martes, marzo 31, 2009

La instrucción ideológica y partidista desde las bibliotecas públicas


El autor de La destrucción cultural de Iraq : un testimonio de posguerra e Historia universal de la destrucción de los libros, entre otros, estuvo al frente de la Biblioteca Nacional de Venezuela por apenas 9 meses, desde el 20 de marzo al 11 de diciembre de 2008, aproximadamente, período que se recuerda por su línea dura en la ideologización y partidización del Instituto Autónomo, amén de otros desmanes tecnológicos y administrativos.

El mismo autor, Fernando Báez, advierte en su Historia universal… “Tras la toma de la ciudad por las tropas estadounidenses, comenzó un proceso de aniquilación por omisión, oscilante y superficial, que contravenía las cláusulas de la Convención de La Haya de 1954 y de los Protocolos de 1972 y 1999. Los soldados estadounidenses no quemaron los centros intelectuales de Irak, pero tampoco los protegieron, y esta indiferencia dio carta blanca a los grupos criminales“. (p. 16). Es el mismo autor que afirma hoy desconocer la aniquilación de 62.262 libros, a pesar de que una buena parte de este bibliocausto ocurrió en pleno ejercicio de sus funciones como director general de Biblioteca Nacional. Toma nota, eso sí, de que estos libros fueron convertidos en pulpa de papel por iniciativa de agentes del Instituto Autónomo de Bibliotecas e Información del estado Miranda - IABIM.

¿Cuál fue entonces su labor como presidente de Biblioteca Nacional?

Hechos
Fue práctica sistemática —y probablemente lo sigue siendo en otros estados del país— la instrucción ideológica y partidista desde las bibliotecas públicas. La imposición partió del entonces gobernador Diosdado Cabello y de José Suárez, presidente del IABIM por aquellos días. Hacia febrero o marzo de 2005 llegaron a las bibliotecas de la red mirandina nuevos directores, bachilleres en su mayoría (la Coordinadora de la red de bibliotecas de Sucre, por ejemplo, cursaba su tercer semestre en la Universidad Nacional Experimental Politécnica de las Fuerzas Armadas - UNEFA, luego de una vida de ama de casa); todos tenían carné del partido, se identificaban con el proceso y debían cumplir con la misión del cambio. Cambiar estructuras, cambiar procesos, cambiar lecturas, cambiar lectores… Por ello intentaron, en algunos casos sin éxito, eliminar los archivos que tenían cada uno de los servicios. Borrar la historia de la institución. Negar el trabajo que cada unidad de información había realizado durante muchos años, todos esos años de la cuarta República.



A este propósito siguieron otras acciones, como expulsar a todo personal de libre remoción, reubicar a profesionales en puestos de categoría inferior a su nivel de capacitación y afianzar la estrategia propagandística. Las bibliotecas comenzaron a proyectar vídeos con alocuciones del presidente de la República o programas de la Misión Ribas. Contaban además con un expositor que comentaba los vídeos e invitaba a leer folletos, revistas y otros textos relacionados, que comenzaban a formar parte de la colección de la biblioteca. La propaganda gubernamental y la imagen del líder del proceso revolucionario, tomaron los espacios destinados a la promoción del libro y la lectura; en las carteleras, fueron reemplazadas las actividades culturales por jornadas de estudio político… Fruto de este torcimiento de la misión, visión y objetivos de la biblioteca pública lo fue la unidad de información Misia Ana de Infante, ubicada en el casco histórico de Petare, sometida a una innecesaria remodelación que la mantiene cerrada hasta hoy; parte de su colección permanece en cajas, parte ha ido a parar a otras bibliotecas y salones de lectura, y parte ha desaparecido, como tantos otros libros.

Literatura infantil
Igual de lamentable ha sido la desincoporación de aquellos libros infantiles donde había prensencia de nieve, según relató Miriam Hermoso, actual presidenta del IABIM, a Beatriz W. De Rittigstein en Quema de libros. Algunos títulos que sufrieron esta política de exterminio en la Biblioteca de Los Teques: El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry; Lectura para jóvenes venezolanos, de Arturo Uslar Pietri y Misterio de la momia, de Alfred Hitchcock. En la Biblioteca Adolfo Castillo, por su parte, se adquirieron 6 libros para niños en un lapso de 4 años; los títulos: La fortaleza perdida, de Fidel Castro; La política explicada a los niños y jóvenes, 3 guías de estudio y La historia de un caballo que era bien bonito, de Aquiles Nazoa. Otros datos en este sentido, pueden leerse en el trabajo de Laura Helena Castillo: La politización no escapa a las letras y La destrucción de la cultura.

Eddy D. Souza:Licenciado en Bibliotecología por la Universidad Central de Venezuela
LA DESTRUCCIÓN del libro en Venezuela


Olvidadas bibliotecas públicas de Guayana


La Biblioteca de la Casa de la Cultura en San Félix sólo labora los días martes y jueves en horario matutino como consecuencia del déficit presupuestario en la institución. Su director reivindica la importancia de estos espacios de enseñanza.

Parafraseando una de las más celebres proclamas de Simón Bolívar, un pueblo sin cultura siempre yacerá en la ignorancia; la investigación y la profundización de las teorías se quedarán en la mente de algunos, mientras que para otros serán desconocidos.

Maltratar y prestar poca atención a las bibliotecas públicas se traduce en un serio obstáculo en el canal de aprendizaje de cientos de personas.

Romper la página del libro que le interesa para llevársela a casa, es más fácil que indagar en los textos especializados y así llevar a cabo una investigación profunda del tema.

Situaciones como ésta ocurren en la biblioteca de la Casa de la Cultura en San Félix, donde se encuentran libros especializados en cultura, arte e historia regional.

José Leonardo Rondón, director de la Casa de la Cultura de Ciudad Guayana, explicó que la institución forma parte de la organización no gubernamental que labora bajo condiciones de autogestión para poder subsistir.

"Nuestra biblioteca está abierta los martes y jueves en la mañana, y esto, es porque tenemos presupuesto que sólo nos alcanza para cancelarle a la bibliotecaria los martes y los jueves en la mañana. Si tuviésemos más presupuesto seguramente nos alcanzaría para brindarle el servicio a la comunidad los cinco días de la semana".

Textos del conocimiento
Esta biblioteca cuenta con dos mil 300 libros que están pasando por un proceso de inventario para clasificarlos por el sistema decimal y no por materia como hace poco se hacía.

"Tenemos como sagrada misión investigar, mantener viva y difundir las raíces de la identidad regional y nacional; además de divulgar la cultura universal", agrega.

43 años posee la institución que ha ganado el estatus de Patrimonio municipal: "no por nuestras instalaciones, sino por la larga labor por la cultura que hemos hecho".

Estudiantes, así como miembros de la Misión Cultura y antropólogos son los principales usuarios de la biblioteca especializada.

Restaurar y recuperar
Para el director de la Casa de la Cultura la quema o la destrucción de un libro: "es una de las atrocidades más grandes que se pueden cometer como civilización, porque es precisamente el libro lo que ha permitido que una generación le transmuta a otra sus conocimientos y carga cultural".

Precisamente para no incurrir en un "crimen" a la literatura y a la civilización, la Casa de la Cultura tiene un experto en restauración de libros para no desecharlos, además que para instruir a las bibliotecarias el programa incluye un taller de restauración de textos.

Las necesidades nunca faltan en las instituciones, por lo que Rondón les hizo un llamado a las empresas públicas o privadas para que donen diez estantes requeridos para la biblioteca.

Libros especializados
El conocido "Banco del Libro" de Ciudad Guayana dejó de existir en 1991, dando paso al Centro de los Trabajadores de Guayana donde aún permanecen los textos de la primera institución.

"En el 2000 donaron unos textos de informática, y la biblioteca está abierta a toda la comunidad, pero allí faltan libros de educación básica y de diversificado para los estudiantes", dijo una representante de la Fundación Centro de los Trabajadores de Guayana.

