“En Venezuela hay limitada libertad artística y de pensamiento” Eduardo Liendo


-Farruco Sesto ha vuelto al Ministerio de la Cultura. Lleva consigo con una hoja de realizaciones como la creación de la Villa del Cine y el tiraje millonario de libros pero también una historia de roces y confrontaciones con su propio sector.

-Empiezas con una recta.

-¿Qué expectativa guarda usted con dicha vuelta?
-No tengo ninguna expectativa positiva, que es una de las cosas más estimulantes de cualquier actividad humana. No espero innovaciones, proyectos o modificaciones en la política cultural. Siendo generosos, uno termina pensando que es más de lo mismo. Es decir, más sectarismo, más ideologización de la cultura, más prepotencia.

-Su respuesta, paradójicamente, parecería indicar más de lo mismo de lo que opina la oposición venezolana respecto a los cambios culturales que ha tenido el país. Fíjese: a pesar de los logros de Farruco Sesto, como la Villa del Cine o las ediciones millonarias de libros, usted responde que él significa más sectarismo, ideologización y prepotencia. ¿El prepotente no sería usted?
-No lo creo. Yo lo que puedo detectar es, por ejemplo, la desaparición de la red de librerías Kuai-Mare para ser sustituidas por librerías con un propósito político-ideológico determinado. La editorial Monte Avila, de la cual siempre he sido un autor agradecido, ha terminado siendo un sello bastante secundario, sin la proyección que tuvo, incluso, internacionalmente por varias décadas. Las ediciones millonarias de libros no garantizan el éxito de una política editorial ni su pluralidad, aunque regalen un millón de ejemplares de El Quijote. Lo considero, modestamente, como una política no muy acertada en la promoción de la lectura, por las exigencias que implica un texto como el gran clásico de la literatura castellana.

-Examinemos lo que acaba de decir. Hoy es posible comprar bajo el sello de Monte Avila por 5 bolívares -menos de lo que cuesta una bebida- una novela reconocida con el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos. Y si las ediciones millonarias de libros no garantizan la promoción de la lectura ¿Qué la garantiza? ¿Ampliar la lectoría no es el sueño de todo escritor?
-Sí, pero una lectoría dentro de un amplio criterio pluralista y democrático. En la Unión Soviética también se hicieron ediciones millonarias de libros, pero eso no produjo libertad artística y de pensamiento.

-¿Y aquí cualquiera no puede escribir lo que quiera? Uno va a las librerías y el mar de ediciones de autores opositores al gobierno de Chávez es abrumador. ¿Donde está esa falta de libertad?
-Espérate. Esta no es una entrevista, es una polémica. Todo lo que yo digo, tú lo objetas...

(Comenzó aquí un paréntesis de más de media hora en la que la entrevista se detuvo abruptamente, amenazando con sumergirse en un impensado remolino de alarmas. El escritor parecía haber previsto una navegación sin tormentas por el océano de la actualidad -tal vez meramente literaria. El periodista arguyó su fidelidad al principio de Rafael Poleo: ninguna pregunta es indiscreta, sólo las respuestas pueden serlo. El periodista, prosiguió, está en la libertad de preguntar y el entrevistado debe contar con la seguridad de que su respuesta será recogida fielmente. No es ni el relacionista público del entrevistado ni su verdugo. Solamente pregunta con las dudas que enriquecen la confrontación de ideas. Liendo se rebelaba contra un presunto ventajismo del periodista a la hora de escribir. El remolino se había convertido en agujero negro por donde todo se subsumía sin esperanzas. Poco a poco, las prevenciones de Liendo fueron adelgazándose hasta la inmaterialidad).

-Prosigamos. ¿Hay o no libertad artística y de pensamiento en la Venezuela de hoy?
-Limitada.

-¿Por qué lo afirma?
-Porque bastaría con decir que la ambigüedad en torno a la ideología política del gobierno ha quedado relativamente esclarecida con el pronunciamiento del Presidente declarándose marxista, mandando a la gente a leer “¿Qué hacer?” y “El Estado y la Revolución” de Lenin, no desde una posición académica sino autoritaria, y por supuesto refrendada por aquellas personas que deben ejecutar sus políticas. No he visto que surja en el medio cultural oficial ni un solo pronunciamniento en contra de esa declaración de principios.

-El Presidente se ha declarado marxista, pero no ha ordenado que sus partidarios lo sean.
-Claro, sino que lean “¿Qué hacer?” y “El Estado y la Revolución”, y que lean a Marx y a Engels.

-¿Leer a Marx y a Engels es...?
-¿Un pecado? No, pero ¿es pecado leer a Hitler? No, tampoco. ¿Es pecado tener simpatías por la Alemania nazi? Quizás. No estamos hablando de posiciones pecaminosas sino de concepciones político-ideológicas que tienen una influencia determinante en la dirección de un país. Por lo demás, el presidente también se ha declarado guevarista, maoísta, cristiano, evangélico, fidelista y, por supuesto, bolivariano.
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IGOR MOLINA

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