viernes, enero 15, 2010

El problema editorial no ser resuelve con el dólar Ana María Hernández G


Días aciagos ha vivido en los últimos años la industria editorial. Al desinterés general por la lectura generado por un mundo dominado por la Internet y los videojuegos se han ido sumando los precios cada vez más elevados, los innumerables problemas de importación y distribución, pero, sobre todo, la falta de divisas preferenciales. Pero Dalila Da Silva, directora ejecutiva de la Cámara Venezolana del Libro (Cavelibro) respira desde ayer un poco más tranquila. ¿La razón? Asegura que es un hecho que la importación de libros se hará al cambio de 2,60 dólares, y no al cambio "especulativo" de 4,30, como lo llama el Presidente Chávez.

"Hemos dado un paso adelante con el otorgamiento de la divisa a 2,60, aunque nos sigan solicitando el certificado del Milco", dice Da Silva refiriéndose al documento requisito que exige la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) para el otorgamiento de dólares preferenciales a los libros. "La junta directiva de Cavelibro se reunió con una serie de asesores legales porque sentíamos que era necesaria una normativa. Aunque inicialmente la resolución cambiaria del 8 de enero habla de rubros destinados a la ciencia, tecnología, cultura y deportes, no se había indicado exactamente cómo entraba el libro allí, hasta ahora", agrega Dalila Da Silva, quien explica además que fueron publicados dos listados en la Gaceta oficial: en el primero se indican los bienes que no requieren el certificado del Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio. Y en segundo están los bienes que sí lo requieren. En este ´´ultimo rubro están precisamente los libros. Y en ambos listados, ella hace la salvedad, hay bienes con divisa asignada tanto a 2,60 como a 4,30. Claro que no todos los problemas que ha atravesado la industria se resuelven con el tipo de cambio y la publicación de una gaceta oficial. No. Se siguen quejando los vendedores de libros, por ejemplo, de lo difícil que se ha tornado el negocio en los últimos doce meses. Incluso hasta llegar al desánimo. Walter Rodríguez, de librería Lectura, es de los que piensa que la industria se ha resentido muchísimo en los últimos años. "Ya no es como antes, que la gente venía a comprar tres o cuatro libros. Ahora la gente sólo se llevan uno. Pero hay que traer libros al precio que sea, dice". El poeta Alexis Romero, de la librería Templo Interno acepta que en el segundo semestre de este año comenzaron a llegar los libros, pero de inmediato agrega una nueva arista en el asunto: en las estanterías ya no sólo escasean los clásicos -imposible encontrar alguna obra específica de Oscar Wilde, un ensayo de Primo Levy e incluso una pieza teatral de Shakespere -, tampoco hay novedades literarias. "Llegaron los libros, pero eso no significa que se solucionó el problema de la importación", advierte Romero. "Significa que llegaron los pedidos del año 2008 y ya no eran considerados novedades", agrega. Nada de novedades, entonces. Apenas una de las razones que, dice, han contribuido a que las ventas hayan bajado considerablemente. Incluso en un 25 y 30%. La otra razón: el precio elevadísimo. Libros, novelas, textos de ensayos, cuentos y obras literarias para niños, entre otros rubros, han experimentado un aumento de precio similar al del dólar paralelo. Andrés Boersner, de librería Noctua, califica entonces el 2009 como un año sumamente complejo para la industria editorial. Y sobre todo para los libreros. "Sí, fue un año particularmente complejo, porque fue cuando menos libros trajeron las distribuidoras. Aparte de que no había un dólar preferencial, los libros se han encarecido mucho y las pocas novedades son de venta rápida". Conclusión, dice Boersner, "estamos cada vez más aislados. Y de eso uno se da cuenta enseguida si sales del país y visitas librerías en Colombia, México o España. No tienes que viajar para notarlo. Sólo hay que meterse en Internet, informarse de las novedades, y darse cuenta del estado en que estamos".

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