Para cubrir este déficit, las representantes de la institución indicaron que cualquier persona puede donar un libro: "sólo tiene que traerlo a la biblioteca y allí se lo recibirán", afirmó.

Ainara Fernández R.
afernandez@correodelcaroni.comEsta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

Incineración de gran parte de la biblioteca de Cecilio Zubillaga Perera


"El fuego provocado por la ignorancia de unos y la tendencia fascista de otros, seguramente los más responsables, consumió cerca de 2.000 libros".

Ante la incineración de gran parte de la biblioteca de Cecilio Zubillaga Perera, en un acto de agresión al patrimonio cultural de Carora y de toda Venezuela, quienes valoramos el rol que las fuerzas espirituales representan en la historia de los pueblos y naciones del mundo, no sólo estamos obligados a condenar semejante acto de barbarie, sino también a relevar el papel que Chío Zubillaga realizó en el campo del periodismo de combate, de las luchas por la emancipación del campesinado, por el progreso de la ciencia y de las letras para consolidar una conciencia humanística y de cambio progresista en la sociedad venezolana, y en particular entre los jóvenes, hombres y mujeres que lo tuvieron y disfrutaron como un excepcional maestro de su tiempo.

La quema de sus libros, entregados en custodia a la Biblioteca Riera Aguinagalde por sus albaceas, familiares y amigos, ha provocado una enérgica protesta a escala nacional, tanto por quienes le conocieron como por quienes recibimos directa o indirectamente sus mensajes cargados de sabiduría y sobre todo de rectitud y ética ciudadanas.

Afortunadamente, la Academia Nacional de la Historia, cuando la dirigía Guillermo Morón, uno de sus discípulos más distinguidos, publicó sus obras completas, recopiladas en periódicos y revistas de todo el país por el poeta Ramón Querales, más las cartas que yo recogí entre sus amigos en nueve tomos, quedando únicamente por publicar su Itinerario de Política Venezolana, que comprende gran parte de la historia contemporánea de nuestro país, desde el gobierno del general Eleazar López Contreras hasta los primero meses del de Rómulo Gallegos. El prólogo de estas Obras Completas de Chío Zubillaga lo constituyen los dos tomos de la biografía que yo escribí sobre este pensador y luchador caroreño.

Volviendo a la afrenta que constituye la quema de su biblioteca, aunque algunos 900 ejemplares se salvaron, el fuego provocado por la ignorancia de unos y la tendencia fascista de otros, seguramente los más responsables, consumió cerca de 2.000 libros, entre los cuales se encontraban algunos del escritor caroreño y discípulo suyo, Antonio Crespo Meléndez, y del Dr. Ambrosio Perera. Y con los libros desaparecieron comentarios, análisis y opiniones que los dos primeros escribían en los márgenes de la mayoría de esos ejemplares de clásicos griegos y latinos, además de escritores europeos y americanos contemporáneos.
Juan Páez Ávila: La quema de libros

lunes, marzo 30, 2009

"En la Biblioteca no se vetan libros" Ignacio Barreto, Presidente del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional


-A finales del año pasado se generó mucho ruido debido a los afiches de contenido político que estaban en las paredes de la institución. ¿La Biblioteca es una institución para la propaganda roja?

-Esa situación que ocurrió no fue avalada por los funcionarios de la Biblioteca Nacional, y definitivamente tampoco fue avalada por el Ministerio de la Cultura. Mucho menos por la Presidencia de la República. Es una de las razones, entre otras, por las que sale Fernando Báez. Esa es una manera mal entendida de hacer política, una forma cómoda de asumir una posición política. Y digo cómoda porque no parte del fondo sino de la forma. No nos molesta la presencia de carteles con la figura del Presidente, esta es una institución pública y él es el presidente de la República. Lo que sí tenemos que tratar de respetar es una serie de normativas para el uso de las áreas públicas y, sobre todo, que hay instancias dentro de las instituciones que son las que deben velar por esas normativas.

-¿Cómo lo permitieron?

-Eso ni siquiera fue de ciertas instancias de la gerencia sino un grupo político que estaba metido aquí. Fueron hechos bastante irregulares, que incluso (no quiero pecar de paranoico) llegaban a parecer acciones hechas para lograr una reacción negativa, para lograr el rechazo a la figura del Presidente y a la gestión de este gobierno. Y caso ocurre así: compañeros que están acá, identificados con el proceso, decían: "¡Eso es inadmisible!". Ya eso cambió y el grupo que estaba tomando la acciones, amparado en la antigua gerencia, ya no existe.
.........



-¿Qué dice acerca de los libros vetados, que al parecer iban a salir de la colección de la Biblioteca Nacional?

-Son rumores. La naturaleza de esta institución es ir en contra de cualquier tipo de censura. Aquí, además, hay una Ley de Depósito Legal que obliga a las editoriales a entregar ejemplares a la Biblioteca. Y no son para convertirlos en pulpa o quemarlos, sino para la colección. Aquí no se vetan libros.

-¿Eso se está cumpliendo?

-Sí. La Ley de Depósito Legal no sólo incluye lo editorial sino que incluye las producciones discográficas, televisión, radio, cine, y ahí está lo más difícil. Con la parte discográfica, pasa que los trabajos de calidad son las producciones independientes. Y como a ellos les cuesta mucho producir esos discos, les cuesta entregar esos ejemplares.

-Pero las empresas replicadoras exigen el número de depósito legal...

-El hecho de que coloques el número no es garantía de que traigan los ejemplares. Yo creo que lo que hay que recordar es que, así como les costó muchísimo, deberían traerlos, porque esta institución les garantiza que van a ser preservados. Igual pasa con los cineastas, con lo que les cuesta hacer una película, deberían traer una copia del rollo, pero no en video, porque en ese formato se pierde información.

-¿Los libros importados también deben cumplir esa ley?

-Se supone, porque la ley habla de lo que se produce y lo que se distribuye. Nosotros tenemos una partida para adquirir libros extranjeros, sobre temáticas que tengan mucha demanda por parte de los usuarios. Ese es el criterio de adquisición.

-¿Y para comprarlos tienen que pasar por las exigencias del Certificado de No Producción del Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio?

-Nosotros, por razones de todo ese control cambiario, tenemos que trabajar con proveedores, importadores de libros. Uno les da las listas.

-¿Y la digitalización?

-En este momento estamos trabajando para ir construyendo una biblioteca digital, que la población sepa qué hay en biblioteca y la consulte.

Ana María Hernández G.
EL UNIVERSAL

La destrucción de la lectura .Por Rodrigo Blanco Calderón



La desolación es un sentimiento que nos empuja siempre hacia adelante, hacia la anticipación angustiosa de una próxima tragedia. Se trata, me parece, de un mecanismo de defensa. Una forma de poner entre paréntesis el presente para obtener la extraña tranquilidad que brinda el saber que las cosas siempre pueden empeorar.


Esta reacción, que he detectado en mí y en los demás, es la que se ha vuelto natural al momento de enfrentar un nuevo ataque del Presidente Chávez al sistema democrático, o los simultáneos proyectos de destrucción que adelanta el Gobierno en su afán totalitario de concentrar cada vez más poder. Las consecuencias de esta reacción se pagan al instante: restamos importancia al presente mientras hacemos un ilusorio acopio de fuerzas para el día del Juicio Final del chavismo. Un día que, tal y como lo demuestra el caso de Cuba, puede tardar 50 o más años en llegar.

