lunes, mayo 31, 2010

Dodecálogo de derechos del lector de libros digitales Javier Celaya - José Antonio Vázquez


  1. Las plataformas de acceso y venta de eBooks no deben comerciar con el historial de compra de los lectores sin su consentimiento previo.
  2. Aquellas plataformas que quieran reutilizar con fines comerciales el historial de compra de los lectores para mejorar sus sistemas de recomendación de libros o generar ingresos publicitarios relacionados con las compras realizadas deberán comunicar previamente a los lectores qué tipo de información guardan en sus plataformas, por cuánto tiempo y para qué fines comerciales.
  3. El lector de libros digitales podrá acceder a esta información personal en cualquier momento y borrar su historial en caso de considerarlo oportuno.
  4. Las plataformas de acceso y venta de eBooks deberán garantizar que los eBooks adquiridos son propiedad de aquellas personas que los han comprado. Tras la polémica decisión de Amazon de entrar en la cuenta de sus usuarios y eliminar los ejemplares digitales vendidos del libro de George Orwell 1984 por discrepancias con su proveedor, se justifica que exijamos que las plataformas de comercialización de eBooks se comprometan a respetar nuestros derechos como consumidores. Ninguna plataforma o librería virtual debería ser capaz de eliminar de mi cuenta un libro ya adquirido o limitar el acceso al mismo sin mi consentimiento expreso.
  5. En caso de alquiler, pago por lectura o subscripción de cualquier contenido digital, el usuario debería tener una opción a compra perpetua.
  6. Al igual que en el mundo analógico podemos prestar un libro comprado a un amigo, en el mundo digital deberíamos preservar el derecho a realizar préstamos de libros en cualquier formato y sin coste adicional.
  7. Se nos debe garantizar la posibilidad de leer cualquier libro de nuestra biblioteca en la nube o plataforma en cualquier dispositivo, sin restricciones ni limitaciones por sistemas, derechos, fronteras, etc., y siempre de una forma amable y legible.
  8. Las plataformas de acceso y venta de eBooks deberían permitir que las personas que deseen hacer sus compras en un entorno plenamente privado puedan hacerlo sin que sus datos de compra sean almacenados en ningún momento ni comercializados a terceros.
  9. Los compradores de libros digitales podrán eliminar su historial de compra o alquiler, así como destruir los propios libros adquiridos, en cualquier momento y de forma definitiva sin dejar rastro alguno de su previa existencia en ninguna memoria virtual.
  10. Los lectores podrán regalar o revender cualquier libro adquirido que ya no se quiera mantener en su biblioteca digital.
  11. Los lectores podrán subrayar, marcar y hacer anotaciones de forma anónima en sus libros adquiridos. Aquellos lectores que quieran compartir con otros lectores sus anotaciones personales deberán poder hacerlo, pero si en cualquier momento cambian de opinión también podrán retirar las aportaciones prestadas.
  12. Al igual que podemos mantener nuestro número de teléfono móvil si nos cambiamos de operador, las plataformas deberán garantizar la portabilidad de los datos de los usuarios. Si por cualquier motivo un lector abandona una plataforma deberá poder transportar los libros adquiridos, notas e historial de compra a la nueva plataforma de forma fácil y eficiente.
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Derechos de los lectores de libros digitales 

Greenpeace pide al sector editorial compromiso con los bosques

  
Greenpeace ha pedido al sector editorial un compromiso con los bosques. Asimismo, desde la organización ecologista han afirmado que el futuro del libro también depende de la cantidad, calidad y buena gestión que se haga de la superficie forestal del planeta.


Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), cada año desaparecen 16 millones de hectáreas de bosques naturales. Greenpeace ha añadido a estos datos que industria papelera “tiene una importante función en la conversión de bosques y otros ecosistemas naturales en plantaciones”.
En este sentido, el responsable de la campaña de bosques de la entidad ha señalado que “resulta contradictorio que nuestra cultura se construya con la degradación ambiental o la desaparición de culturas indígenas y de bosques ricos en biodiversidad”.


martes, mayo 25, 2010

¿El fin de las librerías? Hablan los libreros


Alberto Ojeda
El libro electrónico ha puesto patas arriba el modelo tradicional de comercialización de literatura en España. Su implantación progresiva en la comunidad lectora parece un fenómeno seguro (es más dudoso la velocidad a la que lo hará). Esta novedad, además, lleva aparejada un grave peligro para el negocio: la piratería. Las editoriales, aparentemente dormidas hasta ahora, van tomando conciencia de que les toca mover ficha. Y lo han hecho:Planeta, Santillana y Random House Mondadori acaban de fundar la plataforma Libranda, que agrupa a estos tres grandes sellos junto con otros más modestos (SM, Wolters Kluwer España, Grup 62 y Roca Editorial) y que se presetará oficialmente el próximo mes de junio. La alianza, sin precedentes en nuestro país, tiene como finalidad tomar las riendas de la situación e impedir que los cambios tecnológicos impliquen un descalabro económico, como ha ocurrido en la industria musical y cinematográfica. 

La iniciativa acarrea beneficios y perjuicios, según qué caso, en los tradicionales componentes de la cadena de venta de libros. El lector, a priori, será el más favorecido, ya que los títulos digitales pueden ser en torno a un 30% más baratos. Los autores probablemente también incrementen sus márgenes de ingresos: pueden pasar del 10 % actual a un 20% o un 25%. Aunque bien es cierto que ese porcentaje se aplicaría sobre una cantidad inferior. Así que su lucro dependerá de si el abaratamiento de los precios impulsa o no el consumo por parte de los lectores.

Los principales damnificados serán tanto impresores como distribuidores. La modalidad digital de lectura hace innecesaria su participación en el proceso. El papel de los libreros es quizá el que, de entrada, resulta más complicado vaticinar. Los responsables de las editoriales implicadas en Libranda ya han avanzado que ellos no venderán directamente al público, por lo que los libreros seguirían haciendo su labor de filtro y asesoramiento. Pero esas intenciones previas suscitan algunas dudas dentro del gremio. 

Chus Visor, el editor de Visor, y también librero, manifiesta un gran pesimismo: “Sí, hay que reconocer su buena voluntad, pero todos sabemos que esto es el principio del fin de las librerías”. En su opinión, la lógica mercantil acabará imponiéndose: “No tiene sentido que dejen a otros llevarse las comisiones que pueden llevarse ellos”. Como editor, afirma que no se plantea formar parte de esta plataforma: “Es que no creo que la gente quiera digitalizado un libro de Leopoldo María Panero que te cuesta sólo ocho euros”. 

Álex Portero, de la librería Fuentetaja, también se adscribe a la corriente pesimista. “Es muy complicado que la gente pise una librería cuando se implante el modelo de intercambio digital. Habría que confiar en la buena voluntad de los lectores en este nuevo formato para que sigan requiriendo el asesoramiento del librero. Sinceramente, me parece milagroso que sea así”. En el otro extremo, se sitúa Aldo García, director de la librería Antonio Machado: “Creo que el asunto se está planteando como una especie de Apocalipsis que no es cierta. En el mundo digital, en el que se van a editar muchas más novedades porque sale más barato, será más necesaria incluso la labor del librero como filtro. Lo único es que tendremos que mejorar en algunos aspectos. Por ejemplo, nuestras webs serán tan importantes casi como la librería física”. 

En mitad de estas dos posturas extremas, también caben otras intermedias. Están los libreros a la vieja usanza que no se alteran a estas alturas de la película por la nueva situación creada por internet. Jesús Munárriz, editor de Hiperión y como Visor también librero, confiesa haber visto la noticia en el periódico y haber "pasado la página sin leer más que el titular”. “Cada cual que haga lo que quiera. Yo hago mi trabajo como lo he hecho hasta ahora, y dentro de 100 años todos calvos”, remacha. 

