jueves, diciembre 15, 2011

En un libro cada uno ve lo que sabe


Es sabido que un buen impresor cuando elige un libro nuevo y lo mira y vuelve a mirar por todas partes, abre la cubierte, acompañándola con la mano, observa los caracteres tipográficos, la manera cómo están dispuestos y de que tipo son, y si son originales, o de fundición secundaria, observa y critica el papel, la encuadernación, el dorso del libro si es recto o curvado, la manera cómo empieza el texto (a que altura), cómo son los márgenes, cómo termina, cómo esta dispuesta la numeración, y tantas otras cosas. Un lector que nada sabe de impresión lee el titulo y el precio, compra el libro y lo lee, pero si le preguntamos el caracter que tenía el libro, no sabe responder, no le interesa. En su mundo privado de imágenes no existen puntos de contacto con estas cosas que no conoce...
por Paola L. Fraticola

miércoles, diciembre 14, 2011

TELEVISIÓN VER O NO VER ¿SERÁ ESTE EL DILEMA? de Fernando Mariño

TELEVISIÓN VER O NO VER¿SERÁ ESTE EL DILEMA?

martes, diciembre 13, 2011

"Si usted no lee, no me voy con usted a la cama"



En Polonia se ha iniciado un divertido proyecto para promover el libro. Esta iniciativa social lleva el eslógan de "Si usted no lee, no me voy con usted a la cama". El evento contó con la presencia de destacadas mujeres polacas, muchos pecadores y, por supuesto, con las activistas ucranianas Femen, que esta vez, no se manifestaron en topless, sino que estaban muy modositas y desnudas en la cama cultivando su intelecto con la lectura de sesudos libros. Eso sí, si quieres acompañarlas, aunque sea un poquito y sólo para leer, tienes que haber leído por lo menos el Quijote de Cervantes o Guerra y Paz de Tolstói.

jueves, noviembre 10, 2011

librerías y libreros digitales





Me gustaría poder entrar en una librería en red y contactar, instantáneamente o por correo electrónico, con el librero: preguntarle, pedirle consejo, un libro para una niña que disfrutó con Momo, un manual de ajedrez para principiantes, charlar con él sobre las últimas novedades y cuáles considera él de necesaria lectura, con qué novela inicio en la ciencia ficción a un adolescente, si le gustó Shaun Tan qué regalarle, fiarme de su voz lectora, de sus tablas de experto mercader y amante de los libros. Todavía quedan. Algunos. Pocos. Tienen que dar el salto a la red.
Marcos Taracido



martes, octubre 11, 2011

Al mundo del libro le pasa lo que decía Galileo: lo digital está por estallar..CARLES GELI

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"El contenedor del libro se ha roto totalmente. Ya ni siquiera podemos hablar de diferentes formatos sino de una nueva era de la edición. No tenemos otra opción que cambiar; lo hacen hasta nuestros hijos: el libro debe formar parte de la cadena interactiva multimedia de la que esta feria ha de ser plataforma, ya todo existe simultáneamente" Juergen Boos

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viernes, agosto 19, 2011

Leer desnuda es la nueva moda

La idea de 'Naked girls reading' nació en Chicago (norte de Estados Unidos) en marzo de 2009 de la mano de Michelle L'Amour, una conocida artista estadounidense del género neoburlesco. "Mi marido me encontró una vez sentada en el sillón leyendo desnuda. Digamos que se vio inspirado por la imagen. Empezamos a reír acerca de hacer 'Naked girls reading'. Luego pensamos 'Mmm, quizás es un buena idea', y compramos el sitio en internet"




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miércoles, agosto 03, 2011

Siempre he olfateado los libros, al igual que los cuadernos, con un gesto instintivo, primario, animal....

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Siempre he olfateado los libros, al igual que los cuadernos, con un gesto instintivo, primario, animal. Creo además que el olfato es el más potente de los sentidos. En todo caso, el que posee mayor poder evocador. Sirve para comprender, más que el gusto, si un guiso en cocción ha llegado a su punto (…) En cuanto al olor de los libros, los olores son extraordinariamente variados. Las páginas brillantes, con las reproducciones de cuadros o fotografías, huelen a ácido, como los bocadillos envueltos en celofán que se venden en las estaciones; las páginas muy delgadas de papel biblia de los Meridiani huelen a lencería seca y planchada. Las páginas de los libros viejos huelen a polvos de tocador comprimidos, a polvos de talco; huelen a frasco de cristal vacío que durante un tiempo contuvo un perfume de magnolia o de nardo. (Pags. 91-92)
 «Continúo leyendo en todas partes: en la cama, en el tren, en el autobús, en el coche, en las salas de espera de médicos, abogados, laboratorios clínicos y estaciones, sentada en los bancos. Tendida en la cama, de regreso de la librería; los libros recién comprados junto a mí. Los huelo, los toco, releo la contraportada, cojo uno de ellos, luego otro, otro más; me encuentro en ese bienestar que sigue a la adquisición y precede a la inmersión en una historia. Ahí están: mis libros, un botín que me colma de simple alegría.»
Giulia Alberico

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sábado, julio 23, 2011

Estado de la Literatura Infantil y Juvenil en Venezuela

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La mortal AUSENCIA de Licitaciones públicas del MInisterio de Educación, gobernaciones y alcaldias para dotar las bibliotecas públicas y las bibliotecas escolares. Estas licitaciones constituían la principal fuente de recursos de las editoriales para niños. En la ultima década dichas licitaciones han ido mermando hasta desaparecer por completo. El colmo fue cuando, a principios del año 2010, el Ministro de Educación, Hector Navarro, declaró desierta una importante licitación, en la cual participaba un buen número de editoriales venezolanas de libros para niños para destinar los fondos a fines políticos. Esto fue un duro golpe para las pequeñas y medianas editoriales, que vienen sobreviviendo a duras penas en los ultimos años.

