martes, enero 27, 2009

El Estado decide los libros que se importan


La Cámara Venezolana del Libro (CVL) y los sellos editoriales internacionales se quejan. Se quejan de que aunque el Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio (Milco) hizo más expedita la emisión del Certificado de No Producción y las divisas se están tramitando sin mayores contratiempos, al final es el Estado el que decide la cantidad de ejemplares que se deben traer de una obra literaria.

Los funcionarios del Milco, aseguran los representantes de las editoriales, son quienes deciden unilateralmente la cantidad de ejemplares que se van a importar a Venezuela. "Por ejemplo, El secreto, de Rhonda Byrne, tiene compradores en el país por el orden de las decenas de miles de ejemplares, pero el Milco decide que no pasan de unos cientos", asegura José Luis García, editor del sello Urano Pomaire.

Ante tal panorama, los editores han tratado de buscar salidas alternativas y plantean imprimir los libros en el país. Pero la industria gráfica venezolana también requiere de las divisas de Cadivi para la adquisición de papel, tinta, maquinarias o repuestos; y por otra parte, Cadivi no tiene un rubro o providencia que cubra el pago en divisas de los derechos de autor en el exterior.

En el caso de la impresión de pocos ejemplares (menos de mil libros), los costos en Venezuela se hacen mucho más onerosos, por aquello de que a mayor cantidad menor costo por unidad, y viceversa, lo que redunda en el bolsillo del lector.

Poner la mesa para 2009 La presidenta de la Cámara Venezolana del Libro, Yolanda de Fernández, no ve luz al final del túnel. "No hay una luz clara. Seguimos viviendo en la oscuridad", dice para referirse a lo que espera el sector libro para 2009.

"Estamos esperando que devuelvan el libro al listado de los rubros prioritarios del país", agrega Fernández, quien asegura que la carencia de títulos a finales de 2008 afectó sobre todo a los libros técnicos (textos universitarios y especializados) y a las novelas.

Pero los próximos meses no se vislumbran más alentadores. Es lo que dice Mariana Marzuk, gerente del sello editorial Santillana. "El 2008 fue resuelto con creatividad. Con la resolución del Milco, nos replanteamos la dinámica de las importaciones: pasamos a imprimir títulos localmente y nos pudimos bandear con la carta de no producción. También desarrollamos productos locales, como la colección Llámalo amor, si quieres y editamos algunos autores del país. Pero ahora es mucho más complicado porque tenemos limitaciones en la cantidad de ejemplares que estamos importando".

No es el único problema que tienen los sellos editoriales en Venezuela, dice Mariana Marzuk. "El año pasado quisimos imprimir aquí, pero no tenemos cómo pagar los derechos de autor. Lo hicimos con la colección vampírica de Stephenie Meyer, de la cual hemos imprimido en Venezuela Amanecer -el cuarto título de la colección-, pero le tenemos retenido a la autora el pago de sus derechos de autor hasta que no se logre la providencia con Cadivi", puntualizó.

Esta situación es similar para Planeta, que en la voz de su directora editorial, María Elena Rodríguez, el gran problema es "las cantidades de ejemplares. Milco los aprueba todos, nadie dice si se puede o no traer tal título, sino que interfieren en la cantidad. No entendemos el criterio, y creo que una buena sugerencia es que se asesoren con la Cámara Venezolana del Libro, teniendo en cuenta los puntos de venta de cada editorial, pues para volver a solicitar la carta de no producción hay que esperar seis meses, y eso afecta a los lectores".

Víctor García, director comercial de Random House Mondadori, también enfatiza en ese aspecto, aunque ellos han apostado mucho por los autores y la industria nacional, pero "no creemos que eso sea lo único que hay que hacer. Yo creo que se pueden hacer las dos cosas: seguir importando, porque hay títulos que no se producen acá, e imprimir otros aquí".

En el primer caso, dice que hay títulos que pueden interesarle a un máximo de 300 lectores, por lo que hacer una tirada venezolana de esa cantidad saldría sumamente costosa.