Me puse a pensar en estas cosas al leer el estremecedor reportaje “La destrucción de la cultura”, firmado por la periodista Laura Helena Castillo y publicado en El Nacional el día 29 de marzo de 2009. Allí, con rabia y dolor, me enteré de que entre 2007 y 2008, bajo la infausta gestión de Diosdado Cabello, 62.262 libros pertenecientes a las bibliotecas del estado Miranda fueron vendidos como pulpa de papel. Con el cambio de administración, se detectó el “irregular proceso de descarte de libros” y sólo ahora comienza a hacerse el inventario de la destrucción. Algunos de los libros que se vendieron como pulpa de papel, casualmente, fueron ejemplares incunables de las obras de Rómulo Gallegos y Rómulo Betancourt. Por nombrar sólo una parte de los textos que fueron sacrificados para dar espacio en esas bibliotecas a la obscena cantidad de material sobre la “revolución bolivariana” que se ha impreso en los últimos diez años.


Sería un gesto de ingenuidad y optimismo sospechar que alguien como Diosdado Cabello ordenó personalmente el descarte de estos libros. Pensar y luego actuar no es lo que ha caracterizado a los gobernantes chavistas. Eso sería endilgarle al gran magnate de la Revolución una pasión por la lectura y un conocimiento de su poder subversivo que resulta completamente inverosímil. Lo que sí es lógico es preguntarse por qué Fernando Báez, que fue el Director de la Biblioteca Nacional entre abril y diciembre de 2008, no hizo nada al respecto. Sobre todo si recordamos que Báez es un especialista en la materia. Al menos si asumimos como suyos los libros que ha firmado: Historia universal de la destrucción de libros, Historia de la antigua biblioteca de Alejandría o La destrucción cultural de Irak.

Por el incisivo y valiente texto de Laura Helena Castillo me entero de que Báez no estaba enterado de nada. ¿Será que debemos esperar a que un todero intelectual iraquí venga a denunciar el bibliocausto ocurrido en el estado Miranda?


Lo cierto es que destrucción avisada no sorprende a lector avezado. Y si lo sorprende es por descuidado, o por miedoso, o por estar tan desolado con lo que pasa cada día en nuestro país que no quiere saber lo que sucede en este preciso instante, sino sólo lo que va a suceder en un imprevisto futuro que quizás lo agarre en una ciudad del primer mundo. Digo esto porque en junio de 2008 ya el gobierno chavista dio un adelanto, acuñó una estampa bolivariana, de lo que en materia de bibliotecas estaba sucediendo. Me refiero a la utilización de los espacios del Celarg (Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos) como sede sabatina de las bodegas móviles de Mercal (Mercado de Alimentos).


Si dejamos sin mayores protestas que el Celarg, una de las tribunas culturales más altas de América hispana, se transformara en mercado público, ¿por qué alarmarnos ante el hecho de que hayan vendido las Obras completas de Rómulo Gallegos, publicadas en 1959 por la prestigiosa editorial Aguilar, por su peso en kilos en el mercado de reciclaje de papel?


Si algo nos ha enseñado la revolución bolivariana es que la vida política de Venezuela ha asumido la figura de una amarga, amarguísima, ironía. La medida de nuestra decadencia se revela cuando la ironía se revierte sobre quien la detecta, mientras el objeto de ella permanece inmune. Es como si Sócrates, el primer irónico de la Historia, se hubiera envenado, no con la cicuta impuesta, sino con aquella que segrega la verdad en su forma más cruda. La ironía ha sido derrotada por el cinismo. Y a larga lista de cínicos que hoy detentan el poder, encabezados por José Vicente Rangel y Jorge Rodríguez, se suma ahora Fernando Báez. Ante la insistencia de la periodista por establecer responsabilidades, Báez se desentiende con esta declaración: “No tengo los informes a la mano, nunca se me reportó nada parecido. El tema me interesa mucho y lo anoté dentro de mis apuntes”.


Es decir, que a la destrucción de libros, según Báez, se puede responder con nuevos libros (que contienen, como es de esperar, otra ideología, otra versión de la historia). Mientras Báez vampiriza el cadáver de los 62 mil libros destruidos para la confección de su posible nueva entrega, puede que resulte aleccionador acudir a la Biblia pagana de la literatura y a su mayor evangelista: Jorge Luis Borges. Y no me refiero a Historia universal de la infamia, de donde Báez toma el título para su libro, estableciendo además, como demostraron los hechos, una conexión más profunda. Me refiero al ensayo “La muralla y los libros” donde Borges se interesa por el emperador Shih Huang Ti, ejecutor de “dos vastas operaciones”: la construcción de la casi infinita muralla china y la quema sistemática de todos los libros anteriores a él.


A Borges le fascinó que ambas empresas tan contradictorias (la edificación de una muralla para mantener a raya a los bárbaros y la bárbara quema de tres mil años de historia) fueran planeadas por un mismo hombre y bajo la premisa de unos mismos ideales. El objetivo de su breve ensayo es, precisamente, encontrar las razones que motivaron al antiguo emperador.



En el caso de lo sucedido con las bibliotecas del estado Miranda, en vista de que Borges murió hace más de 20 años, sólo quedan dos cosas por hacer. La primera de ellas, la más urgente, realizar varias jornadas de recolección y donación de libros para paliar precariamente una pérdida que sabemos irreparable. La segunda es preguntarnos, en todo el sentido metafísico de la expresión: ¿y dónde está la muralla? ¿Dónde está la obra moderna que justifique tanta barbarie? ¿Dónde está la guerra contra el imperio que a su vez explique (pues literatura y vida son términos que se complementan) los más de 150 mil asesinatos que han ocurrido en Venezuela en los últimos 10 años?


El gobierno chavista es una comiquita cruel, una payasada trágica que ha vaciado de sentido la palabra revolución y, lo que nunca creímos que también nos iba a pesar, la palabra dictadura. Si todo nuestro patrimonio humano y cultural va a ser arrasado que por lo menos exista una razón más fuerte que la desidia. Contra esa tiranía de la indiferencia, que se introduce en el alma de las personas, no hay resistencia posible. Y sólo ahora lo entiendo: tampoco hay necesidad de ninguna muralla.

ReLectura

domingo, marzo 29, 2009

Cuando los libros son una ladilla (a propósito del reciclaje del gobierno) por Ricardo Ramirez



Mis amigos saben que fui librero y los más cercanos saben que, aunque no ejerza ahora, lo sigo siendo. Durante los últimos cinco años visité innumerables casas, mansiones, apartamentos, maleteros, en donde diversas personas buscaban salir de ellos. Las razones fueron múltiples. Las principales: se marchaban del país, nos mudamos a un apartamento más pequeño (los muchachos ya crecieron y se fueron), nuestros hijos no leen y qué hacemos con tanto libro a estas alturas y, claro está, necesito dinero. Todas son válidas (incluída la muy triste de mis hijos no leen) y buscaba asesorarlos en cuanto a qué valor tienen en el mercado, cuales podrían vender más rápido, cuales consignar (modalidad que la librería en donde trabajaba permitía), cuales donar y, por supuesto, cuales se recomendaba conservar. Nada fácil la última: conservar. Con suerte, ya estas personas había hecho una preselección de algunos libros. Generalmente no era así. Privilegiaban otras cosas. Por mis manos pasaron fotografías, cartas, declaraciones de amor, cartas de renuncia, documentos de divorcio, etc almacenados en los libros. Anotaciones, subrayados, apuntes en cada uno de ellos, muchos de gran valía. El hecho resaltante era que cada quince días aproximadamente o más, pasaban por mis manos y mis ojos la vida de muchísimas personas, sus hábitos, sus viajes, sus diversas ciudades en donde vivieron y padecieron. Si hay algo con lo identificaba mi trabajo ante esto, era con la palabra responsabilidad. Tenía una responsabilidad con quienes habían tocado, llorado, rabiado, sonreído, con estos libros. Porque, al final, un libro es uno de los mejores testimonios de aquello que hemos sido.