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Los buenos lectores, una especie en vías de extinción



"Pero esto último me obliga inevitablemente a dedicar unas líneas a esos lectores poco exigentes. El mismo día cuando redactaba esta nota leí un artículo de Ignacio Echevarría, titulado "Lectores de poco fiar". En el mismo, el lúcido crítico español cita unas declaraciones de Kart Vonnegut: "No escasean los buenos escritores. Lo que nos falta es una masa de lectores fiables", para afirmar que los constantes lamentos por la situación actual de la literatura no residen tanto en los autores como en los lectores. Reproduce después las palabras de otro destacado narrador norteamericano, Philip Roth: "La literatura, digamos la ficción literaria, no tiene ninguna importancia, al menos en mi país, y cada vez son menos los que disfrutan de ella. Calculemos que cada año se mueren unos 72 buenos lectores y son reemplazados por dos, y no había más de 25 mil buenos lectores en total para empezar (…) En unos años, los buenos lectores van a ser tan pocos que van a ser como un culto, las 150 personas en los Estados Unidos que leen Ana Karenina".


Echevarría, sin embargo, no cree que el problema se deba a la muerte del lector, sino al carácter informe de la masa de lectores, a su segmentación y a su articulación cada vez más difusas, lo cual hace que sea más difícil prever sus gustos, sus comportamientos, sus conductas. Luego expresa: "Todos van dando palos de ciego, y entretanto las librerías se llenan de libros destinados -dicen- a la gente que no lee, cuando no, en el mejor de los casos, a la gente que, más que leer, le gusta que le guste leer". Todo eso lleva a Echevarría concluir: "¿Quién diferencia el grano de la paja? ¿Y en nombre de quién? ¿Cuántas veces no se oye aquello de que «el lector tiene la última palabra»? ¿La última? ¿Para decir qué? Y sobre todo, ¿quién va a creérselo?".

jueves, mayo 06, 2010

Gustavo Valle sobre la participación de Venezuela en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires..via Jason Maldonado

Tomado del Blog Palabras y Escombros de Jason Maldonado

Gustavo Valle sobre la participación de Venezuela en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (publicado inicialmente en www.prodavinci.com Autorizado por el autor a publicar en este medio). 
Ayer pasé por la 36° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y visité el stand No. 2017, perteneciente a la República Bolivariana de Venezuela. Acudí sin mayores expectativas, y a pesar de eso la experiencia fue decepcionante.
Intentaré explicar por qué.

1.- Vivo desde hace casi cinco años en Buenos Aires y conozco de primera mano el dramático proceso de involución que ha tenido la presencia de nuestro país en esta feria. Recuerdo que en el año 2006 celebré la aparición de un stand elaborado con un diseño bastante atractivo y muy bien situado en una esquina de mucho tránsito, aunque la oferta de libros dejaba, ya en aquel momento, mucho que desear. En los años sucesivos Venezuela no tendría un stand exclusivo sino compartido con Cuba. Y el año pasado no hubo participación y fue la editorial argentina Colihue (distribuidor en Argentina) quien se encargó de exhibir algunos títulos de las editoriales del estado. Ahora, en el 2010, observo con alarma la que sin duda es nuestra peor participación, con un stand de dimensiones estrechas, carente de diseño. Pero el stand y el diseño serían lo menos alarmante si acaso hubiese una buena oferta de libros.

2.- Las únicas editoriales que están presenten en el stand No. 2017 son El Perro y la Rana, Monte Ávila Editores y Biblioteca Ayacucho, todas del estado. No soy tan ingenuo como para esperar la presencia de algunas editoriales privadas o comerciales, como sí ocurría en otras épocas. Tomando en cuenta esto, yo no llamaría al stand “República Bolivariana de Venezuela”, que en teoría debería representar todo el universo editorial de la Nación, sino simple y llanamente “Ministerio del Poder Popular para la Cultura”, pues sólo los libros de las editoriales que están bajo su amparo, son los que se encuentran en exhibición.

