viernes, septiembre 03, 2010

Las máquinas de leer


 Cada día atiendo a un converso al libro electrónico, acabaré abriendo un consultorio. Ninguno de los entusiastas de esa técnica de reproducción leía libros antes de comprarse los artefactos pertinentes. Tampoco piensan cambiar de hábitos. De hecho, ni siquiera les interesan los cientos de títulos que puede almacenar su biblioteca portátil, sino los trucos que permiten marcar el punto, cambiar el color del fondo de lectura, ampliar el tamaño de letra o aplicar el diccionario a cada palabra. Su exhibicionismo es más testicular que texticular, sin vinculaciones enojosas con la cultura.
Pertrechados con sus máquinas de leer, los tecnoanalfabetos han concluido con buen tino que la inversión les dispensa del esfuerzo lector, porque han comprobado que la asimilación de las páginas es tan ardua en electrón como en papel.


 El problema no radicaba en los libros, sino en la lectura. Para ahorrarse la farragosa tarea de deglución, me preguntan qué sensaciones suscita el descifrado de un texto. Intento describirlas en sus múltiples variantes –hastío, angustia, adormilamiento, un repunte de excitación–. Su atención se dispersa en el primer párrafo de mi disertación, para concentrarse en los infinitos accesorios que brindan sus armas de lectura masiva.



El formato es secundario. No hay un desinterés por los libros, sino por la lectura. Gracias al libro electrónico se pasará de no leer nada a leer nada, a espigar accidentalmente una máquina cuya única función terapéutica afectará a los egos desmedidos de los escritores. Los charlatanes de la literatura se han distinguido por su defensa de las descargas gratuitas de música y películas, con encendidos cantos a los derechos del internauta. Actuaban en la convicción de que nadie iba a molestarse en violar sus productos. Ahora descubren que sus obras maestras pueden ser difundidas electrónicamente a millones de máquinas de leer, sin generar un euro. Lo aceptarán democráticamente, para facilitar el acceso a la lectura sin necesidad de abonar los precios desorbitados de los volúmenes. Seguro.


Posted via email from libreros's posterous

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