No hay miedo a que haya recorte en la cantidad de divisas, porque -argumenta Víctor García- en definitiva el sector del libro no invierte más de 50 de millones de dólares al año, "y eso es fácilmente comprobable con auditorías a las editoriales".

José Luis García de Urano-Pomaire agrega que el problema de hacer libros en el país "es que tampoco se pueden exportar, porque los derechos de autor sólo los venden para Venezuela. Si revisas las librerías verás que sólo hay libros de 2007 y muy pocos de 2008".

Este sello, líder en autoayuda, espera el pedido de diciembre para febrero, con la condición de que ahora no dejarán títulos en consignación en los anaqueles, sino que deberán ser comprados por los libreros.

Ana María Hernández G.

domingo, enero 25, 2009

Los libreros y sus bibliotecas personales ...Juan Ignacio Rodríguez



Sergio Parra: Metales Pesados

Nada o casi nada de libros nuevos. Sergio Parra es un busquilla de narrativa, de las ediciones castellanas de esa literatura que muestra personajes decadentes en mundos sórdidos y, en general, obras con un cariz biográfico. En su biblioteca viven John Wain, John Hawkes, Richard Yates, Tennessee Williams. "No hay nada que no tenga que ver con mi mundo, la clase media, el desencanto, la condición humana; busco escritores que miran su vida, la enfermedad, la ciudad", explica Parra.

Lleva en su chaqueta una pequeña libreta negra donde anota lo que le urge conseguir. Allí se lee, por ejemplo: "John Rechy, La ciudad de la noche". Tiene cosas que muy pocos poseen, como la biografía de Céline (su autor preferido) que hizo Maurice Bardéche. También se descubre Selected Poems de Seamus Heaney, con una dedicatoria del autor fechada en 1992, tres años antes de ganar el Nobel de literatura.

Los libros están repartidos en su departamento, la mayoría en una estantería a los pies de su cama, otros sobre el escritorio, en una mesa de centro y en una vitrina donde tiene la poesía. Los ordena por afecto: si ama más uno está en un lado, si el cariño es menor, en otro; así de simple.

Uno de esos amados es un regalo de Roberto Bolaño, la edición venezolana de Los detectives salvajes, la misma que ganó el premio Rómulo Gallegos. Iban a comer empanadas y en el ascensor Bolaño se lo pasa. Es lo único que tiene de él en su hogar, no porque no le guste, sino porque ningún otro tendría el valor de ése: "Cada vez que lo veo me recuerda a Roberto, lo poco e intensamente que nos conocimos", confiesa.

Para abastecer su necesidad, Parra recorre librerías de textos usados, sobre todo en el extranjero (México, Argentina), y algo en Chile; también les encarga obras a amigos. Tras una de esas búsquedas se llevó una agradable sorpresa: compró Los amores singulares, de Roger Peyrefitte, y una vez en su casa, al revisarlo, descubrió en la primera página la firma de José Donoso, fechada en 1975. El libro había sido de él.

Joan Usano: Takk

"Soy fanático de las bibliotecas". Joan Usano es catalán y le llama la atención que en Chile, por lo que él ha visto, la gente no tenga la librería en el comedor de sus casas. Sus libros sí están allí... y en el living y en los dormitorios.

De los dos mil setecientos volúmenes que posee, mil quinientos se encuentran en España, embalados por su madre en cajas. Cuando llegó a Chile hace nueve años, empezó desde cero, salvo por unos veinte títulos que viajaron con él.

Aunque predomina la narrativa y el ensayo histórico y social, Joan se define como un lector heterodoxo que se interesa también por la ciencia, el arte y la arquitectura. ¿Cómo ordena sus libros? La respuesta es simple: "Ya sabes, en casa de herrero, cuchillo de palo".

Aunque no tiene textos especialmente valiosos, se da sus gustos; como la obra completa de Miguel Ángel editada por Taschen -"un capricho mío"-, o la de Miguel Hernández y la casi completa de Javier Marías, su autor predilecto a los veinte años.

No le importan las primeras ediciones o las firmas -"me trae sin cuidado"-, sin embargo algo tiene: la primera edición de El caballo de copas de Fernando Alegría y dedicatorias de Javier Marías y Gonzalo Rojas.