3.- Del extenso y por momentos laberíntico catálogo de El Perro y la Rana es notoria la ausencia de libros y autores importantes. Sólo para atender a lo más contemporáneo, no están, por ejemplo, Diario de la Gentepájaro de Wilfredo Machado o La tarea del testigo de Rubi Guerra, sin duda dos de nuestros mejores narradores. Tampoco está la premiada Set de Luis Laya. Hay, eso sí, una estupenda Antología de poesía norteamericana compilada por Ernesto Cardenal.

4.- Los libros de Monte Ávila editores son escasos y prevalecen los de la colección Milenio Libre, que “ofrece al lector el pensamiento más actual acerca de la integración subcontinental y del desarrollo latinoamericano”. Por suerte están algunos libros de Renato Rodríguez, Laura Antillano, Humberto Mata, José Balza y Eleazar León, Piedra de mar, de Francisco Massiani o Pasadizo de Luis Enrique Belmonte, uno de nuestros mejores poetas, junto con un puñado de libros de la colección del premio Monte Ávila para autores inéditos. Lamentablemente eso es casi todo lo que se exhibe de uno de los catálogos más importantes del continente. Como ya es costumbre, lo más interesante siguen siendo los volúmenes de la Biblioteca Ayacucho, pero incluso en este caso, de sus casi 250 títulos apenas están en exhibición unos 25, donde destacan Doctrina del libertador, y Vuelta a casa de Ramón Palomares. Brilla por su ausencia el valiosísimo DELAL, Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina. Y para colmo, no hay catálogos disponibles de ninguna de estas tres editoriales.



5.- Con sorpresa pude observar que tampoco había poemarios de William Osuna o Juan Calzadilla.

6.- Se podría argumentar que la estrechez del stand (uno de los más chiquitos de la feria), impide la exhibición de todos los libros. Esta es una verdad inocultable. Pero estamos hablando de una de las ferias de libros más importante del idioma (junto a la de Guadalajara), y no hay excusa para que nuestro país, que exporta petróleo y discursos, que importa autos, armas y pollos, y subsidia onerosas comitivas internacionales, no invierta un poco más, sólo un poco más en el alquiler de un stand y por lo tanto en la difusión internacional de nuestros libros y de nuestra literatura.

7.- Por supuesto esto no es nada nuevo. La participación de Venezuela en las ferias internacionales de libros siempre ha sido menor, por no decir lamentable. No estoy, pues, hablando de una situación reciente, pero esto de ninguna manera exime responsabilidades. ¿Cuándo será que nuestro país pueda exhibir al mundo, sin complejos y con orgullo, sus libros y sus autores?

8.- A todo esto habría que añadir un dato que pertenece al terreno de las paradojas: si Argentina y Venezuela son, hoy por hoy naciones amigas, socios de cuantiosos negocios trasnacionales tanto en el área financiera, energética y comercial, y adalides de la integración latinoamericana (que quiero creer que incluye la integración cultural) entonces me pregunto ¿cómo es posible que Venezuela ocupe un lugar tan tímido, tan casi imperceptible, tan excesivamente modesto, en un espacio de enorme simbolismo cultural como es esta Feria?

9.- La escasa presencia de nuestro mundo editorial y de nuestra literatura es inversamente proporcional a la monstruosa presencia de las noticias políticas de Venezuela en los medios de comunicación argentinos.

10.- ¿No existe alguien que pueda convencer al Presidente, o a su doble, o a su prestamista, o a su secretario, o a su edecán o a no sé quién diablos en las alturas del poder acerca de la importancia de una feria internacional de libros?

11.- Los jóvenes que integran el “Colectivo Nuestro-Americano Alí Primera”, encargados de atender el stand No. 2017, están haciendo un buen trabajo y saben orientar al público que acude en busca de información. De modo que no son ellos los responsables de que esta “embajada” en materia editorial y literaria luzca tan depauperada.

