lunes, julio 13, 2009

Chávez limita compras de “libros de derecha”


Así escribe O Estado de Sao Paulo, en traducción de ND:

Chávez limita compras de “libros de derecha”

Existen al menos tres librerías en el aeropuerto de Caracas, pero si estás en busca de un escritor consagrado de la literatura latinoamericana para pasar el tiempo antes del embarque, el visitante saldrá frustrado por no conseguir ninguno de ellos. ¿El colombiano Gabriel García Márquez? “No.” ¿El mexicano Carlos Fuentes o el argentino Julio Cortázar? “No”. ¿El peruano Mario Vargas Llosa? “De ninguna manera, sólo tengo éstos aquí”, dice la vendedora, desconcertada, apuntando a un estante casi vacío que comienza con “Cocina para Niños” y termina en una serie de análisis sobre el socialismo del Presidente Hugo Chávez.

En el corazón de la capital venezolana o en las urbanizaciones de clase media la situación es la misma. “Las autoridades no están liberando los dólares para la importación de libros, papel o tinta. Y ahora adelantan a decir que el problema es la crisis, porque sabemos que hay una cuestión ideológica detrás de eso: para el gobierno, la literatura ‘no comprometida’ no es una prioridad “, dice Andrés Boersner, propietario de la librería tradicional Noctua.

También faltan muchos libros clásicos, técnicos y universitarios. “Hoy en día, de 50 títulos que me preguntan, no tengo 45,” dice Boersner. “Me deprimí al entrar en una librería en Barcelona y ver que las últimas obras literarias no vienen más a Venezuela”.

Lo curioso es que la situación llegó a este punto sólo tres meses después de que Chávez anunció su “Plan de Lectura Revolucionaria”, cuyo objetivo es “animar a la lectura para ampliar el conocimiento”. Pero los que está claro es que no cualquier lectura. Sólo la lectura para “desarrollar una ética socialista” y “desmantelar el imaginario capitalista para darle un nuevo contexto a la historia.”

Las bibliotecas públicas recibieron cajas y cajas de libros “revolucionarios”: colecciones de discursos de Chávez, los libros escritos por los ministros, las cartas de Marx a Engels, el diario del Che Guevara en Bolivia y biografías de Simón Bolívar. Se están organizando en los barrios pobres de la “Escuadrones Revolucionarios de Lectura”, cuyo objetivo es “reflexionar y contribuir a la construcción del socialismo del siglo 21.”

Y aunque los editores privados no están en condiciones de importar papel, tinta y repuestos para su maquinaria, el gobierno las editoriales vinculadas al gobierno distribuyen miles de libros a precios que no pasan de los US$2. Una vez más, no son cualquier libro. Algunos sí, algunos clásicos como Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, pero la mayoría es lo que las autoridades definen como “los libros de la izquierda.”

Ideales socialistas

“Hemos recuperado obras que fueron olvidados, porque antes sólo había espacio para la literatura de derecha”, dijo a O Estado Miguel Márquez, presidente de la editora Los Perros y las Ranas, relacionada con el gobierno. Fue creada en 2006 para recibir una donación de Cuba, y ha distribuido 50 millones de libros. “Estos son libros que ayudan a humanizar nuestra sociedad, es decir, a poner fin a la valorización del dinero, típico del capitalismo, el socialismo y la unidad.”

Mientras tanto, las obras “no revolucionarias” son cada vez más raras. “Tradicionalmente, más del 80% de libros leídos en Venezuela son importados de países como México y España, pero ahora vienen goteadas,” dice Yolanda de Fernández, de la Cámara Venezolana del Libro. Ella explica que desde 2008, el gobierno comenzó a exigir un “certificado de no producción o producción insuficiente” para la importación de libros. Es decir, la red que quiera comprar hoy en día cualquier título tiene que esperar la emisión de un documento que dice que no se ha publicado en Venezuela.