Esto ha tenido como consecuencia directa que buena parte de las editoriales privadas e independientes de libros para niños -nunca fueron muchas- han venido cerrando (Cyls Editores, Colección de libros para niños de El Nacional, entre otras) o disminuyendo su producción a un mínimo (Playco Editores, Ekaré mudó sus oficinas principales a España). 

Las única colección que sobrevive con éxito es la de Alfaguara infantil y juvenil, que ha devenido en prácticamente en la plataforma actual de proyección nacional para los autores venezolanos -con un buen número de ellos publicados en sus colecciones infantil  y juvenil-, principalmente aquellos reconocidos, de LIJ. Y suponemos que esto es, al menos en parte, gracias al hecho de formar parte de la transnacional Alfaguara y contar con el apoyo financiero de la misma.

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viernes, julio 22, 2011

Se seguirá leyendo con los avances tecnológicos

El bibliotecario Roger Michelena destacó que el salto a la lectura electrónica permite un mayor acceso a los libros. En su opinión, los actuales lectores nunca van a dejar el papel y las librerías del futuro podrían ofrecer a sus clientes la modalidad de entrega de los textos, bien en memorias para las computadoras, bien en diseños del material a gusto del lector.
<br />Lectura seguirá sin importar el formato <i>por Globovision</i>

Los libros en Venezuela están sometidos a un peaje

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Ir a una librería y preguntar al encargado por un libro recientemente publicado en el mundo se ha convertido en obtener como respuesta que el título no se encuentra disponible y que no saben si eventualmente lo estará. Esta situación, más que familiar para los amantes de la literatura en Venezuela, da cuenta de que la movida editorial nacional vive una suerte de letargo que pareciera poco a poco aislar al país de lo que ocurre en los diversos epicentros de producción de textos de toda índole. 

Iván Diéguez Vázquez, presidente de la Cámara Venezolana del Libro (Cavelibro), reconoce que algo que no ha colaborado con la situación son lo cada vez más engorrosos trámites para la actividad de importación de libros. Si bien acepta que gremialmente "estamos dentro del listado de bienes prioritarios", los libros viven una realidad más parecida a un limbo burocrático, cuyo símbolo más representativo es el indispensable "certificado de no producción o producción insuficiente" que se pide para traer libros importados al país con divisas de Cadivi.

"A los que más perjudica el tema de la certificación es el tema de las novedades", afirma sin dudarlo Diéguez. Lo secunda en su opinión Rodnei Cáceres, quien está a cargo de la librería Alejandría. 

"Vivimos en tiempos globalizados y la gente se entera de que un libro se publica casi en el mismo instante que pasa. Apenas un título sale en España mucha gente llama a la librería para preguntar cuándo va estar en nuestros anaqueles, y le tenemos que decir, generalmente, que no lo sabemos", cuenta Cáceres. 

Esta realidad, que vive día a día Cáceres desde el mostrador, termina generando un sentimiento de frustración en el cliente/lector. "Son cada vez menos las cosas que nos llegan y menos los libros que vendemos, quizás 30% menos", dice. 

Diéguez por su parte, y con una postura más institucional asegura que no se trata de falta de interés por parte de los importadores o distribuidores, y atribuye a los trámites burocráticos la demora en la llegada de los más recientes productos editoriales. "Cuando se introduce la solicitud de certificación en el Ministerio de Ciencia y Tecnología hay 20 días hábiles para obtener una respuesta, que a veces puede tardar más y posteriormente hay que hacer otros trámites", cuenta. 

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¿El resultado? "Los libros no llegan en el momento en el que se están presentando en otros países, que es lo que los lectores piden", señala Diéguez. 

Una manera de subsanar esto, relata Cáceres, ha sido la importación directa de libros sin depender de los trámites administrativos de rigor. "Con eso queremos darle una suerte de atención especial a nuestros clientes, pero los costos suben muchísimo y no podemos hacerlo en grandes cantidades", apunta el librero. 

Diéguez, optimista ante el futuro, asegura "la Cámara pertenece a una mesa técnica de Cadivi y la situación de las divisas con ellos se ha regularizado". Solo falta esperar.

Ante las dificultades que implica traer libros del exterior, una opción inevitable que se ha abierto para palear el vacío que se genera en el sector es apuntar a la producción nacional. 

Sin embargo, Diéguez explica que tal acción no es una solución real como tal. "Limitando la importación no va a haber un mayor crecimiento de la industria gráfica venezolana", acusa. 

El mismo Diéguez cuenta que "hay empresas que han optado, en el caso de best sellers importantes, por pedir los derechos a su casa matriz y hacer sus impresiones en Venezuela", para así abaratar los costos y mantener su presencia en el país a pesar de la coyuntura. 

Cáceres ofrece otra arista de la realidad que se vive y cuenta que "grandes editoriales como Random House Mondadori y Santillana, han abierto divisiones para publicar a autores venezolanos", esta situación sin duda ha ayudado a difundir el trabajo de los creadores nacionales de ahora. Diéguez lo apoya y añade "hay un brote de autores e ilustradores importantísimo". 