12.- Todo aquel que alguna vez en su vida se haya vinculado con los libros o con las ferias de libros sabe bien que estos eventos son una ventana de divulgación internacional, un lugar de intercambios culturales, una oportunidad para establecer asociaciones y vínculos, para dar a conocer un fondo editorial, para promover coediciones y traducciones, para emprender nuevos proyectos, para acceder a otros circuitos de distribución y, en definitiva, para ganar nuevos lectores. Por lo tanto es una actividad que apuesta al Futuro del Libro ¿Es tan difícil entender esto?

13.- Por supuesto ninguno de los autores que critican o acaso se muestran indiferentes con la política actual del gobierno, y cuyos libros han sido publicados por editoriales fuera de su amparo, están presentes. Lo que también coloca a las editoriales privadas y comerciales en la interrogante acerca de qué mecanismos o estrategias están llevando a cabo para impulsar a los autores de sus sellos fuera del país. ¿Qué han pensado las editoriales comerciales agrupadas en la Cámara Venezolana del Libro, o las diferentes instituciones privadas que auspician la cultura fuera de la órbita del gobierno? Sé que para la feria de Guadalajara Cavelibro ha emprendido algunos esfuerzos, pero la pregunta sigue siendo completamente válida, como también esta respuesta: para ello haría falta que el gobierno destine un tipo de cambio preferencial que permita a estas instituciones participar en estos eventos en igualdad de condiciones, dentro del marco de nuestro ya vitalicio control cambiario.


14.- En definitiva, casi toda la narrativa venezolana, incluyendo buena parte de la llamada nueva narrativa, brilla por su ausencia. Lo mismo ocurre con la poesía y también con otros géneros. De modo que hoy por hoy en Buenos Aires no existen Salvador Garmendia, José Ignacio Cabrujas, Isaac Chocrón, Eugenio Montejo, Rafael Cadenas, Alfredo Silva Estrada, Ida Gramcko, Hanni Ossott, Eduardo Liendo, Ibsen Martínez, Federico Vegas, Ana Teresa Torres, Antonio López Ortega, Oscar Marcano, Rafael Castillo Zapata, Martha Kornblith, Alejandro Oliveros, Edda Armas, José Pulido, Rafael Arráiz Lucca, Alexis Romero, María Auxiliadora Álvarez, Francisco Suniaga, Michaelle Ascensio, Ednodio Quintero, Victoria de Stefano, Igor Barreto, Patricia Guzmán, Juan Carlos Chirinos, Juan Carlos Méndez Guédez, Jacqueline Goldberg, María Antonieta Flores, Gisela Kozak, Miguel Gomes, Arturo Gutiérrez Plaza, Israel Centeno, Slavko Zupcik, Norberto José Olivar, Krina Ber, Alberto Barrera Tyszka, Yolanda Pantin, por sólo por mencionar, en desorden, los que se me vienen a la memoria. Tampoco están nuestros críticos Carlos Pacheco, Gustavo Guerrero, Oscar Rodríguez Ortiz, Jorge Romero, Guillermo Sucre, María Fernanda Palacios, Luis Barrera Linares, Miguel Ángel Campos, Violeta Rojo, Javier Lasarte o Paulette Silva. Y muchísimo menos autores más jóvenes como Héctor Torres, Salvador Fleján, Eleonora Requena, Luis Moreno Villamediana, Rodrigo Blanco, Carolina Lozada, Liliana Lara, Jesús Nieves Montero, Fedosy Santaella, Roberto Echeto, Leo Campos, Lucas García, Natasha Tiniacos, Pedro Enrique Rodríguez, Carlos Ávila, y paro de contar. Por supuesto, escritores de no ficción como Boris Muñoz, Rafael Osío Cabrices o Sinar Alvarado, tampoco aparecen. Si desde hace algunos años nuestro país vive una auténtica efervescencia editorial, si estamos en medio de un fenómeno casi volcánico de editoriales y autores nacionales tanto de parte de las editoriales privadas, como las del estado, pues esta situación excepcional no se ve reflejada hoy en Buenos Aires. Editoriales como Bid & Co, Ekaré, Fundación Bigott y Fundación para la Cultura Urbana, sin cuya participación no se puede entender el mundo editorial de la Venezuela de hoy, son inexistentes. O estupendas editoriales universitarias como Equinoccio, o las pertenecientes a otros estados del país como El otro, El mismo y Mucuglifo, o revistas de altísima calidad como El Salmón tampoco están en estos anaqueles. Incluso las recientes antologías de cuento y poesía, compiladas por Rubi Guerra, Antonio López Ortega, Ana Teresa Torres, Héctor Torres, Rowena Hill y Gina Saraceni, que ofrecen panoramas del quehacer literario más contemporáneo, y que son herramientas utilísimas para cualquier lector extranjero, tampoco están. Todos se esfumaron, prescribieron, no existen. Y esto lamentablemente no es una novedad. Lo peor es que nos estamos acostumbrando a estas ausencias.

