Un libro reciente publicado por el científico francés Stanislas Dehaene, titulado “Les neurones de la lectura”, afirma que la lectura no es una capacidad innata en el ser humano sino que requiere de un aprendizaje que necesita tiempo y paciencia para permitirnos llegar a ser buenos lectores, tal como afirmaba el escritor Joseph Addison, que hace más de 300 años escribió que “Leer es para la mente lo que el ejercicio físico es para el cuerpo”.Así, estos estudios están demostrado que la lectura pausada promueve la concentración y aumenta la cantidad de neuronas de nuestro cerebro, compensando el proceso degenerativo que se produce de forma natural a lo largo de los años. Además, los neurocientíficos han descubierto que el consumo apasionado de libros de ficción se acompaña de mejores habilidades sociales, como la empatía.
El especialista en lenguas clásicas Eric Havelock sostiene que la lectura reflexiva crea en el cerebro nuevos circuitos neuronales que desarrollan la capacidad de crear pensamientos novedosos e innovadores, llevando estos a una revolución cultural al contar con ciudadanos que transforman la información obtenida de la lectura reflexiva en conocimiento útil social, tal como pasó en la Grecia antigua, donde el uso de su alfabeto pudo liberar una capacidad tal en el cerebro de sus ciudadanos que llevó al esplendor de la cultura griega.
Si esto es así, si la lectura pausada y reflexiva muestra tales beneficios individuales y sociales al modificar los circuitos neuronales de quienes la practican, ¿qué pasa cuando la lectura se convierte en un proceso más de la multitarea digital que el proceso globalizador parece arrastrarnos? ¿está preparado el nuevo cerebro digital para crear pensamientos novedosos e innovadores, o por el contrario está limitando dichas características? ¿debemos aprender nuevamente a leer bajo este paradigma de letras digitales?
Son incógnitas que como profesionales de la información se abren ante nosotros y que esperemos encontrar sus respuestas con la ayuda de los nuevos avances de la neuroinformación.
Si esto es así, si la lectura pausada y reflexiva muestra tales beneficios individuales y sociales al modificar los circuitos neuronales de quienes la practican, ¿qué pasa cuando la lectura se convierte en un proceso más de la multitarea digital que el proceso globalizador parece arrastrarnos? ¿está preparado el nuevo cerebro digital para crear pensamientos novedosos e innovadores, o por el contrario está limitando dichas características? ¿debemos aprender nuevamente a leer bajo este paradigma de letras digitales?
Son incógnitas que como profesionales de la información se abren ante nosotros y que esperemos encontrar sus respuestas con la ayuda de los nuevos avances de la neuroinformación.
Mientras tanto les dejo, que me voy a leer un libro con una taza de café … para no perder la costumbre.
por José Raúl Vaquero Pulido
Presidente – Fundación Ciencias de la Documentación
Miembro del Club de Roma – Capítulo Español




2 comentarios:
Bueno como profesional de la información te puedo decir que la lectura del computador nos conduzca hacer más cosas a al vez. Bueno en un principio puede que que se distraiga más la mente el computador (teniendo el msn prendido, navegando por internet y leyendo un documento, por ejemplo). Sin embargo, como he visto en mi sobrino y escuchado de otros niños (la nueva generación) como que vienen condicionados para manejar el computador y tal vez para manejar más de una tarea a la vez sin que se distraigan como nosotros (no se si me comprendes). En fin es solo una teoría.. Eso saludos
Muy interesante. Creo en el poder humanizador de la lectura, consecuencia de la necesariedad de la escritura para expresar sentimientos profundos; de la imposibilidad de hacerlo a través del lenguaje cotidiano. ¡Enhorabuena por su espacio!. Un cordial saludo.
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