Esta situación, aunada al surgimiento de casas editoras con sello local, como Alfa o Ficciones Breves -explica Cáceres- ha hecho posible que las librerías no cambien su imagen de biblioteca por la de un árido desierto. 

Pese a estas salidas, el tema de la crisis editorial no presenta una solución visible, pues el asunto de las divisas también afecta lo que implica publicar un libro en tierra venezolana, ya que los insumos y maquinarias, generalmente, tienen también un origen allende fronteras y se repite la misma historia de la importación, solo que un rubro distinto. 

"Las industrias para volverse competitivas tienen que tener buenos costos, lo importante es que la industria gráfica nacional -que tiene excelente calidad- es que cada día pueda ofrecer mejores costos a los editores venezolanos", comenta Diéguez en alusión a lo que significa imprimir o producir en países como Colombia y China. 

rorodriguez@eluniversal.com

ROBERTO RODRÍGUEZ M. |  EL UNIVERSAL

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lunes, julio 18, 2011

Venezuela se encuentra en un aislamiento cultural

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DUBRASKA FALCÓN , ROGER MICHELENA , LIBRERO |  EL UNIVERSALVenezuela se encuentra en un aislamiento cultural. Así lo asegura el bibliotecario y gerente de la editorial Ficción Breve Libros, Roger Michelena. Las dificultades para importar libros por el engorroso procedimiento para obtener divisas, el costo de los locales, el pago de impuestos y la necesidad de obtener un certificado de no producción por cada título que se importe a Venezuela son algunas de las razones que el librero da para sustentar una cifra impactante. "Nosotros no recibimos ni 1% de lo que se publica en el mundo", afirma. 

-Frente a este panorama, ¿cuál es el papel que deben asumir las librerías?

-Digamos que el papel de las librerías siempre va a ser el mismo: el librero es casi un guardaparques que te orienta hacia dónde debes ir y hacia dónde no. Nosotros no recibimos ni 1% de lo que se publica en el mundo. Estamos en un aislamiento cultural en muchas áreas. En estos días fui a la Biblioteca Nacional y me enteré de que hace casi tres años que no compra libros. Imagínate lo grave que es, para una biblioteca, no alimentarse. Es muy grave, porque de lo único de lo que se están surtiendo es de los libros que edita el Estado. Es una forma de ideologización. La única forma de ser un buen librero es ser un adivino. El 90% de las veces no vamos a tener el libro que la gente busca. Es lamentable, pero es así. 

-¿Ser librero en Venezuela se ha convertido en un negocio complicado? 

-Siempre fue complicado. La labor del librero es conocer, recomendar, ir detrás de los distribuidores. El libro que más falta es el académico. De alguna manera tenemos literatura, pero podemos esperar meses por novedades. Ser librero en algunas áreas puede ser mucho más fácil que en otras. Es más sencillo estar al día en temas de literatura porque una novedad literaria puede pasar seis meses y seguir siendo tentadora para el lector. Pero en el área de ciencias, pasados dos o tres meses, un libro pierde vigencia. 

-¿Cómo es el procedimiento de las divisas para importar libros? 

-Es complicado. No es nada más los dólares. Existe el Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio donde se deben sacar certificados de no producción de cada título que se vaya a traer. Imagínate una editorial como McGraw-Hill, que ya se fue del país, que tiene cientos de títulos. Ese certificado garantiza que el libro no se produce en el país y establece los ejemplares que se pueden traer. Luego de ese procedimiento, que puede tardar dos meses, se pasa a Cadivi. Pero, en el medio de eso, se debe estar al día con una serie de registros que son incomodísimos: el nacional de contratistas, el de proveedores, la solvencia laboral. A veces, cada una se vence en momentos distintos. Entonces debe sacarse rápidamente, porque duran un mes. Si en el procedimiento del ministerio y Cadivi se van cuatro meses, se vencen muchas de las solvencias y se deben sacar otra vez. A una empresa grande no le cuesta, pero a la pequeña empresa sí. 

-¿Por qué es tan complejo? 

-En algún momento, la Cámara del Libro, que actualmente sirve poco, trató de aligerar los procesos. Pero nuestra cámara ha sido muy pobre. Está formada por distribuidores y no por editores. El 90% de esos distribuidores son extranjeros. 

-¿Qué sucede con la imprenta venezolana, que tanto orgullo produce al exministro Francisco Sesto? 

-Sería un logro interesante si estuviese abierta a todos, pero imprime nada más para el Gobierno. Tengo entendido que hasta el papel que usan es importado. El que utilizan para el periódico del Presidente, por ejemplo, es un papel que llaman "papel cultural" y sólo se importa para ellos. ¿De qué sirve? 

-¿Pero se han acercado a la imprenta? 

-Sí. La persona que está al frente viene del mundo de la impresión y es brillante, pero está al tanto de sus limitaciones, que son las propias de un Estado como éste. 

-¿El mercado de libros venezolano ha respondido a la crisis? Cada vez son más los libros de autores venezolanos que se ven en anaqueles. Incluso se agotan. 

-Eso ha ocurrido gracias a iniciativas que han ido apareciendo como Ficción Breve, Prodavinci, Editorial 2.0 y Alfaguara que han apostado por autores venezolanos. 

-Entonces, ¿ha sido algo positivo esta respuesta? 