Conclusión: el stand No. 2017 de la 36 ° Feria del Libro de Buenos Aires es el de una Venezuela escamoteada, dramáticamente incompleta.





Mis comentarios

Estimado Gustavo, primero que nada te felicito por tu buen artículo. Ver cómo estuvo representada literariamente Venezuela a través de tus palabras en tan importante feria, fue duro, pero sin duda necesario en calidad de denuncia, en calidad del lector que eres y que tuvo la dicha de pasearse por los stands de las mejores editoriales del continente, seguramente con una terrible desilusión al ver en nuestro pequeño puesto, la ausencia de todas esas voces que mencionaste, pero sin restarle valor a los autores-libros presentes.
Así como leí por entero tu texto, también lo hice con los comentarios publicados. Todos muy buenos desde diversos puntos de vista. De los mismos se siente cuán polarizadas pueden ser las opiniones y aunque sé que es arbitrario, de allí pudiera extrapolarse e intuir uno de los tantos “por qué” Venezuela atraviesa una de sus mayores crisis socio-políticas, pasando por lo económico y demás. Insisto: una arbitraria reducción que va directo al “ego”, tanto del Estado venezolano quien se defiende a capa y espada, y por tanto no le da espacio a escritores contrarios a su proceso, como al ego de las editoriales –no todas– que siempre apuestan a lo seguro (y no hablo del ego de los escritores puesto que no alcanzo llegar a la estratosfera).
Debemos seguir apostando a los espacios que aún tenemos para promover e incentivar la lectura. Aprovecharlos al máximo para dar a conocer nuestras nuevas voces y apoyar a los autores consagrados, idea que hemos estado desarrollando insistentemente en Librería Sónica desde hace casi tres años, sin mezquindad alguna, invitándolos a todos, a los inéditos y a los que ya son una institución; haciendo llamadas telefónicas a escritores que están fuera de Venezuela, como utilizando la herramienta digital para conversar: tú fuiste uno de los primeros que grabamos vía Skype; obsequiando libros e invitando a los oyentes…
En fin, el stand No. 2017 de la 36 ° Feria del Libro de Buenos Aires, se perdió de mucho, de buenos libros y buenos escritores. Quién lo diría, los Kirchner de romance con CH y lo que más trasciende es el maletín de Antonini Wilson. Con una cuarta parte de lo que éste llevaba, se hubiera hecho fantasías en el stand venezolano y no te cuento en la feria de Altamira, que sin duda debe mantenerse pero mejorarse para el año entrante. Muchos nos estamos comiendo las verdes, ya vendrán los tiempos de las frutas maduras. ¿Quién se come a quién?
JASON MALDONADO

domingo, mayo 02, 2010

"El mundo digital no se opone necesariamente al mundo del papel"