Esta semana escuché la noticia de los libros vendidos como pulpa de papel. Hoy, con El Nacional en mano, lo he podido comprobar. 62.262 libros. Y faltan algunos más por auditar. Esto, al parecer, solo en Miranda. Indica el artículo de Laura Helena Castillo que obras que quizás no tenían muchos ejemplares en las bibliotecas fueron entregados. Si habían tres se vendían dos y se quedaban con uno. ¿para qué más?, supongo que se preguntaron los inteligentes encargados de esta oscura labor. Y así, hemos caído en el foso. ¿Qué es el foso?: ese lugar en donde los gobiernos muestran su confirmada vocación de totalitarios, de esperpentos de la historia. Gobiernos, de izquierda y de derecha, que se creen con la potestad de borrar el pasado, de rehacerlo al antojo de quien ejerze el poder y además, como bicoca, de decirle a uno "qué es lo que deberías leer". Es decir, es el momento en que el gobierno se convierte en un librero sádico, con tendencias destructoras, para quien sólo lo que el recomienda es digno de leerse. Olvídense de la libertad de escoger. Eso es para los desorientados, los ególatras, y los capitalistas salvajes.
Siempre es la misma historia: yo tengo la razón y quien está en contra de ella, debe desaparecer. Y eso incluye los libros. Larga historia hay alrededor de esto. La Inquisición, Lutero, Hitler, Stalin y todo su aparato, la Cuba de Fidel, es decir, todos los fundamentalismos.



Paso la página de la prensa de hoy y me encuentro con una entrevista realizada al mequetrefe que se hace llamar director (reciente) del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional (organismo que ya ha sufrido los embates de los vendedores con la repartición de varios libros importantes de la Nación y el resguardo obligatorio de La Piedrita). A este huelefrito no se le ocurre decir otra cosa sino que "...el problema de la ideología no es un asunto ni proselitista ni partidista, se trata de la concepción de un Estado, un sistema. La mayor parte de los libros que están en las bibliotecas tiene una ideología capitalista dominante. Los libros de autoayuda incitan al individualismo, a que tu crecimiento personal no tenga nada que ver con el crecimiento del otro. Los libros de historia de hace muchos años ven a la historia desde la dominación. Son libros de ideología capitalista".Uno lee las estupideces de dinosaurio intelectual que este caballero escupe y le dan ganas de vomitar. Porque al final, como siempre en la historia del hombre, en la historia de aquel que quiere pensar por si mismo, el gran muro es el Poder. El otro, del que habla este señor es el Poder. No la sociedad, no la polis a la que pertenecemos y en donde vivimos. Al final, todo el que piense distinto al Poder totalitario, debe ver los libros quemarse desde una esquinita y tratar de mantener en la memoria aquello que leyó. Como la viuda de Mandelstam. Como lo han hecho los judíos cada cierto tiempo. Y eso, no podemos permitirlo.



Un libro lleva sobre su lomo mucho más que su contenido. Se hace por la lectura, acontece, existe, gracias a que es leído. Estar en un estante solamente lo hace un objeto más. Fue hecho por el hombre para ser manoseado, recorrido, disfrutado por los ojos e incluso, por el tacto, la calidad del papel, el olor de libro nuevo, el aroma a cuero, a pega que puede desprenderse. Aunque cada día nos acercamos más al libro digital (somos los últimos de una Revolución Industrial cada día más superada por la Revolución Tecnológica) los libros están para quedarse. La creación de la imprenta no significó la destrucción de pergaminos. La edición industrializada no significó la desaparición del libro bien editado, bien cuidado. Son documentos, hechuras del hombre, patrimonio de la memoria colectiva de todos. Los libros no son pedazos de papel y cartón, cosidos o pegados. Son materia viva llena de memoria gracias a las imágenes y las palabras. Son objetos mágicos con los que hacemos sortilegios para no morirnos de verguenza en la decadencia humana. Son instrumentos de cambio y herramientas para la libertad.
No entender esto es caer en la barbarie. Saberlo y aún así, acometerlo (como hacen estas sanguijuelas) es revolcarse en el lodazal de la idiotez y la ignorancia. Como sólo el Poder, más aún en nombre de Revoluciones, ha sabido hacer, y por lo visto, aún hace.
Los libros, no son una ladilla de la que desprenderse. Son una de las señales inequívocas de nuestro sentido de la libertad , colectiva y individual.

Profesor USB VE/UCV VE Cursando maestría en Literatura Comparada UCV/VE
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Entre 2007 y 2008, 62.262 libros de las bibliotecas del estado Miranda fueron vendidos como pulpa de papel.


Entre 2007 y 2008, 62.262 libros de las bibliotecas del estado Miranda fueron vendidos como pulpa de papel. La operación quebrantó las normas de descarte de material elaboradas por la Biblioteca Nacional

Los dos tomos tapa dura de las Obras Completas de Rómulo Gallegos, editadas por Aguilar en 1959, pesan 1,200 kilogramos. Eso, a 0,35 bolívares fuertes por kilo -que es lo que paga una fábrica que desmenuza libros para venderlos como pulpa- suman 0,42 bolívares.

Las piezas más emblemáticas de la memoria cultural venezolana no valen ni un bolívar en el mercado del reciclaje de papel. Por peso, como el queso paisa, se vendieron no sólo muchos ejemplares de la obra Gallegos, sino la miles de autores que entraron en la lista de descarte de material de las 36 bibliotecas del estado que, entre 2007 y 2008, realizó el Instituto Autónomo de Bibliotecas e Información de Miranda, mientras Diosdado Cabello era gobernador. En total, sumaban hasta mediados de la semana pasada 62.262 volúmenes, pero las auditorías continúan.

"Al que llegue le compramos", es claro Carlos Montecristo, encargado de la Recuperadora 31-35 en El Tambor, quien describe su trabajo de disección: "nos traen los libros y rompemos para sacarles la pega y la portada. Seleccionamos el material, lo embalamos y lo mandamos al molino".

A esa empresa devoradora de letras llevaron los libros que sacaron de las bibliotecas mirandinas. "Sí, los que venían eran de la gobernación, pero nosotros sólo los conocíamos de vista", advierte Montecristo. El destino final es la fábrica Repaveca, en Maracay, donde, entre otros productos, elaboran papel higiénico y servilletas a partir del reciclaje.

La operación de destrucción de textos quedó registrada en actas, todas apiladas en cajas de cartón en la oficina de la presidencia del instituto mirandino, a las que les anexaron los cheques y los vauchers de los depósitos que la Recuperadora 31-35 pagó a la institución del Estado.

Laura Helena Castillo

Lea más en un completo reportaje publicado hoy en Siete Días, en la edición impresa o la Edición Digita

jueves, marzo 26, 2009

Aplicaciones de QR-Code en el mundo editorial


El QR-Code es un sistema para almacenar información en una matriz de puntos, similar a como funcionan los códigos de barras que estamos acostumbrados a ver en tantos productos, pero en lugar de en una sola dimensión aplicado a dos dimensiones.

Inicialmente se aplicaron al seguimiento de piezas en la fabricación de coches, pero poco a poco se han ido extendiendo a otros usos, sobretodo en Japón, donde es el código de este tipo más usado y donde la mayoría de teléfonos móviles incluyen una aplicación capaz de reconocerlos.

La capacidad de estos códigos es de 7089 caracteres numéricos, 4296 caracteres alfanuméricos o 2953 bytes, disponiendo de un sistema de corrección de errores que los hace inmunes a una cierta distorsión de la imagen. Se caracterizan por los tres cuadrados que encontramos en las esquinas y que permiten detectar al lector la posición de QR-Code.

Una comparación cercana sería pensar en un código de barras, aunque este se lea de otra forma, intenta codificar datos entre sus barras (de forma horizontal), para que desde una máquina (o una persona que entienda como funciona) pueda sacar información fácilmente (más fácil, si es una máquina, claro).

A diferencia de los códigos de barra, los códigos QR no pueden ser leídos por una mente humana, a menos que sea demasiado brillante…, dado que la información es almacenada en dos dimensiones (horizontal y vertical).

Diferencia código QR y código de barras

¿Cómo genero un código QR?