-En su momento se le vio como positivo. No lo veo así a estas alturas. Sabemos que en estos doce años, parte de las librerías Kuaimare -ahora del Sur- han quebrado o cerrado. Hay un comité de censura sobre qué debe haber y qué no en esas librerías. La idea es que estuvieran abiertas a todo lo que se publique en Venezuela. 

-¿Cómo analizaría fenómenos literarios como Sangre en el diván de Ibéyise Pacheco, que se agotó en un mes? 

-El de Ibéyise es el tono del chisme. Cuatro crímenes cuatro poderes, fue el más vendido en su momento, incluso creo que supera al de Ibéyise. La prensa amarillista ha gustado siempre. El libro con tema escabroso siempre se ha vendido. Aquí se llegó a imprimir más que eso con obras de Herrera Luque. 

-Importar a cambio libre es un riesgo grande... 

-Eso da un perfil diferente. Si un librero puede traer por su cuenta algunos libros, está dando al mercado un valor agregado porque, de una u otra manera, todas las librerías tienen lo mismo. El trabajo más pesado siempre lo tiene el librero independiente. Un librero de cabecera es casi tan útil como un psiquiatra o un mecánico. 

-¿Se sigue considerando el libro como insumo de primera necesidad? 

-Depende. El libro nunca ha sido artículo de primera necesidad. Cuando en la universidad no hay presupuesto ¿qué se elimina? La compra de libros. En algún momento estuvo dentro de los rubros de primera necesidad pero luego fue eliminado. Este Gobierno no ve como importante, el libro que no es complaciente porque ellos importan para sus librerías y se dan el lujo de ir a cualquier país y comprar lo que les de la gana a muy buen precio. Pero no hay continuidad. Algunas veces traen una editorial como Sexto Piso que es una maravilla, pero no lo traen más. 

-¿Cuál es la política del gobierno para la lectura? 

-No existe. En los planes iberoamericanos de formación lectora, de Venezuela simplemente dice 'Campaña Revolucionaria de Lectura'. Sin fecha ni nada. Es lo único que ellos pasaron al Centro Regional para el Libro de América Latina y el Caribe. Fundalectura, que fue en algún momento un ente relacionado con el Instituto Autónomo de Biblioteca Nacional, fue desmembrada y desapareció. La iniciativa de lectura es, en mayor medida, de la empresa privada. 

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miércoles, julio 13, 2011

¿Editores o correctores?