 Santillana es uno de los grupos editoriales más relevantes de habla hispana (abarca sellos como Aguilar, Taurus y Alfaguara). En la Feria del Libro, LA GACETA Literaria entrevistó a Augusto Di Marco (foto), gerente general en la Argentina y el Area Sur de ese grupo editorial.
- Una de las primeras actividades de la Feria del Libro fue un seminario para editores al que se invitó a los representantes de las empresas de hardware e Internet. ¿Les genera temor enfrentarse con las cifras y los avances del mundo tecnológico?
- Siempre lo novedoso genera miedo, resistencias. La editorial es una industria que, sin grandes cambios, tiene cinco siglos: un libro, desde Gutenberg y hasta hoy, es esencialmente lo mismo. Esa continuidad hizo que nuestra industria se aferrara a sus usos y costumbres. No obstante, hoy tenemos presente lo que pasó con otras industrias -el ejemplo de las discográficas está muy fresco- y eso nos obliga a estar en alerta y predispuestos a aprender. 
- Algunos analistas opinan que la irrupción de la iPad puede constituir un punto de inflexión en la forma de leer. ¿Cree que es así? 
- No creo que la iPad, en forma aislada, pueda generar una transformación radical. Pero sí es posible que lo logren todos los nuevos soportes juntos. Pienso que el celular, por ejemplo, puede provocar más cambios que la iPad. Los adultos usamos reloj y cámaras de fotos; los chicos no porque tienen su celular para llenar esas funciones. Cuando el celular llegue a un punto de convergencia puede provocar un profundo y generalizado cambio de hábitos. Pienso que un dispositivo más grande que el celular convencional pero más chico que la iPad, uno que se pueda llevar a todos lados y que sea práctico para comunicarse y leer, puede ser revolucionario. 

  
- ¿Cómo se prepara Santillana?
- Tenemos presencia global: estamos en todos los países que hablan español. España está liderando la creación de nuevas plataformas para vender libros en soporte digital. Pero lo hace a través de los libreros, sin cambiar la cadena de comercialización. Si eso funciona bien, seguramente en toda América vamos a reproducir ese sistema. Lo que ya estamos haciendo aquí es poniendo los contenidos y los contratos en condiciones. 

 
- Las estadísticas de la Cámara Argentina del Libro marcan que la cantidad de libros impresos en nuestro país cayó en 2009 casi un 10% (de 82 millones a 75 millones). ¿Cómo les fue a ustedes? 

- Editorial Santillana tuvo su mejor año histórico a nivel global. En la Argentina nos fue muy bien, a pesar de que fue un año que empezó con los coletazos de la crisis global. Los que vienen son muchos años de transición. Hace mucho que estoy en esto y que escucho hablar de la muerte del libro. Y cada vez estoy más seguro de que eso no va a suceder. Lo que sí habrá es una coexistencia de libros digitales y libros impresos. Pero el mundo digital no se opone necesariamente al mundo del papel. Desde Internet, a través de medios digitales, de redes sociales por ejemplo, se promueven con notable efectividad las ofertas editoriales tradicionales y las ventas de libros papel. 

  
- ¿Piensa que la digitalización impactará fundamentalmente en los libros escolares? 
- En los libros de texto, a la agenda la están marcando, en buena medida, las decisiones de los gobiernos, tanto nacionales como provinciales, mediante programas como los de distribución de computadoras portátiles. Muchas veces son decisiones apresuradas que buscan el impacto político y que descuidan los contenidos que deben acompañar este tipo de innovaciones.  