Joan Usano no busca títulos particulares, los libros le llegan, se los encuentra. Uno de los últimos descubrimientos fueron unas pequeñas ediciones de George Steiner del Fondo de Cultura Económica: La idea de Europa y Diez posibles razones para la tristeza del pensamiento.

Para Joan no hay más templos sagrados que las librerías y bibliotecas: "Soy de la tradición de pensamiento que viene de Nietzsche, de los ateos, que creen que todo es una creación del hombre. ¿Y quién resume mejor eso? Los libros, es lo que trasciende, lo más importante", afirma convencido.

Ángelo Villavecchia: Ulises

Antes de su biblioteca actual, Ángelo Villavecchia tuvo otras, incluso cuando niño; casi todo se perdió por los cambios de hogar (incluido un período de vida en Ecuador y otro en Italia), y porque, hoy, se encarga de seleccionar lo que mantiene: el resto lo desecha, regala o presta. "Es una biblioteca que se va destruyendo y construyendo a cada rato", dice.

Su biblioteca actual se levanta en un espacio de tres por cuatro metros dedicado sólo a ello, que se completa con un sillón, un escritorio y un banquillo. No sabe cuántos libros tiene, sólo confiesa que son más de los que debiese y menos de los que quisiera.

La mayor parte de los textos los adquiere a través de la librería -muchos viajan desde el trabajo a su casa y viceversa-. La otra fuente son los viajes. En uno de ellos descubrió una de las joyitas que tiene: una edición de 1800 de La Divina Comedia en tres volúmenes que compró en Milán.

Aunque sus gustos cambian, Ángelo tiene algunos autores "querídisimos", como Franz Kafka y Günter Grass o "sus" rusos: Chéjov, Tolstoi, Dostoievsky y Turgueniev.

Si bien en la época de sus estudios de filosofía predominaba esa temática, hoy en su biblioteca se encuentra de todo: poesía, ensayo, literatura. No se ocupa en el coleccionismo, pero ahora que hay "un poquito más de poder adquisitivo" se ha vuelto más exquisito con la calidad de las ediciones. De todos modos, no es lo más importante: "No recuerdo un momento en mi vida en que no haya leído (...) En mi casa siempre ha habido y va a haber una biblioteca; cómo sean las ediciones, eso ya depende del momento en que estás", afirma.

Juan Aldea: Feria Chilena

Cuando Juan Aldea tenía 18 o 20 años, su gran ilusión era ser escritor; quería transmitirle a la sociedad pensamientos que -creía él- podían servirle. Pero se dio cuenta de que no tenía talento y tomó una decisión: "Voy a entrar a una actividad que pueda difundir el pensamiento de otros". Hoy, según afirma, trabaja con 70 mil títulos y vende 15 millones de dólares al año: preside la Feria Chilena del Libro.

El impulso ha sido también la vergüenza... la "vergüenza de no saber las cosas", confiesa. Hoy ese conocimiento lo pone a prueba con ¿Qué sé yo?, de María del Carmen Rodríguez. También se ocupa en textos que le enseñen una "filosofía de vida". Le gustó mucho El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, o El factor confianza, de Stephen Covey: "Un libro que me hizo ver que los valores tradicionales, como la lealtad, no sirven si no existe la confianza", revela. Hoy está terminando Aún no ha sido todo dicho, de Cristián Warnken, un libro que para Aldea es "francamente emocionante".

Fuera de esa filosofía para la vida, las lecturas que más le atraen son las de política contingente y de megatendencias (para saber, por ejemplo, qué pasará con el libro en 15 años más). También de marketing y otros que lo ayudan con su negocio: "Me satisface ver que pienso lo mismo que el gurú de una materia, me doy cuenta de que estoy bien, de que no estoy equivocado". Y hay dos autores a los que se "devora" cada vez que publican: Milan Kundera y Sándor Marai.