Las alternativas se presentan tanto en sitios de la red, como en programas para descargar, a continuación te comentamos de algunos de estos:

  • Kaywa (Web): Este generador es bastante amigable, con un formulario que nos permite configurar casi todos los aspectos, como ser si queremos codificar una URL, Texto, número de teléfono o un SMS. Las limitaciones del generador está en la cantidad de caracteres, que no va más allá de los 250. Se aprecia muchísimo la posibilidad de generar el resultado en distintos tamaños. [Uso no comercial]
  • Librería QRCode para Java: Esta librería nos permitirá incluir soporte para tanto codificar como decodificar códigos QR. Incluye soporte para corrección de errores, como también algunas aplicaciones de muestra para tener una salida más rápida. [Open Source]
  • PyQrCodec: Módulo para de/codificar imágenes con códigos QR en Python. Está disponible para Windows y Linux. [Open Source]
  • QRdraw Pro: Permite crear código QR solamente, y está creado por los creadores de dicho código, Denso Wave [Pago]
  • QRmaker Pro: Al igual que el anterior mencionado, esta aplicación está creada por los creadores del código QR, permitiendo crear y controlar este tipo de código en aplicaciones (por medio de un control de ActiveX). [Pago]
  • Invx (Web): Otro sitio que nos permite crear directamente un código desde nuestro navegador, con opciones más limitadas, aunque dándonos la posibilidad de integrar la conversión con nuestro sitio propio.
También hay que resaltar la posibilidad de adquirir máquinas impresores de código QR,

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miércoles, marzo 25, 2009

¿Qué significa ser culto hoy? Ana Wortman


Internet y la actual revolución tecnológica están cambiando el concepto tradicional de lo que es ser culto. Estos nuevos códigos, añade, explican el éxito de las redes sociales, como Facebook.

-¿Qué significa ser culto hoy?

-Definitivamente, no ser "ilustrado" en el sentido tradicional de otras décadas. Antes, ser culto era haber leído muchos y buenos libros. Para una familia de clase media, tener una buena biblioteca, con colecciones, era un valor muy importante. Era saber un poco de literatura universal, de filosofía, de historia. Hoy, en cambio, uno entra en una casa de clase media y no hay, necesariamente, una biblioteca, pero lo que no falta es tecnología: una colección de DVD y una buena PC, que pasó a ser el centro del hogar. La PC y la banda ancha reemplazaron la típica salida de la familia de clase media-media al cine y a cenar, que era tradicional hasta los 80, y que hoy es carísima. Hoy se mira mucha televisión y cine a través de Internet. Se baja música...

-Entonces, ¿ser culto hoy sería saber manejar tecnología, antes que leer autores clásicos, escuchar música o ir al teatro?




-Sí, y no lo digo en sentido peyorativo. Estoy describiendo una realidad, un cambio de época. El acceso a la tecnología marca una nueva noción de cultura, como saber idiomas y tener contactos, conexiones sociales que nos hagan más competitivos en el mundo laboral. De allí el éxito de Facebook y las demás redes sociales. La tecnología también pone en escena las desigualdades, y es lo que actualmente está marcando las diferencias de clase.

-¿Por qué?

-Porque el consumo de informática supone ciertas destrezas culturales. No tiene que ver sólo con una cuestión económica. Hoy hay todo un mundo que está marginado de la tecnología, los contactos, los idiomas, y cuyo único entrenamiento es la televisión abierta y por cable. Además, el acceso a la tecnología requiere una inversión permanente y, en determinado nivel, es necesario tener celulares que reciban e-mails, por ejemplo, y poder responder correos desde cualquier lugar del mundo. Hay un dato curioso: por esa vocación universalista y de necesidad de apertura al mundo que tiene la sociedad argentina, así como en los años 90 ocupábamos el cuarto lugar entre los países con mayor acceso al cable, hoy sucede lo mismo con la banda ancha, que se ha transformado en un consumo masivo. La Argentina es el segundo país más conectado de América latina, después de Chile.

-Hay políticos que no leen demasiado y, sin embargo, ninguno lo confiesa abiertamente. Nadie dice que le gusta el tenis y que no lee nada. Les interesa parecer más cultos de lo que son...

Laura Di Marco
LA NACION

Teléfono móvil o celular chino con lector eBook

El Cool8800C
Un móvil con pantalla WQVGA de 2,8 pulgadas donde visualizar los juegos. Dejando a un lado la vertiente más ociosa del aparato, el dispositivo puede usar dos tarjetas SIM a la vez, lleva un lector eBook, receptor de TV, radio FM, reproductor de MP3 y MP4, Bluetooth, lector de tarjeta flash y una ridícula cámara de 0,3 megapíxeles.



Google quiere ser el nuevo librero del mundo...


Ha dado el primer paso con la firma de acuerdo con las grandes editoriales estadounidenses, que está pendiente de aprobación por un tribunal cuya sentencia se presume favorable y se espera para el próximo junio. Ahora busca ofrecer a los escritores y editores españoles un acuerdo similar al que han llegado en EE UU, con el que se integrarían en un canal de acceso a un mercado de millones de potenciales clientes, y en el que tendrían que competir también con millones de libros.
Luis Collado, responsable del programa de Búsqueda de Libros (books.google.com) en España, explicó ayer que están hablando con editoriales para convencerlas de que aprovechen todas las ventajas que este programa les ofrece en forma de «escaparate on line, de medio de difusión para que más gente conozca sus libros».
IÑAKI ESTEBAN




Papyrus, el lector de ebooks que acaba de anunciar Samsun





De tamaño A5 (estándar de papel de 21,0 x 14,8 cm), el Samsung Papyrus aparte de desplegar tus ebooks favoritos, lo hace sobre una pantalla táctil que a través de un puntero stylus te permite más que dar vuelta las página ya que incluye notas, reloj, calculadora y administrador de contactos. Incluye 512MB de memoria interna.

Si bien tendrá un precio inferior al Kindle ,le falta justamente la mayor gracia de la joyita de Bezos, conectividad inalámbrica y una tienda para descargar libros.

Así que a partir de Junio veremos como Samsung sale a la competencia, ya que esta claro que no es solo el hardware lo que importa. Tendra que medirse con el e-reader de Sony que tiene una mejor acogida por estos predios.

martes, marzo 24, 2009

Relatos de una librería en pleno centro de la ciudad...


Tomado del Diario de una librera:
Fue una semana atípica. Mi salud mejoro. A veces un buen descanso logra cosas que ni un libro ni nada puede lograr.
Las aguas no calmaron, todos pretenden tener su libro antes que nadie. Como librera comence a entender a mis compañeras, a las editoriales, yo no reeditaria un libro de texto con la implicancia y lo que cuesta editarlo porque a unos cuantos alumnos les falte. Sale caro. Y no podes saber cuanto vas a vender.
El martes comence a mostrarle a los clientes la lista de precios de Santillana. Allí claramente aparece la leyenda "hasta agotar stock" y alli muchas colecciones, entre esas la colección "todos protagonistas" que posiblemente el año proximo "desaparezca del mercado". A lo cual, caemos en lo que sucedera el año proximo, que muchos docentes lo pediran...y alli de mi boca saldra el "esta agotado, deben buscarlo en usados".
Yo comprendo a esa madre que no tiene tiempo y debe buscar en usados. Yo comprendo que no les dan todos los datos a los alumnos, que le falta la serie del libro y la colección o te vienen con un libro con doble editorial: "Tenes matematica 7 Nuevamente Confluencias Estrada". Y ahi yo, les explico que no puede ser asi...y se las agarran conmigo y me dicen que estoy loca, que estoy equivocada, que los maestros no mienten...y ya no les digo nada.
Ahora se viene la parte jodida del asunto.


Los libros de texto no tienen cambio. Por eso, esta semana se apareceran con el tipico "La maestra dio otro libro... ¿lo puedo cambiar?" "Estaba roto cuando llegue a casa" y ese sin fin de cosas que escuchare.