© LA GACETA

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sábado, mayo 01, 2010

Relato de Gabriel Sofer de un librero


Al final del mar (El olivo azul) de Gabriel Sofer es un libro recomendado por el Pepe Guerrero, librero de Proteo en Málaga. También gano el Premio al mejor libro novel por parte de librería Sintagma de El Ejido (Almería); y la manera que tiene de agradecérnoslo es dedicándonos este maravilloso texto:
"Cuando era pequeño, la librería más cercana a mi casa era la librería Weissman que regentaba el señor Ari Weissman, en la calle Hooper, en Williamburg, Brooklyn. Era una librería pequeña pero de techos muy altos y estanterías que llegaban, abarrotadas de libros, hasta arriba. El señor Weissman era un hombre religioso, pero no especialmente ortodoxo, pues además de libros judíos vendía libros de literatura e historia en varios idiomas. Estos libros ocupaban las estanterías más altas, a las que sólo se podía llegar trepando por una escalera móvil de madera.
El señor Weissman se pasaba todo el día leyendo y le molestaba que lo interrumpieran. Así, cuando alguien entraba en su librería, chasqueaba la lengua con fastidio, sobre todo si los que entrábamos éramos niños. Lo peor era tener que pedirle un libro que estuviese en una estantería alta, que era donde almacenaba “las literaturas del mundo”. Y en la lista que me entregaba mi madre cada quince días casi sólo había de esos libros. El señor Weissman suspiraba, posaba sus enormes gafas de pasta marrón sobre el volumen que leía, frotaba sus ojos y con cansancio y torpeza se acercaba andando a la escalera.
Después de pagarle los libros que envolvía muy despacio en papel acolchado, te acompañaba a la puerta, te despedía con un gruñido, cerraba con llave y colgaba un letrero en la puerta en el que se pedía a los posibles clientes que regresaran “en media hora o más”.
Era toda una aventura llena de misterio ir a la librería del señor Weissman. Por eso para mí los libros de Kafka, de Enid Blyton, de Stevenson o de Cervantes no son meros libros, son tesoros que fui encontrando durante varios años de aventuras quincenales.
Hace ya mucho tiempo que desapareció la librería y con ella el señor Weissman. Desde entonces espero, sin mucha esperanza, entrar en una buena librería de cualquier lugar del mundo y que el librero no me sonría ni me atienda sino que chasquee la lengua porque esté leyendo el Talmud o un ensayo de Sánchez Ferlosio y no se le pueda molestar. Sabré entonces que he entrado en un lugar donde muy bien podría estar enterrado, por ejemplo, el tesoro de Barbarroja."
Texto de Gabriel Sofer

http://loslibrerosrecomiendan.blogspot.com/2010/05/relato-de-gabriel-sofer-de-un-librero.html
Roger Michelena
0424 1192089
michelenaroger@gmail.com
http://twitter.com/libreros


Se lanza la primera escuela de libreros en Argentina

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Es una propuesta de capacitación laboral, organizada por la Cámara Argentina de Papelerías, Librerías y Afines (CAOLA) y por la Universidad Nacional Tres de Febrero (UNITREF), cuenta con el apoyo de laSecretaría de Cultura de la Nación, y el Ministro de Trabajo y Seguridad Social de la Nación, en el marco del Plan Más y Mejor Trabajo.

En esta videoentrevista con Rodolfo Hamawi pueden ver los pormenores de este interesantísimo proyecto.

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La Industria de Libros de Autoayuda


La autoayuda, que se mezcla con el de superación personal, se han incorporado las materias más dispares, desde yoga hasta neurología, ciencia, filosofía y espiritualidad, algunas de las cualesmueven cifras de negocio mareantes. John Philip, director del documental Yoga inc, afirma que sólo en EstadosUnidos la industria derivada del yogamueve alrededor de 11.500 millones de euros.Yla Federación Internacional de Yoga asegura que hay unos 400 millones de practicantes reconocidos en todo el mundo. También hay best sellers en el mundo editorial. ¿O les parecen poco los tres millones de ejemplares que vendió la Ediciones Obelisco del libro El caballero de la armadura oxidada, de Robert Fisher, tal como afirma Juli Peradejordi? ¿Y no les suenan los nombres Paulo Coelho (ha vendido más de cien millones de libros) o Alejandro Jodorowsky? También son autores de éxito. "De los 1.400 títulos que ha publicado Ediciones Obelisco, podríamos decir que un30%de nuestros libros puede considerarse de autoayuda. El público nos los pide y tienen un gran potencial comercial", explica Juli Peradejordi.
Y las grandes editoriales también cuentan con este tipo de libros. David Figueras, editor jefe de no ficción de Editorial Planeta, explica que los libros de autoayuda "representan entre un 10% y un20% de los títulos no ficción. Uno de los últimos libros publicados es Héroes cotidianos,de Pilar Jericó, y está funcionando muy bien". 

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