En general, vuelve a las lecturas de los clásicos: Maquiavelo o El Arte de la guerra (que también aplica a su empresa), son dos casos. Como desafío personal quiere leer el Ulises, de James Joyce, y entre sus próximas lecturas está Gomorra, de Roberto Saviano, y El resto es silencio, de Carla Guelfelbein. Aunque no tiene incunables, sí puede lucir obras firmadas por Pablo Neruda, Jorge Edwards y Mario Vargas Llosa.

La biblioteca de Juan Aldea se alimenta de muchas de las muestras que le envían y de lo que le hacen llegar los jefes de la cadena de librerías (les tiene encargados los temas que le interesan). ¿Libros usados? Por ningún motivo, es una cuestión de higiene: "No sé si por formación o deformación mental, pienso en qué manos han estado, por qué baños han pasado, qué enfermedades... es como un billete usado", piensa.

Arturo Infante: Catalonia

Arturo Infante divide su vida entre su parcela y su trabajo en Santiago. Lo mismo pasa con su biblioteca; una parte está en su casa y la otra en su oficina, un espacio de cuatro por siete metros donde inmediatamente se destaca la pared ocupada por una estantería con los respectivos volúmenes.

Aunque en un primer momento parecen predominar libros útiles para su profesión (diccionarios, gramáticas, manuales), en el librero comienza a aparecer Adiós a todo eso, de Robert Graves -"me gustó mucho cuando lo leí"-; Los monederos falsos, de André Guide; los dos tomos de La guerra civil española, de Hugh Thomas -un libro "muy especial"-, y El libro del desasosiego, de Fernando Pessoa, un autor que Infante considera de cabecera y que -opina- es de esos que pueden tomarse en cualquier página.

Como tiene que leer mucho por necesidad profesional, cada vez son menos las lecturas por placer. De hecho, aún no decide qué se llevará para este verano; su preocupación es terminar de leer -antes de irse de vacaciones- lo que su labor de editor le impone. De todos modos, entre trabajo y trabajo se da el tiempo para tenderse en el bergere que tiene en su oficina -y que se transforma en cama- para ojear algo por puro gusto: "Como quien hace la cimarra, una transgresión que uno hace consigo mismo", dice.

Si bien hay algunos nuevos, casi todos sus volúmenes son viejos: la primera edición castellana de Gran Sertón: Veredas, de Joao Guimaraes, o una de 1976 de la Divina Comedia, de Dante Alighieri, entre otros.

Lee de todo: ensayo, novelas y poesía. Le gustan los cuentos: "Es como tomarse un helado, una degustación... un cuentito de Borges, Cortázar, Collier, Poe". Lo que está de moda lo pasa, salvo si se lo recomiendan. Una obra que descubrió tarde fue la de Gabriela Mistral, a quien -ahora- le gusta mucho volver a leer.

Infante es un partidario de las bibliotecas: "Lo rico de la biblioteca es que está viva, tienes una inquietud y te salta el libro; reivindico tenerla". La suya, en su oficina, incluye una vitrina justo frente a la mesa ovalada que está a un lado de su escritorio: "Trabajar con los libros debe ser el oficio más entretenido", apunta.
EL MERCURIO

miércoles, enero 21, 2009

Gandhi, la primera librería mexicana en vender libros electrónicos (ebooks),



La tienda de libros mexicana Gandhi ha sido pionera al ofrecer su catálogo completo en Internet. Recientemente adoptaron el sistema de pago por PayPal e incluso le regresaban a los clientes el 50% de la compra a los que utilizaran este sistema (yo lo usé y me devolvieron la mitad de lo que pagué a mi cuenta de PayPal).

Ahora son los primeros en animarse en ofrecer libros electrónicos o ebooks en su tienda en línea. Actualmente están ofreciendo libros gratis a manera de prueba y se pueden encontrar grandes ofertas.

Según el sitio, sus ebooks son compatibles con el lector de PDFs Sony Reader y con cualquier software de PC, Mac o Linux que sea compatible con el formato de Adobe. En el sitio hacen algunas recomendaciones.