Pero ya estoy mas tranquila.
No llegue a anotarme en la facultad. Y me duele, pero son cosas que pasan. Por lo menos logre una organizacion con todas las cajas y ahora mis compañeros las abren conmigo... cuando se enteraron que la espalda no me daba a mas.
Aunque esa organizacion tenia que estar desde un principio.
Pero el martes fue el dia del quilombo.
El martes, me encontraba sentada en el suelo, eran las 11 de la mañana y acababan de llegar los pedidos.



Tenia todos los papeles cortados para escribir los nombres de los clientes. Tenia la cinta, mas lapiceras que de costumbre (las lapiceras desaparecen en el local), tenia todos los instrumentos. Los libros, separados por año. Los del inglés aparte. Todo. Mis cuadernos en la mano, para separar mas rápido todo y que la gente no se entusiasme.

Al cliente le aclaramos mas de un vez que por la tarde los pedidos se retiran...ya que no LLEGO a separar todo.
Calleron todos al mediodia como era previsible.
Me quitaron los libros de la mano, como si fueran niños y yo una fabrica de caramelos.
Nos gritaron...y salimos a explicar correctamente que el pedido habia llegado tarde por logistica y que se le aclaro a todo el mundo que debia ser a la tarde.
Una clienta le quiso robar el libro a otra clienta.
Otra se golpeo con un señor porque se le paso el numero.
Y asi entre ellos empezaron a matarse.
Me encontraba sentada en el suelo, cuando una clienta me miro y me dijo "vos no podes seguir asi...alguien tiene que ayudarte..." y se lo dijo a mi jefe.

Al final del dia me entero que una clienta me felicito porque yo me habia encargado de rastrear un libro para un cambio, ya que una compañera le habia vendido otro sin fijarse el titulo exacto.
Y hacia dos semanas que no se lo habian cambiado porque el libro segun mi compañera "no existia".

Al final del dia la chica que atiende el bar, me sento de costado...y casi sin intentar pegarme una bofetada, me dio un capuccino enorme, un tostado y me obligo a comer el primer almuerzo en dos semanas....

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lunes, marzo 23, 2009

De cómo leo en digital...o como consumir libros en nuevos formatos

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Ha nacido otra estrella en el mundo de los lectores de libros digitales. Se catapulte o no hacia el éxito, el BOOX es el nuevo lector que entrará al mercado en los próximos meses, firmado por Onyx International. El aparato se presentó en el CeBIT 2009, la feria de tecnología celebrada este mes en Hannover (Alemania).
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El nuevo lector de Onyx saldrá en tres versiones que sólo se distinguirán por el tamaño de sus pantallas. Contaremos con modelos de 6, 8 y 9,3 pulgadas con propiedades táctiles. Es así como el fabricante promete un dispositivo que no se limitará exclusivamente a la lectura, sino que permitirá al usuario tomar notas y comentar el texto al hilo de los pensamientos que le surjan.

Pero una de las principales carencias de este BOOX tiene que ver con la memoria. Y es que todos los modelos que saldrán al mercado tan solo contarán con una memoria interna de 512 Mb, capacidad ridícula donde las haya. Aun así, el lector avezado podrá ampliar su biblioteca electrónica con tarjetas SD y SDHC o conectando un pendrive al puerto USB del aparato.

El BOOX es capaz de soportar los siguientes formatos de texto: EPUB, PDF, HTML, CHM y MOBI; de imagen: JPG, BMP, GIF, TIFF y PNG y de audio: MP3 y WMA. Para disfrutar del sonido en condiciones podremos conectarle auriculares o altavoces con un conector de 2,5 milímetros incluidos en el paquete.
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Adicionalmente, el dispositivo tendrá conexión WiFi y 3G, al igual que su compañero de fatigas y directo rival Amazon Kindle 2, otro lector de libros recién salido del horno. De momento, Onyx no se ha apresurado a contar más detalles acerca de su nuevo BOOX, pero mucho nos tememos que pocas sorpresas aguardan a la vuelta de la esquina.

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Nintendo ha unido sus fuerzas con la editorial Harper Collins, para ofrecer a los dueños de su consola portátil Nintendo DS, la posibilidad de leer los mejores clásicos de la literatura universal. El programa en cuestión se llama “100 Classic Book Collection” y contiene obras de autores tan esenciales como Jane Austen, Charlotte Bronte, Lewis Carroll, Dickens, Shakespeare y hasta Wilde. Todas eso sí, en su idioma original, es decir, en inglés.

Los que se atrevan a consumir toda esta literatura en su idioma original, tienen un reto importante entre manos. Pero, por si esto fuera poco, la Nintendo DS constituye un claro obstáculo a la hora de utilizarla como lector de libros. Y es que las reducidas dimensiones de su pantalla, podrían hacer de nuestra lectura un auténtico episodio de tortura visual.

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De momento, las dos firmas no contemplan una versión en cualquier otro idioma que no sea el inglés. Así que, lo mejor será que antes practiques en la misma DS, con el cursillo avanzado English Training. Por otra parte, Nintendo ya ha anunciado que en un futuro, permitirá a los usuarios la descarga de nuevos títulos a través de una conexión WiFi. Los que quieran comprar el programa, tendrán que acercarse hasta Reino Unido (sólo se venderá allí) a partir del 26 de diciembre y abonar la nada exagerada cantidad de 17,99 libras o lo que es lo mismo, 20 euros según el cambio actual.

VIA: Tu experto.com

El libro en papel sigue gozando de buena salud, insospechada tal vez para los apocalípticos



La industria editorial ha sido por décadas uno de los puntales de la cultura argentina, punto de referencia para toda América latina y el mundo hispanoparlante. Hacia mediados de la década del setenta, el país producía unos 50 millones de ejemplares al año, cifra que diez años más tarde había caído a 17. En 1996 se produjeron 42 millones de libros, en el 2000 se llegó a 74 millones y en el 2002, tras la crisis, la producción cayó a la mitad. A partir de la devaluación, Argentina recuperó condiciones favorables e inició una franca recuperación: de 38 millones de libros en 2003 se pasó a 56 en 2004. En 2007, la industria editorial argentina tuvo el record histórico de 93 millones de ejemplares impresos.

De lo anterior no se desprende ni el tipo de libros que se produce ni quiénes dominan el mercado, ni tampoco las dificultades existentes para los actores más vulnerables del sector tanto en el acceso a los insumos, básicamente el papel, como en las formas de distribución. Sin embargo, vale decir que, a diferencia de otros bienes característicos de la cultura, el problema no es tanto la creación, el costo y el proceso de edición de un libro sino qué se hace luego con él, dónde se ofrece, quiénes y cuántos lo compran. Una película sin el Estado es difícil de realizar, aunque han surgido formas alternativas. Un libro, en cambio, puede editarse sin el Estado. Sin embargo, la intervención estatal es imprescindible para la promoción de la lectura, el otorgamiento de fondos para traducciones, el apoyo a libreros de localidades pequeñas e intermedias, a editores pymes para que exporten y accedan a ferias internacionales, para la edición de revistas culturales, de primeros y segundos libros de autor, de reediciones de catálogo. Y, sobre todo, para impulsar el libro en el interior. Cerca del 75% de las editoriales se encuentra emplazado en la región metropolitana, mientras que el resto se ubica en los principales centros urbanos. Si bien esto responde a la concentración de la población, hay provincias que sólo poseen una o dos editoriales que apenas sobreviven con ayuda oficial.



La cantidad de libros que el mercado argentino produce y, desde la devualuación, en gran parte exporta, no puede ocultar el carácter concentrado del sector. Tres de cada cuatro libros les corresponden a las grandes editoriales. El proceso de extranjerización a escala global pudo traer, según se argumentó en su momento, un lado bueno: la posibilidad de generar un intercambio entre literaturas y perfiles culturales de los países de habla hispana. Sin embargo, salvo por iniciativa de grupos específicos de narradores o por compilaciones bastante esporádicas, los catálogos de las propias filiales se desconocen entre sí. Cada tanto llega una novela o un ensayo de Lima, La Paz, México, Bogotá o Caracas.

