martes, abril 06, 2010

El Estado editor ( Venezuela) Por: Carmen Victoria Méndez



Hacer de la lectura un fenómeno de masas y una experiencia colectiva ha sido la meta del ministerio de la Cultura en los últimos cinco años, desde que se creó la Plataforma del Libro y la Lectura. El conglomerado editorial estatal produce entre 10 y 15 millones de libros al año. Aunque el número no es nada despreciable, se desconoce cuántas de estas publicaciones cumplen su verdadero cometido: ser leídos de principio a fin por al menos una persona.

Para el ministro de Cultura, Francisco Sesto, en el país no se lee más por cuestión de matemáticas: la cifra actual de ejemplares producidos no llega a un libro por habitante. "Estamos produciendo entre 10 y 15 millones de libros anualmente, pero la meta en dos o tres años son 60 millones, lo que significaría dos libros por habitante al año, o un libro cada dos meses por familia. Nuestro pueblo está ávido de lectura", dijo recientemente en el programa Con el pie izquierdo, que se transmite por Alba Ciudad 96.3 FM.

El despacho de Sesto ha asumido muy en serio su rol editorial a través de un tinglado de nueve instituciones encabezadas por la Imprenta de la Cultura, instalada en Guarenas en 2007 con una inversión inicial de 30 millardos de bolívares de los viejos. A este mismo conglomerado pertenecen los sellos Monte Ávila Editores, El Perro y La Rana y la Fundación Biblioteca Ayacucho, así como la red de Librerías del Sur, la Distribuidora Venezolana del Libro y entes rectores como el Instituto Nacional del Libro y las fundaciones Casa Nacional de las Letras Andrés Bello y Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos.




Los nueve entes cubren todas las áreas del negocio editorial, desde la producción e impresión hasta distribución y venta de libros.

La meta del ministerio es plantarle la cara a un negocio que tradicionalmente ha estado manejado por la empresa privada. Entre sus estrategias está la ampliación de los catálogos de autores, hasta ahora dominados por el sesgo ideológico. "Tenemos que producir muchos libros, debe haber una temática amplia que abarque la literatura infantil, la poesía, y otros géneros para poder llegar a un pueblo que alcanza los 30 millones de habitantes", comentó Sesto.

El próximo paso del ministerio es convertirse en importador de libros a través de alianzas con los países del Alba y Unasur. "No podemos confiarle esa tarea a los importadores cuando se dedican a traer bestsellers o determinados libros técnicos", señaló Sesto.

M ERCADO PARA TODOS
Desde que comenzó a hablarse de ediciones masivas, surgió la interrogante de si los libros del Estado producidos con dólar preferencial podrían sacar del negocio a las editoriales privadas. Según el escritor y académico Luis Barrera Linares, quien publicó con El Perro y La Rana, los sellos del ministerio buscan competir en el mercado y son muy baratos, pero no representan una amenaza para las editoriales. "Los índices de ventas de los sellos comerciales no han bajado, por el contrario, han subido en los últimos cuatro años, en especial las obras de autores venezolanos".



Barrera Linares añade que no hay forma de medir el impacto que tienen las publicaciones estatales en los índices de lectoría.

"Es un hecho que la gente acepta los libros que le regalan. Ese fue el caso de la edición de los 500 mil ejemplares que se hizo de Los miserables y el millón que se imprimió de El Quijote (repartidos en ferias, plazas y parques).

Sin embargo, no es fácil precisar si esos libros de verdad llegaron a ser leídos", comenta.

Lo mismo opina el escritor Eduardo Liendo. "Hay una intención evidente de poner el libro en la calle, pero el acto es más demagógico que eficaz". Para Alberto Barrera Tyszka, "uno puede poner los libros enfrente de la gente pero no puedes obligar a nadie a leer. Hay que contagiar".


Carmen Victoria Méndez Tal Cual
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