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Uno de los libros más curiosos que he leído recientemente, La novela, el novelista y su editor, de Thomas McCormack, editado por el Fondo de Cultura Económica y Libraria, y traducido con titubeos por Juana Inés Dehesa, presenta una situación muy común en las series televisivas, en algunas cintas clase C, y en una que otra novela reciente: el trabajo de editor, que no existe, o no existía, en las editoriales mexicanas, pero que es muy socorrido en empresas estadunidenses, inglesas y canadienses, y obviamente en algunas europeas: están a cargo de jóvenes recién egresados de las carreras de Letras, en una envidiable e irreal equidad de género, y que se encargan de darle en la madre al trabajo de los escritores (ayer 1 de mayo apareció una notita en El Librero, la columna que bajo mi nombre aparece los domingos en El Universal, acerca de este curioso libro).
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Por lo regular los editores tienen en el fondo de su alma una obra maestra que no pueden escribir sino hasta que los corren de la chamba, o ellos se hartan y renuncian, o abandonan el trabajo por alguna desilusión amorosa. Alguna vez Huberto Batis precisó que en México sucede al revés que en el mundo sajón; aquí los críticos y los escritores terminan haciendo la labor editorial (Emmanuel Carballo, Bernardo Giner de los Ríos, Sergio Galindo, Jesús Arellano, el mismo Batis, Rogelio Carbajal, entre muchísimos), por no hablar de los editores que ni siquiera emprendieron la escritura más que como afición (Joaquín Díez-Canedo, Rafael Gimenes Siles, Juan Grijalbo, Justo Molachino, Bartolomé Costa-Amic), y de los escritores que dirigieron editoriales o colecciones sin abandonar la escritura (Jaime Labastida, Juan García Ponce). Y eso que no hablamos de los que dirigieron revistas o suplementos, más los muchos que han llevado paralelas las tareas literarias con las editoriales, sea como correctores o traductores. En el mundo sajón es al revés: los editores pueden convertirse en literatos (Edmund Wilson, por citar un ejemplo mayor).
Será porque los editores se hayan creído el mito del importantísimo trabajo de los editores, pero están invadiendo un terreno que no les pertenece; ponen como ejemplo la “edición” que hizo Ezra Pound conLa tierra baldía, de T.S. Eliot; pero se olvidan que no lo hizo como editor, sino como lector. Su trabajo debería ser simplemente encontrar las fallas de un manuscrito; ellos creen que lo que hacen es decirle a los escritores qué quieren los lectores y hacer que los autores se sometan a su voluntad, y supriman escenas, eliminen personajes, y hasta sugieren el final de un libro, si es que ellos suponen que sería mejor que el original.
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Eliseo Alberto y Jorge F. Hernández me contaron que uno de los mejores escritores hispanoamericanos tuvo que enfrentarse a un lector recomendado por Carmen Balcells, que luego de una sesión de trabajo de varias horas, el autor, asombrado, reconoció errores que no imaginaba, y que el lector, un jovencísimo a quien no le importaban ni el renombre ni los premios que había obtenido (hasta entonces) el novelista consagrado, hizo que aceptara muchísimos cambios a su novela; no dudo de la veracidad de estos fabulistas que cuentan historias reales como si fueran fantásticas; de lo que dudo es de los resultados, porque la novela que dicen que el joven obligó a corregir a ese escritor es bastante mala, con unas cuantas escenas buenas pero con el conjunto de la obra muy endeble, inverosímil, mal narrado. Lo que quiere decir que los cambios empeoraron el libro, o no sirvieron para mejorarla y ponerla a la altura de sus libros buenos.
En mi breve reseña apunté que el coronel Aureliano Buendía, de Cien años de soledad, durante el tiempo que está en la guerra, lava diario sus pantalones, pero nunca los calzoncillos; si un lector-editor hubiera detectado esa inconsistencia, y sugerido a García Márquez que la enmendara, ¿hubiera mejorado la novela? McCormack no hace referencia a ese libro, pero sugiere que, de haber estado en sus manos, habría mejorado novelas de Norman Mailer, y que en todo caso los guionistas de La edad de la inocencia mejoraron para el cine la novela de Edith Wharton, y que si estuviera en su posibilidad, también mejorarían El gran Gatsby.
La clave está en que opina que las obras deben adecuarse al gusto de los lectores, y a lo que esté de moda; que los editores deben tener la intuición para saber qué va a sobrevivir a la época, como libros populares; así, se habrían ahorrado los editores la monserga de publicar las novelas de la antinovela, a los que confiesa no entender, o por lo menos no le gusta; es claro que esa corriente literaria no le gustó al gran público, si por gran público se entiende un núcleo numeroso, que deje ganancias a las editoriales. Pero le gustó a lectores exigentes.
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McCormack da unas claves que, al lector común, le sirven para mejorar sus lecturas; qué debe buscar, qué tiene que encontrar, cómo descifrar a los personajes, qué debe atender en la trama y en la subtrama; si los personajes secundarios son necesarios, si la estructura es sóliday adecuada, y que si en la tercera página el protagonista recuerda o menciona un objeto, ese objeto debe tener una utilidad; si es un revólver, con él debe matar a otro personaje, o le debe servir para espantar a unos que quieren intimidarlo; si vio un revólver en el cajón de un buró (cómoda, debe corregir, para que así se entienda en España, que es la que dicta la moda editorial), debe volver a aparecer. Eso nos lleva a sospechar que si el narrador toma un panecillo y al morderlo se le desata una serie de recuerdos, en algún momento de las siguientes 2,200 páginas debe volver a surgir el panecillo; si no, hay que advertirle al autor que esa escena no sirve; en todo caso, recortar la trama a unas 400 páginas, porque si no el lector va a estar esperando que vuelva a comer panecillos (es lo que hizo Alfred Hitchcock cuando advirtió que el público no atendía la trama de sus películas por tratar de ver si aparecía en sus famosos cameos, y decidió aparecer en el primer rollo, así el espectador satisfacía su curiosidad y ya atendía el argumento; eso también llevaría al editor a sugerir que si en To catch a thief aparece un gordito molesto con un niño en el camión donde escapa Cary Grant, y no vuelve a aparecer, es mejor suprimirlo; pero ya me estoy desviando). A un novelista que intente apantallar describiendo una iglesia durante todo un capítulo, hay que ayudar a aligerar el libro cortando ese capítulo, y decirle a otro que qué tiene que ver, en una historia de amor, la manera en que se fabrican quesos y mantequillas: que se concrete a lo que quiere el lector, y sobre todo la lectora (a los autores le sugerirían que se cambiaran el nombre: a Victor Hugo, que se pusiera apellido; a Thomas Hardy, que firmara “Tom”).