Argentina y Colombia lideran el comercio exterior de libros en América del Sur. Según la publicación Nosotros y los otros, del Mercosur Cultural, un 77% de los libros exportados por la región sudamericana quedan en el continente. Esto muestra una baja capacidad de penetración en mercados internacionales más vigorosos, incluso España, que adquiere sólo el 1,6% del total exportado. Por el contrario, si se miden las importaciones se comprueba que sólo el 41% proviene de los mismos países, mientras que las compras a España trepan al 29%.

A contramano de los agoreros del libro en papel, hoy se edita más que hace cuarenta años. Sin embargo, los procesos de producción y el tipo de catálogos han cambiado. Se han reducido las tiradas de literatura: hay más libros de autor aunque menos ejemplares de cada uno en plaza. Al mismo tiempo, se han diversificado los libros de texto escolares y la literatura infantil. La cantidad, aquí, no expresa necesariamente un mejoramiento del producto editorial aunque sí su poderío económico.



Por otra parte, comienzan a utilizarse formas de impresión remota o por encargo, donde el libro se hace a pedido, y si el pedido proviene de otra ciudad, se imprime allí. El libro electrónico prolonga su período de prueba, pero es inminente su ingreso al mercado, aunque está por verse la apropiación de los lectores. Que haya muchos libros no es garantía de nada, todo placer e información podría satisfacerse con unos pocos títulos a contar con los dedos de una mano. Incluso la oferta de libros puede ser una excusa para que las cadenas comerciales de los shoppings vendan otro tipo de productos en la góndola de al lado. Por suerte, proliferan las ferias de usados y las librerías de viejo, muchas bibliotecas aún persisten en prestar libros a cambio de un carnet o del DNI. Y muchos amigos los ofrecen de sus bibliotecas con sólo pedírselos.
Por Gabriel D. Lerman

domingo, marzo 22, 2009

Leer para vivir ...Juan Villoro



Aunque el fin de los libros se anuncia con frecuencia, los desastres del mundo refrendan su importancia. En las cárceles, las dictaduras, el exilio, el secuestro y los hospitales, hay quienes han encontrado un consuelo en la lectura.

La lectura es como el paracaidismo: en condiciones normales la practican algunos espíritus arriesgados, pero en caso de emergencia le salva la vida a cualquiera.

Óscar Tulio Lizcano, víctima de la guerrilla colombiana, rindió un inaudito testimonio de la forma en que los libros preservaron su dignidad. En la clínica de Cali donde se recuperó de ocho años de privaciones como rehén de las FARC, habló de la selva donde perdió veinte kilos, pero no la lucidez. De los 50 a los 58 años vivió agobiado por las enfermedades, la desnutrición, las humillaciones de perder todo sentido de la privacidad. Para conservar la cordura, clavó tres palos en la tierra y decidió que fueran sus alumnos. Lizcano les enseñó política, economía y literatura. Como tantos maestros, se salvó a sí mismo con la prédica que lanzaba a sus perplejos discípulos. Un comandante vio el aula donde los palos tomaban lecciones, y decidió pasarle libros. Lizcano leyó a Homero, y seguramente admiró la desmesura de Héctor, que desafía al favorito de los dioses. "La poesía me alimentó", ha dicho el hombre cuya dieta material era tan ruin, que se veía mejorada por un trozo de mono o de oso hormiguero.




En las cárceles, las dictaduras, el exilio y los hospitales, otros lectores han encontrado un consuelo semejante. Aunque el fin de los libros se anuncia con frecuencia, los desastres del mundo refrendan su importancia. "Soy un optimista de la catástrofe", ha dicho George Steiner a propósito de la vigencia de la letra. Cuando el viento sopla a favor, la gente duerme la siesta. En los momentos de prueba y las horas bajas, busca el auxilio de un libro.

En Los náufragos de San Blas, Adriana Malvido relata la odisea de tres pescadores mexicanos que se extraviaron en el Pacífico durante 289 días. La sed, el hambre, el sol y los tiburones eran sus más evidentes enemigos. Tuvieron que sortear esos peligros, pero también el tedio, la convivencia forzada, las ideas que podían llevarlos a la demencia. ¿Cómo sobreponerse a esos días inertes e idénticos a sí mismos? Uno de los pescadores llevaba una Biblia, a la que atribuye su supervivencia.

Abundan los ejemplos de libros que han dado fortaleza en situaciones límite. De acuerdo con Bertrand Russell, la obra más impresionante y mejor escrita sobre la vida en cautiverio es Un mundo aparte, del polaco Gustaw Herling. Este testimonio excepcional también fue admirado por Albert Camus y Jorge Semprún. De 1940 a 1942, Herling estuvo preso en campos soviéticos de la región de Kargópol. Su libro revela el grado de aniquilación al que llegó el estalinismo. En ese "mundo aparte", los prisioneros dormían bajo un foco encendido, y sólo en el hospital recordaban lo que era la noche. Ahí, Herling leyó el testimonio de Dostoievski sobre Siberia, La casa de los muertos, sorprendido de que un libro sobre la dureza de la cárcel pudiese aliviar e incluso alegrar su encierro. Uno de los misterios de la literatura es que gratifica al mostrar el sufrimiento, y lo trasciende con la emoción de la obra lograda. Herling no encontró en Dostoievski una evasión, sino un espejo. La casa de los muertos le fue prestada por una mujer que leía esas páginas con obsesión y ansiaba que él terminara la lectura para volver a ellas. Al razonar su pasión por ese Libro de los libros, la mujer le dice a Herling: "Cuando no hay esperanza de salvarnos, ni la menor fisura en los muros que nos rodean; cuando no podemos levantar la mano contra el destino, precisamente porque es nuestro destino, solamente queda una cosa: levantar la mano contra nosotros mismos". Esa lectora ya no se sentía dueña de su vida. El libro le reveló que aún podía ser dueña de su muerte. La posibilidad de decidir su último destino, de suicidarse o aplazar ese acto, le otorgó una poderosa sensación de libertad. El pasaje muestra un caso límite, la disyuntiva final en la que seguir respirando implica un desafío. Gracias a la lectura de Dostoievski, el calvario se convirtió en una forma de la resistencia.


Vayamos a otro urgido de literatura. Hace un tiempo, Sean Connery recibió uno de esos premios por trayectoria de vida con los que el mundo del cine resalta su glamour. Después de una lluvia de elogios sobre la ardua tarea de besar mujeres hermosas en el papel de James Bond, alguien recordó el humilde origen de Connery en Escocia, el cuarto en el que fue recogido de bebé y donde le asignaron como cuna el cajón de un escritorio. Su destino original era el de un descastado, pero se convirtió en un ícono de la cultura de masas. Después de eso, el actor se limitó a decir: "Es cierto que mi origen fue poco auspicioso, pero a los cuatro años me ocurrió un milagro: aprendí a leer". El aprendizaje del alfabeto puede ser poco espectacular. Para alguien que dormía en el cajón de un escritorio significó un cambio de piel.

En caso de necesidad, la lectura salva. A veces, el libro en cuestión ni siquiera tiene que ser bueno. En 1781, Diderot curó la depresión de su mujer leyéndole novelitas sentimentales.

Kafka era más exigente: "Sólo me gustan los libros que muerden". En la cárcel o el naufragio, ese mordisco recuerda que no hemos sido destruidos. En la vida común permite que no seamos tan comunes.

La columna de Juan Villoro

viernes, marzo 20, 2009

Un escritor tiene más posibilidades de ser leído en Venezuela si su obra bordea la reflexión política.




Un grupo de autores debatió la omnipresencia del tema político en la literatura local en el foro Novela y política en Venezuela, organizado por el colectivo Relectura.