Si el proceso ya era complicado en los últimos meses, con la caída del petróleo presionando las reservas de Chávez, se ha vuelto aún más lento. “Incluso con el certificado, los dólares para importar libros simplemente no se han liberado”, dice Yolanda. Como el límite de compras en el exterior es cada vez más pequeño, los distribuidores prefieren, cuando pueden, comprar los más vendidos (“best sellers”, como los del brasilero Paulo Coelho), lo que reduce aún más la variedad de títulos en circulación en el país.

El resultado de este proceso es que lo que la oposición llama “la revolución cultural del presidente Chávez.”

“Las autoridades de este gobierno no quieren entender, después de todo, para qué sirve un libro de poesía o un Dostoievski”, dice Boersner. “Ellos sólo saben que no añaden mucho a su revolución”.

http://www.noticierodigital.com/?p=41434

miércoles, julio 08, 2009

El Cybook Opus de Bookeen en vídeo


Si buscas un lector de libros electrónicos bastante portátil y a un buen precio, presta atención. Los niños y niñas de MobileRead han puesto sus manos sobre el Cybook Opus, y al menos en principio, sus impresiones iniciales son bastante positivas. El cacharro está equipado con una pantalla e-ink de 5", un acelerómetro, 1 GB de almacenamiento ampliable mediante microSD, y una batería fácilmente desmontable, para que puedas leer tantos PDF y ePUB como quieras sin miedo a quedarte sin autonomía (simplemente lleva contigo una unidad de repuesto, y listo).

Aunque por el momento no hay un precio definitivo, se dice que costará 250 euros, que no parece mal para un lector tamaño libro de bolsillo dotado de una ergonomía descrita como "excelente". Si quieres ver más, tienes un vídeo a continuación cortesía de
eBouquin.






http://es.engadget.com/

martes, julio 07, 2009

DISEÑO Y ARTE CON LIBROS


Kyle Bean es un diseñador-director artístico inglés, nacido en Devon y asentado en Brighton, que se dedica a desarrollar todo tipo de ideas creativas mediante animación y formas tridimensionales. Su trabajo, a veces muy crítico, me llama la atención de forma positiva.

Uno de sus últimos trabajos es una crítica sobre la relación/falsa dependencia que el ser humano mantiene con la tecnología que le rodea, la cual se queda, cada vez antes, obsoleta.

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Este otro trabajo reflexiona sobre el futuro de los libros.

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Por último, un libro recopilatorio y desplegable que nos explica los sucesos que nos traen mala suerte (pasar debajo de una escalera, ver un gato negro, romper un espejo, etc.…) y cómo ponerles remedio. Da igual que seas una persona superticiosa o no, ¡El libro merece igualmente la pena!

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VIA: El Tornillo que falta.

viernes, julio 03, 2009

LECTURAS DIRIGIDAS...POR ALBERTO BARRERATYSZKA


Imre Kertész ha insistido con vehemencia en las nuevas formas de existencia intelectual fraguadas a partir de las dictaduras del siglo pasado. “El hecho de que la política y la cultura –escribe– no sólo sean opuestas sino incluso enemigas es un fenómeno característico del siglo xx.” No hay que ir muy lejos para constatar que el proyecto socialista que pretende imponer el gobierno de Venezuela avanza por ese mismo camino. “Tenemos que inyectarle a la contrarrevolución todos los días una dosis de liberación a través de la cultura”, ha sentenciado el comandante Chávez al momento de lanzar su nuevo proyecto cultural: el “Plan Revolucionario de Lectura”.

Se trata de un programa oficial que busca democratizar la lectura bajo la nueva concepción del socialismo bolivariano. En diez puntos concretos, el gobierno logra justificar el carácter revolucionario de este nuevo plan. Ejemplos: busca fortalecer la identidad “latinoamericana y antiimperialista”, desarrolla la “cultura socialista”, ofrece herramientas para poder enfrentar críticamente “la tergiversación impuesta desde los laboratorios de alienación cultural”... todo esto, obviamente, organizado de manera comunal, a través de las “Escuadras Revolucionarias de Lectura”, suerte de comandos militares de la cultura, dedicados a “reivindicar la lectura en colectivo”, enfrentando así el egoísmo infernal, el libertinaje liberal, ese vicio peligroso que sorprende a cualquier persona cuando se encuentra a solas con un libro en la mano.