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¿El editor debe evitar la publicación de libros sin éxito para que la empresa no sufra pérdidas? Con ese criterio, ninguna editorial hubiera publicado Rojo y negro, que como se sabe vendió exactamente 80 ejemplares en vida del autor; con ese criterio el mundo se hubiera salvado de un libro de poemas llamado Fervor de Buenos Aires, que vendió tan pocos ejemplares que el autor estuvo tentado de ir a casa de cada comprador para agradecerle personalmente el gesto. Con ese criterio, los melómanos se habrían ahorrado un disco de Don Van Vliet, que tuvo que recurrir al truco de decir que tres mil escuchas no podían estar equivocados (tres mil pueden ser muchos compradores para un libro de poemas, e incluso para uno de cuentos o una novela, pero no son nada si ahora las disqueras rescinden el contrato de una cantante si no vende un millón de ejemplares en un mes).
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También afirma que debe haber un editor ideal para cada escritor; cuando menos, para cada género, porque se requiere un olfato, una intuición, una especialidad casi, para cada libro; no es lo mismo leer poesía que leer novela, y no es lo mismo una novela romántica (sentimental, mejor dicho) que una policial, y cada género tiene sus reglas específicas. No es lo mismo una novela cristera que un retrato del México contemporáneo que una novela italiana sobre la desesperanza que una novela francesa sobre los conflictos entre padre e hijo que una novela alemana sobre la Guerra Mundial que una antinovela mexicana que una novela sobre la suplantación de Dios, ni éstas tienen semejanza con la poesía española del destierro o con una poesía experimental que implique tres lecturas paralelas y simultáneas que un poemario sobre la permanencia o la fugacidad del tiempo, o un ensayo sobre la relación entre el erotismo y la muerte o contra el realismo socialista, o contra el capitalismo salvaje o una historia sucinta de los aztecas y de los incas. Cada uno de estos libros necesitaría un editor específico. Pero resulta que fue uno solo quien hizo todo eso, y en México: Joaquín Díez-Canedo.
Sobrarían los ejemplos de la labor realizada por Arnaldo Orfila Reynal, Daniel Cosío Villegas, Neus Espresate y Vicente Rojo; la diversidad de temas, tratamientos, experimentos no disminuyó la calidad, elegancia y belleza de las ediciones; fueron amigos y críticos de los autores, y no se detuvieron nunca ante la amistad y la admiración para señalarle los errores, pero jamás se atrevieron a insinuarles siquiera un cambio, menos una supresión, pero fueron implacables corrigiendo errores y erratas.
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¿Por qué en México no ha habido grandes editores? Tal vez porque en todo el siglo XX hay excelentes correctores de estilo. Los que saben de ediciones apuntan que no es exactamente un estilo, porque a los escritores no se les corrige el estilo, sino que se les encuentra algunos detalles gramaticales: por la prisa, y luego porque conocen demasiado su libro, suelen cometer errores de concordancia (tantos, que cuando escriben bien el “le dio”, creen que está mal, que debe ser “les dio”); poner los acentos de “aun” o quitar los de “aún”, cuando sea menester; a corregir verbos mal conjugados; y todo eso sin que el autor se dé cuenta, para no ganarse su rencor.
Pero los correctores de estilo, además de corregir gramática, suelen toparse con algunos errores: un cojo que se echa a correr despavorido, el sexo de un personaje que muy machito aparece después como mujer; la aparición de un personaje fallecido páginas antes, o la desaparición de un personaje perdido entre tantas páginas y muchos otros personajes (lo que sucede con mucha frecuencia y a escritores no por descuidados menos geniales: ya se sabe que un personaje que se le perdió a Fuentes fue rescatado muchos años después en una novela de García Márquez); hacer ver que las cabezas de ganado que supone tiene uno de sus protagonistas en la realidad no cabrían en las hectáreas que le adjudica, y que no es lo mismo percibir que advertir, así como tampoco lo es sorprender que asombrar; los resultados son asombrosos: el autor, que no lo advierte, suele presumir: ¡qué bien escribo!
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Cuando se tienen mucha confianza, los correctores comentan con los autores ciertos detalles: ese personaje es muy pedante; ese capítulo es muy denso (¡mira que describir la perilla de una puerta durante tres páginas!); así no hablan los muchachos de clase media; el autor puede agradecer, pero pocas veces va a hacer caso. En realidad, sirven más otras observaciones: ese hueso no se llama trocánter, el trocánter está más arribita; la calle que describes no existía en la época de tu novela; bo había autocinemas en los años cuarenta; San Martín de Porres no era santo en la época de Santa Anna, ni siquiera en la época de oro del cine mexicano; esa canción es de los Kinks, no de Led Zeppelin; el baterista de Rolling Stones es Charlie Watts, no Brian Jones (por asombroso que parezca, son detalles que han aparecido en libros hispanoamericanos). Claro que hay autores que ignoran eso, o los engaña la memoria (de un autor especializado en imitar a sus maestros, dicen las buenas lenguas que tiene una memoria privilegiada: sólo se acuerda de lo que le conviene). El problema real consiste en que el corrector, o si se quiere, el editor, debe saber eso: cómo se llama el palo donde se cuelga la vela mayor en un barco; la diferencia entre erección y la proximidad de una embarcación para navegar; el número de huesos en el cuerpo; las fechas precisas de una acción histórica (Joaquín Díez-Canedo decía, según Tito Monterroso, que Tito era muy bueno para las fechas pero no tan bueno para las erratas); la diferencia entre ministro y secretario de Estado; cómo se le llama al acto en que alemanes y españoles saquearon Roma en el siglo XVI; los nombres de los más famosos campeones de boxeo en todas las categorías y en todos los países; la verdadera estatura de Morelos; en qué año ganó Stan Musial todas las categorías de bateo en la Liga Nacional, excepto en jonrones, y muchos datos más, aparentemente inútiles, pero que evitan que en una novela se diga que Willie Mays lanzó un tiro hacia el campo del centro.
El editor puede o no gustar del libro; por lo regular no sólo le gusta, sino que le fascina y es su mejor lector, pero no puede hacerle sugerencias al autor, como quitar personajes o suprimir capítulos o modificar el final; le tentación suele ser fuerte, pero para resistirla deja la pluma lejos, y se pone a leer el manuscrito, recostado, con toda comodidad, que era lo que hacía Bernardo Giner de los Ríos, quien confesaba que si leía un libro, ya publicado, de pie o sentado, comenzaba a corregirlo.
Algo más: en la Ley Federal de Derecho de Autor, en el Artículo 21 Fracción III se prohíbe hacer cualquier cambio a un manuscrito, y en el Artículo 45 y 46, deja toda posibilidad de cambio o corrección a la voluntad del autor, dejándole además la responsabilidad de cargar con los gastos en que ocurra el editor como consecuencia de ello.
(Así, si el “editor” sugiere que si no cambia el final, si no suprime a un personaje o si no modifica el capítulo que al “editor” le moleste, no publica el libro, ¿viola la ley? ¿Y si el autor, al que le falten calzones para oponerse y termina por aceptar, debe correr con los gastos originados?)
En una muy próxima entrega, algunas anécdotas famosas y otras no tanto de correcciones de libros célebres.
AUTOR: EDUARDO MEJÍA 

