturadas de color. La fealdad es un obstáculo para la lectura. 

Y lo más terrible, errores ortográficos en contraportadas «vi un Bolívar separado así Bolívar» nos recuerda el sapiente Pedro que en 1622, para ponderar la rudeza de los turcos, bastaba apuntar: «como tan bárbaros, no tienen correctores que corrijan sus escritos». 

«Son tantos los defectos que se han ido tolerando que ya ni siquiera se consideran tales. Se puede hablar de una amnesia estética alrededor del libro» Alberto Ruy-Sánchez. 

A ésta reunión se suma el diseñador, Mariano Rosas, que ante mi comentario, «los diseñadores no leen, he visto los errores más “hardcore” en diseños editoriales, es terrible la relación entre ustedes y la lectura» molesto alega que el diseñador es casi un coautor, el buen diseñador, señor, si lee, eso le da la medida del cuerpo de la obra, tenemos como diseñadores que resolver visualmente el libro para el lector, el inicio de cada capítulo, los títulos, los subtítulos, regular el peso visual de la tipográfica, la cantidad de espacio entre letras, el interlineado, evitar que partes de la tripa se pierdan en el guillotinado, y que la encuadernación moleste en la lectura (sobre todo en márgenes interiores). Esto entre otras cosas y es difícil hacerlo si no conocemos el texto. 

Mariano nos cuenta de la difícil relación entre el diseño soñado aunque sea una pesadilla y el trabajo real… 

Cosas que prefiero ya evitar 

El autor que se cree diseñador, un escritor de un libro muy malo de conservación de frutas, quería e insistía que se le retocara el arte de la portada que el mismo había hecho, una suerte de bodegón desproporcionado. El autor que insiste en que la portada sea un dibujo de su hijo de 7 años que es un genio muy dotado para el arte. La esposa del autor que opina durante todo el proceso, me tocó una experta en feng shui, que no solo escogió tema y colores de la portada, además el libro tenía que tener un numero de paginas exacto porque el cuadrante norte del feng shui así lo requería, tocó hacer malabares con páginas en blanco como notas. 

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