¿Qué presidente del mundo aparece en la televisión, como un animador incansable, pregonando que hay que “leer, leer, leer y leer”, que esa debe ser la “consigna de todos los días?” Probablemente ninguno. Todo forma parte de la misma ebriedad petrolera venezolana, donde se construye, lentamente y ante la mirada descuidada del mundo, un nuevo modelo de sistema autoritario, una suerte de democracia discrecional, un orden militar estilizado capaz de convivir y de controlar las apariencias de una sociedad pluralista.

En la lista de libros que ofrecerá el Estado, todos producidos por cuenta propia, sin ningún tipo de ayuda de la “satánica” empresa editorial privada, se encuentran obras de algunos autores latinoamericanos de peso literario como Julio Cortázar o Miguel Ángel Asturias. Pero por supuesto que no son la mayoría. Según dicta el informe oficial, el grueso de la librería tiende a ocuparse de la “batalla de las ideas”. Abundan los libros sobre historia, sobre política y economía, análisis social, crítica a los medios de comunicación social... Los eslóganes lanzados por Chávez tienen un profundo tufillo castrista: “¡La teoría se convierte en fuerza material en cuanto se apodera de las masas!” “¡Nada mejor que la lectura... para que la teoría se incorpore a las masas!”

Lo peor de las revoluciones suele ser su claridad religiosa, la certidumbre de que todo, en la vida íntima y en la historia social, tiene dirección, una misma y única dirección. Incluso los placeres más recónditos. Incluso la lectura. La posibilidad de que un libro sea una experiencia no controlada supone un peligro en ciernes, una amenaza.

En el Plan Revolucionario de Lectura, destacan, por supuesto, textos de Bolívar, José Martí, Simón Rodríguez, Mariátegui, Ernesto Che Guevara... pero también aderezan la propuesta otros libros firmados por miembros del propio gobierno, ministros o ex ministros de la revolución, incluyendo obviamente al propio presidente: El socialismo venezolano y el partido que lo impulsará, de Alí Rodríguez y Alberto Müller Rojas; ¿Por qué soy chavista?, del ex ministro de Cultura Farruco Sesto, o la singular edición de Ideas cristianas y otros aportes al debate socialista, una antología de fragmentos de discursos de Hugo Chávez sobre la idea de que Jesucristo fue el primer socialista de la humanidad.

En “La obra de arte en la época de su reproducción técnica” Benjamin analizaba la distancia entre el sentido original –de hechizo, de recogimiento personal– que la tradición otorgaba al arte y la experiencia de la modernidad, de las nuevas formas de comportamiento social. La vida en tiempos de la mercancía. La cantidad es el nuevo indicador de la calidad. Esa es la ruta que sirvió, también, para politizar el arte, para que la política se volviera una estética. Más aún: la masificación como elemento esencial –religioso, estético, afectivo– para la construcción de un poder único y autoritario. Es lo que permite un ejercicio de discernimiento perverso, que somete a la producción cultural a esa misma servidumbre del poder.

Roberto González Echevarría, tomando el espejo de Cuba, ha diagnosticado este tipo de procesos con una sola palabra: fidelidad. Eso es lo único que, con el tiempo, determina la calidad, la pertinencia, de una obra o de un autor: su fidelidad al gobierno, su devoción ante el poder. El arte oficial, el arte bolivariano, entonces, sólo puede nacer de la sumisión. “En la Cuba postrevolucionaria –afirma González Echevarría– el premio literario más sincero ha sido la persecución política.”

Cierto: Venezuela no es Cuba. Pero el gobierno lo intenta. Sigue haciendo el esfuerzo. “Cualquier cosa que pretenda ser arte pero que oprima al pueblo no puede considerarse como arte.” El comandante Chávez no habla, define. Él es el pueblo. Él sabe qué necesitas, qué te conviene leer. ~

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