miércoles, abril 27, 2011

el producto libro es una especie de psicotrópico, una droga de alguna manera

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Hay otra cuestión muy particular y es que el producto libro es una especie de psicotrópico, una droga de alguna manera. Entras en una librería y te empiezan a pasar por delante todas las ambiciones que tienes en la vida: al pasar delante de la parte de turismo ves una foto de Laos y dices: ¡Uy! ¡Qué ganas de ir!; después pasas por la parte de, no sé, de fitness y dices: ¡Uy! Si me compro este libro voy a tener un estómago como si fuera una tabla, y después pasas a la parte de sexo y dices: ¡Oh! Puedo tener sexo por muchas horas. Es como si bajaras la guardia y te dejaras llevar un poco por los sueños que la librería sugiere. Eso hace que la librería sea un lugar en donde uno va también a hacer las cuentas con sus propias situaciones, con los deseos.

jueves, abril 14, 2011

Qué tipo de lector eres?

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Según  Sergi Pàmies,  hay dos tipos de lectores: los tántricos y los eyaculadores precoces. Los primeros leen lentamente los libros que les gustan. Los otros, no se ahorran la avidez.

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viernes, abril 08, 2011

Son estas letras para cerrar un ciclo. A partir del 29 de Abril Estudios La Castellana dejará de prestar servicios.

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Públicas razones la andadura del país, que ha tornado en cruda mercancía todo proyecto, anteponiendo el frío cálculo de renta y supervivencia a toda misión social y cultural, dando morada en cada uno de nosotros al policía interior en perfecta, perversa operación de auto-censura. El Poder no necesita al comisario ni a miles de funcionarios en oscuras oficinas, rastreando en toneladas de papel toda desviación del canon oficial; para eso está CADIVI y la Resolución Nº 38.882 que elimina al libro de los rubros prioritarios, bloqueando con ello el acceso democrático y de bajo costo a la bibliodiversidad. Si no logramos transformar esta realidad, las librerías seguirán cayendo y con ellas nuestro contacto con soportes de liberación.

Más que espacio físico y comercial, en la librería nos hemos reconocido durante 13 años en una comunidad espiritual diversa, lugar de encuentro donde las diferencias han sido nutritiva dialéctica de la palabra -impresa y dialogada- que invita a la reflexión y al necesario debate de ideas, a la celebración del conocimiento y la belleza. La filosofía, la psicología profunda, el pensamiento político clásico y sobre todo contemporáneo (sin exclusiones), la gran novela, la poesía y las mejores editoriales infantiles (Ekaré, Playco, Camelia, Loguéz, Bárbara Fiore, Kókinos, A Buen Paso, FCE, Petra, etc.) han sido norte y bastimento, han tenido aquí su lar. 

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Por ello las gracias, pues he crecido en ustedes.

Me separo de la empresa, pero espero puedan seguir encontrando allí las líneas bibliográficas y la atención a demandas especiales. Para futuros servicios de Distribuidora Estudios queda la sede de Altagracia en el Edif. Centro Valores, esquina de Luneta, detrás del Ministerio de Educación. Sus teléfonos (0212) 562 5818, 5103,6267 y 4049 o el Fax 561 8205 y sus correos:gerencia@distribuidoraestudios.com y distribuidoraestudios@gmail.com.


Atentamente
Librero y amigo

LA LECTURA NO ES INNATA A NUESTRO CEREBRO


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Un libro reciente publicado por el científico francés Stanislas Dehaene, titulado “Les neurones de la lectura”, afirma que la lectura no es una capacidad innata en el ser humano sino que requiere de un aprendizaje que necesita tiempo y paciencia para permitirnos llegar a ser buenos lectores, tal como afirmaba el escritor Joseph Addison, que hace más de 300 años escribió que “Leer es para la mente lo que el ejercicio físico es para el cuerpo”.
Así, estos estudios están demostrado que la lectura pausada promueve la concentración y aumenta la cantidad de neuronas de nuestro cerebro, compensando el proceso degenerativo que se produce de forma natural a lo largo de los años. Además, los neurocientíficos han descubierto que el consumo apasionado de libros de ficción se acompaña de mejores habilidades sociales, como la empatía.


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El especialista en lenguas clásicas Eric Havelock sostiene que la lectura reflexiva crea en el cerebro nuevos circuitos neuronales que desarrollan la capacidad de crear pensamientos novedosos e innovadores, llevando estos a una revolución cultural al contar con ciudadanos que transforman la información obtenida de la lectura reflexiva en conocimiento útil social, tal como pasó en la Grecia antigua, donde el uso de su alfabeto pudo liberar una capacidad tal en el cerebro de sus ciudadanos que llevó al esplendor de la cultura griega.
Si esto es así, si la lectura pausada y reflexiva muestra tales beneficios individuales y sociales al modificar los circuitos neuronales de quienes la practican, ¿qué pasa cuando la lectura se convierte en un proceso más de la multitarea digital que el proceso globalizador parece arrastrarnos? ¿está preparado el nuevo cerebro digital para crear pensamientos novedosos e innovadores, o por el contrario está limitando dichas características? ¿debemos aprender nuevamente a leer bajo este paradigma de letras digitales?

Son incógnitas que como profesionales de la información se abren ante nosotros y que esperemos encontrar sus respuestas con la ayuda de los nuevos avances de la neuroinformación.