Francisco Suniaga, Héctor Bujanda, Luis Yslas y Armando Coll coinciden en que la literatura tiene pocas posibilidades de promover cambios sociales, pero la política, en cambio, sí convoca lectores.

Yslas, cofundador de Relectura, explica que el lector venezolano tiene muy en cuenta la realidad del país a la hora de elegir los libros que compra. "La novela histórica, la crónica y las obras de reflexión política son las más elegidas. Los libros que tratan hechos políticos tienen una respuesta positiva de los lectores, numéricamente hablando".

El académico considera que el hecho tal vez se explique a través de un contexto nacional en el que la política ha invadido todos los discursos, inclusive el literario. El librero Ricardo Ramírez aporta un dato aún más revelador: los clientes de la librería donde trabajó hasta hace poco ­se reserva el nombre­ solían preguntarle por la filiación política de un determinado escritor antes de decidirse a comprar un libro suyo. "Nunca sé que responderles, porque no he tomado café con todos los autores del país", dice.

A Armando Coll, autor de Close Up, el hecho de que los lectores tengan que saber de qué lado está un escritor para poder considerar si su obra vale la pena le parece lamentable. "No dejo de ir a un concierto dirigido por Claudio Abbado porque él sea del Partido Comunista Italiano y yo no simpatice con el comunismo. Sin embargo, reconozco la existencia de un mercado editorial estimulado por la inmediatez política. El caso de Danilo Anderson aún no se ha resuelto judicialmente, pero hay más de un libro sobre el tema".

RELACIÓN DELICADA


En el ámbito de la narrativa, ¿qué ocurre cuando un autor mezcla política y ficción? El tratamiento de la política en la novela es "un tema delicado, a veces tenso, cuyas relaciones nunca son fáciles", dice Yslas.

Para Bujanda, la novela y la política son "universos taxativamente separados que sólo en momentos cruciales llegan a cruzarse". El autor de La última vez, ganadora de la se- gunda entrega de la bienal Adriano González León, hizo del Caracazo el paisaje social de su novela.

Sin embargo, considera que la relación entre política y ficción no se da de manera natural, sino que "surge de manera intensa en períodos de gran crisis. Cada generación ha estado marcada por acontecimientos que ponen en el tapete la materia pendiente de hacer política. En estos momentos, los acontecimientos exigen cierta escritura meditativa de asuntos que no se disimulan en conversaciones en los cafés ni se su dan en los gimnasios. El desacuerdo consigue su forma en la novela, aunque en la literatura sean otros los que hablen".

Para Suniaga, autor de El pasajero de Truman, lo político se fue introduciendo en su obra de manera no intencional, casi intuitiva. "En el momento de narrar hay cuestiones que llevan a lo político, que es ineludible, y termina estando presente en la novela. Claro, no puedes pretender usarla como instrumento porque si te excedes, los propios lectores te sancionarán".

Paradójicamente, en tiempos convulsos, los lectores no buscan escapar de la realidad a través de la ficción, sino que terminan metabolizándola. "Estamos intoxicados de política", dice Coll. "Pero si uno ve la obra de autores que estuvieron sometidos a escenarios parecidos, nota que ellos buscan en la novela esa alteridad que la política de todos los días obvia.

Los venezolanos somos muy dados a la unanimidad y nos encanta estar de acuerdo. Ahora mismo vivimos en dos unanimidades que no admiten matices y exigen que uno se les adhiera sin reservas. La novela más bien se cuela en esa rendija que deja la unanimidad política".

Los escritores reconocen que la literatura tiene pocas posibilidades para hacer política, pero el tema les resulta ineludible. Empero consideran que aún no puede hablarse de la novela política como género en la literatura venezolana, como sí se hace en el caso de la novela policial y de la novela negra. "El tema de la escritura comprometida vale la pena revisarlo", dice Coll.



"Muchos escritores han acompañado procesos de transformación social y política, pero sus novelas no han sido factores de transformación por sí mismas". La novela "tampoco puede ser un lugar para sumar voluntades en períodos de transformación social", añade Bujanda. El tema, hasta ahora, no pasa de ser una cuestión de mercado.

Por: Carmen Victoria Méndez

los libros más buscados por los lectores venezolanos


Ensayos políticos, textos de historia y novelas que recrean los momentos más álgidos de la política contemporánea se han convertido en los libros más buscados por los lectores venezolanos, ávidos de explicaciones sobre el proceso que vive el país bajo la presidencia de Hugo Chávez.

“A partir de 2003 se produce un auge del ensayo político, como producto natural de la necesidad de explicación al fenómeno que vive la Venezuela actual“, dijo a la AFP Ulises Milla, director de la editorial Alfa.

En Caracas, las vitrinas de las librerías exhiben títulos como “Ideas para debatir el socialismo del siglo XXI”, de Margarita López Maya, “Hugo Chávez sin uniforme”, de Alberto Barrera y Cristina Marcano, o “El poder y el delirio”, del historiador mexicano Enrique Krauze, todos con el rostro del presidente venezolano en la portada.

“Una foto de Chávez ayuda a las ventas”, reconoció Milla. “Al final, él termina siendo el centro alrededor del cual gira todo, la razón por la cual se publican estos libros”.
Foto: Noticias24

Los textos de historia también se han convertido en éxito de ventas, al punto de que las editoriales han creado colecciones aparte para el género.

“Hay una búsqueda de la identidad, un deseo por conocer cuál es la raíz de lo que está ocurriendo en la actualidad política”, refiere Milla.

También las novelas históricas de contenido político tienen gran acogida entre los lectores en Venezuela.

“El pasajero Truman”, de Francisco Suniaga, que recrea la historia de Diógenes Escalante, candidato de consenso para ocupar la presidencia en 1945 y a quien la locura súbita se lo impidió, desatándose una crisis que terminó en golpe, es reconocida como el best-seller del último año.

En 2005 había sido éxito de ventas la novela “Falke”, de Federico Vega, sobre un grupo de jóvenes residenciados en Europa que a principios del siglo XX deciden desembarcar en Venezuela para derrocar la tiranía de Juan Vicente Gómez.

Héctor Bujanda, investigador en el Instituto de Estudios Avanzados de Caracas y autor de la novela “La última vez”, ambientada en los días del “Caracazo”, cree que el secreto de esas obras es haberse asomado a momentos conflictivos del pasado “con la mirada del presente”.


“Hay una idea de que los dilemas actuales han estado siempre presentes en la historia de Venezuela. Los periodos de grandes crisis institucionales y de lucha por el poder necesitan un discurso cultural. La gente quiere relatos de mayor alcance, que conecten con sus angustias y que den algunas respuestas”, señaló Bujanda.

Los libreros coinciden que el interés de sus lectores cambió radicalmente en el último lustro.
Foto: Noticias24

“Antes vendíamos principalmente literatura. Ahora es mucha la gente que viene buscando ensayos. Los clientes no han cambiado, pero sí sus preferencias, y eso ha tenido también una respuesta de los autores”, según Nikolai Herrera, de la librería Noctua de Caracas.

La publicación de ensayos políticos y textos de historia de Venezuela no sólo nutre a las editoriales privadas en Venezuela, sino también a las del Estado, como El Perro y la Rana o Monteávila, que tienen además su propia red de librerías.

En esa librerías abundan los textos sobre el Che Guevara, Fidel Castro, la revolución cubana y la guerrilla en Colombia. También hay libros de la marxista Marta Harnecker y de la colección de Le Monde Diplomatique.



El Perro y la Rana acaba de cumplir su tercer aniversario y se precia de haber editado hasta ahora cerca de 1.500 títulos y más de 40 millones de ejemplares.

Su director, Miguel Márquez, asegura que la editorial ha sido una “respuesta urgente, necesaria, incluyente, magnífica y revolucionaria, a tono con el país que estamos viviendo y sus políticas de inclusión”.

Por Nina Negrón
© 1994-2009 Agence France-Presse

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