lunes, julio 18, 2011

Venezuela se encuentra en un aislamiento cultural

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DUBRASKA FALCÓN , ROGER MICHELENA , LIBRERO |  EL UNIVERSALVenezuela se encuentra en un aislamiento cultural. Así lo asegura el bibliotecario y gerente de la editorial Ficción Breve Libros, Roger Michelena. Las dificultades para importar libros por el engorroso procedimiento para obtener divisas, el costo de los locales, el pago de impuestos y la necesidad de obtener un certificado de no producción por cada título que se importe a Venezuela son algunas de las razones que el librero da para sustentar una cifra impactante. "Nosotros no recibimos ni 1% de lo que se publica en el mundo", afirma. 

-Frente a este panorama, ¿cuál es el papel que deben asumir las librerías?

-Digamos que el papel de las librerías siempre va a ser el mismo: el librero es casi un guardaparques que te orienta hacia dónde debes ir y hacia dónde no. Nosotros no recibimos ni 1% de lo que se publica en el mundo. Estamos en un aislamiento cultural en muchas áreas. En estos días fui a la Biblioteca Nacional y me enteré de que hace casi tres años que no compra libros. Imagínate lo grave que es, para una biblioteca, no alimentarse. Es muy grave, porque de lo único de lo que se están surtiendo es de los libros que edita el Estado. Es una forma de ideologización. La única forma de ser un buen librero es ser un adivino. El 90% de las veces no vamos a tener el libro que la gente busca. Es lamentable, pero es así. 

-¿Ser librero en Venezuela se ha convertido en un negocio complicado? 

-Siempre fue complicado. La labor del librero es conocer, recomendar, ir detrás de los distribuidores. El libro que más falta es el académico. De alguna manera tenemos literatura, pero podemos esperar meses por novedades. Ser librero en algunas áreas puede ser mucho más fácil que en otras. Es más sencillo estar al día en temas de literatura porque una novedad literaria puede pasar seis meses y seguir siendo tentadora para el lector. Pero en el área de ciencias, pasados dos o tres meses, un libro pierde vigencia. 

-¿Cómo es el procedimiento de las divisas para importar libros? 

-Es complicado. No es nada más los dólares. Existe el Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio donde se deben sacar certificados de no producción de cada título que se vaya a traer. Imagínate una editorial como McGraw-Hill, que ya se fue del país, que tiene cientos de títulos. Ese certificado garantiza que el libro no se produce en el país y establece los ejemplares que se pueden traer. Luego de ese procedimiento, que puede tardar dos meses, se pasa a Cadivi. Pero, en el medio de eso, se debe estar al día con una serie de registros que son incomodísimos: el nacional de contratistas, el de proveedores, la solvencia laboral. A veces, cada una se vence en momentos distintos. Entonces debe sacarse rápidamente, porque duran un mes. Si en el procedimiento del ministerio y Cadivi se van cuatro meses, se vencen muchas de las solvencias y se deben sacar otra vez. A una empresa grande no le cuesta, pero a la pequeña empresa sí. 

-¿Por qué es tan complejo? 

-En algún momento, la Cámara del Libro, que actualmente sirve poco, trató de aligerar los procesos. Pero nuestra cámara ha sido muy pobre. Está formada por distribuidores y no por editores. El 90% de esos distribuidores son extranjeros. 

-¿Qué sucede con la imprenta venezolana, que tanto orgullo produce al exministro Francisco Sesto? 

-Sería un logro interesante si estuviese abierta a todos, pero imprime nada más para el Gobierno. Tengo entendido que hasta el papel que usan es importado. El que utilizan para el periódico del Presidente, por ejemplo, es un papel que llaman "papel cultural" y sólo se importa para ellos. ¿De qué sirve? 

-¿Pero se han acercado a la imprenta? 

-Sí. La persona que está al frente viene del mundo de la impresión y es brillante, pero está al tanto de sus limitaciones, que son las propias de un Estado como éste. 

-¿El mercado de libros venezolano ha respondido a la crisis? Cada vez son más los libros de autores venezolanos que se ven en anaqueles. Incluso se agotan. 

-Eso ha ocurrido gracias a iniciativas que han ido apareciendo como Ficción Breve, Prodavinci, Editorial 2.0 y Alfaguara que han apostado por autores venezolanos. 

-Entonces, ¿ha sido algo positivo esta respuesta? 

-En su momento se le vio como positivo. No lo veo así a estas alturas. Sabemos que en estos doce años, parte de las librerías Kuaimare -ahora del Sur- han quebrado o cerrado. Hay un comité de censura sobre qué debe haber y qué no en esas librerías. La idea es que estuvieran abiertas a todo lo que se publique en Venezuela. 

-¿Cómo analizaría fenómenos literarios como Sangre en el diván de Ibéyise Pacheco, que se agotó en un mes? 

-El de Ibéyise es el tono del chisme. Cuatro crímenes cuatro poderes, fue el más vendido en su momento, incluso creo que supera al de Ibéyise. La prensa amarillista ha gustado siempre. El libro con tema escabroso siempre se ha vendido. Aquí se llegó a imprimir más que eso con obras de Herrera Luque. 

-Importar a cambio libre es un riesgo grande... 

-Eso da un perfil diferente. Si un librero puede traer por su cuenta algunos libros, está dando al mercado un valor agregado porque, de una u otra manera, todas las librerías tienen lo mismo. El trabajo más pesado siempre lo tiene el librero independiente. Un librero de cabecera es casi tan útil como un psiquiatra o un mecánico. 

-¿Se sigue considerando el libro como insumo de primera necesidad? 

-Depende. El libro nunca ha sido artículo de primera necesidad. Cuando en la universidad no hay presupuesto ¿qué se elimina? La compra de libros. En algún momento estuvo dentro de los rubros de primera necesidad pero luego fue eliminado. Este Gobierno no ve como importante, el libro que no es complaciente porque ellos importan para sus librerías y se dan el lujo de ir a cualquier país y comprar lo que les de la gana a muy buen precio. Pero no hay continuidad. Algunas veces traen una editorial como Sexto Piso que es una maravilla, pero no lo traen más. 

-¿Cuál es la política del gobierno para la lectura? 

-No existe. En los planes iberoamericanos de formación lectora, de Venezuela simplemente dice 'Campaña Revolucionaria de Lectura'. Sin fecha ni nada. Es lo único que ellos pasaron al Centro Regional para el Libro de América Latina y el Caribe. Fundalectura, que fue en algún momento un ente relacionado con el Instituto Autónomo de Biblioteca Nacional, fue desmembrada y desapareció. La iniciativa de lectura es, en mayor medida, de la empresa privada. 

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