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Mientras tanto les dejo, que me voy a leer un libro con una taza de café … para no perder la costumbre.
por José Raúl Vaquero Pulido
Presidente – Fundación Ciencias de la Documentación
Miembro del Club de Roma – Capítulo Español

lunes, marzo 28, 2011

La erótica del papel...Rafa Prats


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Confieso que me emociona tocar las páginas de un libro y estoy convencido de que ese es un acto erótico de alto nivel. Son las caricias iniciales en el juego del amor. Luego llegará la lectura de la narración o el ensayo y es posible que se alcance el climax que propicia el orgasmo. A decir verdad, no es fácil tropezarse con ls literatura orgamástica, voz esta última tampoco incluida en el diccionario de la RAE.
En el artículo periodístico resulta más difícil conseguir el cenit de la escala erótica. Porque clímax no es otra cosa, según su etimología, que escala, una escala ascendente hasta alcanzar la cúspide. Los griegos eran muy sabios. Pero lo curioso es que la RAE incluya como cuarta acepción de la citada palabra: "Momento culminante de un poema o de una acción dramática". O sea, que no voy demasiado desencaminado en mi apreciación. Es evidente que existe un paralelismo entre la erótica y la escritura en  general. Porque, si nos metemos en casos particulares, podremos acceder a textos donde el erotismo se convierte en tema. Pero no sólo en temática de narrativa, sino también en substancia poética. Es más, yo he tenido ciertas experiencias con el ensayo.
Y es que el roce hace el cariño y el papel, en determinados casos, no es ajeno a esta apreciación.

domingo, marzo 27, 2011

"Héctor Torres y su grato "Regalo de Pandora" - por Jesús Santana

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Héctor Torres para quien lo no conoce es una de las mejores letras Narrativas en la actualidad y el futuro venezolano, editor del portal Ficción Breve Venezolana, con una cantidad respetable de joyas cargadas a su espalda “Trazos de Asombro y Olvido” (1996), “Episodios Suprimidos del Manuscrito G” (1998), “Del Espejo Ciego” (1999), “El Amor en Tres Platos” (2007), “La Huella del Bisonte” (2008), inagotable colaborador de la pagina Prodavinci.com (absolutamente recomendable cada publicación que hace en dicha pagina); sin olvidar una jugosa cantidad de sus cuentos publicados en diferentes antologías; ahora en el 2011 sorprende con una obra que sin duda hace honor a su titulo, “El Regalo de Pandora”.

Este nuevo regalo viene cargado con 10 cuentos que ninguno puede pasar desapercibido dentro de las manos del lector, algunos de estos ya han sido publicados con anterioridad pero para esta edición Héctor se encargó de corregir uno a uno y tratar de ofrecer unas nuevas versiones.
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Algo destacable es sin duda el orden de los cuentos, totalmente acertado su comienzo y el finalviolento; como ya uno se acostumbra a terminar cada día en lo que es nuestra Caracas acelerada e imparable. Héctor logra meterse muy profundo dentro de la piel de cada una de las protagonistas en cada cuento, darles vida propia, y hacer sentir al lector que el libro es narrado en mas de una oportunidad por una dama, sin duda es el escritor venezolano que mejor sabe describir lo que una mujer vive y sufre.

Con un riesgo alto a equivocarme; Héctor me da la impresión que practica un realismo sucio mode venezolano, su prosa es limpia, pura, directa; tiene la gracia de escribir frases contundentes; algo que me ha llamado la atención es su manera de terminar muchos párrafos con un cierre que se queda retumbando en la cabeza, frases como “Hay veces que uno gana sin saber a ciencia cierta que ganó”“el sexo es sólo una herramienta inocente y amoral para obtener afecto” o“la felicidad dura el instante del orgasmo que no alcanzó a tener”, entre tantas otras, no son frases para leerlas y olvidarlas dentro de tantas lecturas que uno disfruta y vive, son frases que dan duro en cada cuento; Héctor quiere jugar a los aforismos en mas de una oportunidad.

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Los cuentos; sin menospreciar ninguno abre con “El alimento de los mirmidones”, juega con ese encuentro casual, lleno de pasión que la vida nos da para quitarlo de inmediato y tan solo quedar con el grato sabor del pasado y el recuerdo, “Las miles de gotas que salen de una regadera”, amor ganador, que despierta una risa en mas de una oportunidad, con una prosa espectacular y jocosa, “Como si por dentro me corriera un río tibio y lento”, los sueños y lo cotidiano se hacen presente en su pluma, “Ese que llaman Cervantes”, un quid pro quo de placer, de ilusiones que se describe en la frasete confío encarecidamente mi cadáver, “Marlenys nunca se sueña en Caracas” un relato donde el sexo, la violencia y la decepción hacen aparición y finalmente cierra con un muy duro ejemplo de lo que ya a muchos no  sorprende en Venezuela, un cuento (o realidad) que puede suceder y ya pareciera que nos  hemos lamentablemente acostumbrado a esa “Melodía desencadenada”.

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Héctor Torres sabe escribir como los grandes, su pluma estoy totalmente seguro que le queda infinita tinta; el ha demostrado desde aquel sencillo y modesto “El Amor en Tres Platos”, superarse con “La Huella del Bisonte”, sus aportes a Prodavinci.com es imposible que pasen desapercibidos y ahora regresa con este “Regalo de Pandora”, solo demuestra que es solo el comienzo de un grande de la literatura venezolana.

Todo el éxito para este Sr. de la Narrativa venezolana; y que esa pluma no se seque jamás.

El regalo de Pandora (Cuentos)
Editado por FBLibros
Foto portada: Paz Capielo
Corrección: Rosa Linda Ortega

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