VIA: fayerwayer.

domingo, enero 18, 2009

La autobiografía lectora de Michèle Petit ...Juan Domingo Argüelles


"Desde hace algunos años me resulta difícil congeniar –más por ellas que por mí– con las personas que sólo saben leer en los libros y no hallan ninguna lectura atractiva y apasionada en la existencia misma. Mis conceptos sobre la lectura, ni místicos ni misioneros, les parecen inaceptables. Es gente que, por principio, confunde pasión libresca con intolerancia, cree que todo lo valioso de la vida está únicamente en los libros y no alcanza a comprender que los mejores libros, y aun los peores, están hechos precisamente de vida.

A pesar de todo, entiendo a estas personas (que se sorprenden o se incomodan y a veces incluso se irritan con mis opiniones acerca del libro y la lectura), porque durante mucho tiempo yo fui como ellas y creí que la única vida que valía la pena vivirse sólo podía encontrarse en las páginas de los libros. Aun sin yo proponérmelo era un pedante, y un dogmático de la cultura libresca, al que hoy veo, a la distancia, con algo de pena, cierto grado de arrepentimiento y un poco de indulgencia."
"...

No leer, nada más, para acumular lecturas (así sean lecturas de grandes obras y de importantes autores), sino leer para que cada experiencia de lectura nos devuelva lo mejor de la existencia y nos haga sentir que la vida es maravillosa (aun con todos sus dolores, desdichas e inconvenientes) no sólo porque hay libros, sino porque esos libros no nos exigen apergaminarnos y encerrarnos en lo simplemente libresco; antes por el contrario nos prestan alas y libertad para salir a la fresca intemperie.

Idealmente, la mucha lectura de libros debería enseñarnos su verdadera utilidad que no es, por supuesto, la soberbia intelectual, sino la mayor capacidad de comprender y, con ello, de respetar las diferencias; en una palabra, ser más tolerantes con los que no son como nosotros. Lo que ocurre es que muchas personas están convencidas de que leer libros (y, sobre todo, leer muchos y “buenos libros”) les da supremacía no sólo intelectual, sino también moral frente a los demás mortales. Los libros no les han servido para atenuar, sino más bien para inflamar, esas extrañas ínfulas. Insólita y cruel paradoja de lectores instruidos y, se supone, racionales y sensibles: no comprenden y, por tanto, no respetan ni toleran, sino que vilipendian, al analfabeto y al que “no lee”. Los insultos, todos, que aplican a los “no lectores”, son sinónimos de bestia: asno, burro, jumento, animal y muchísimos otros aún menos “cordiales”. Ser lector no equivale a ser inteligente. ¿Cómo explicarnos esta sinrazón?"


Leer es, generalmente, un acto de soledad que sólo nos reivindica como especie si conseguimos que esa soledad se vuelva comunión con los otros y con el mundo que está más allá de las páginas de los libros. Esto es lo que vengo diciendo y escribiendo desde hace varios años, y es lo que no siempre comprenden los fundamentalistas librescos (como aquel que yo fui) que creen que lo más importante es lo que está en los libros y no lo que está en la vida (en nuestro pensamiento, en nuestro espíritu), con libros o sin libros. Para que el acto de leer un libro sea provechoso, esa lectura tiene que regresarnos con más ímpetu a la amplitud y vastedad de la existencia, y no enclaustrarnos en la estéril erudición o en el simple saber libresco, por muy profundo que éste sea.

No es que los libros no valgan la pena. Nunca he dicho ni escrito nada semejante ni lo diré jamás. (El gran problema de la lectura es que mucha gente lee sin leer y por ello entiende sólo lo que quiere entender: no lo que está en los libros, sino lo que ya está fijo, petrificado, en el búnker mental de sus “certezas”.) Lo que sí digo es que la vida siempre será mucho más rica y mucho más plena que los millones de libros que hay en el mundo, y que puede ser extraordinaria si le añadimos la experiencia afortunada de los libros, cuidando de no quedarnos, para siempre, enterrados y ciegos (como los topos), en las tibias y cómodas profundidades de la celulosa."

Tuvieron que pasar muchos años y varios cientos de libros para que yo alcanzara a saber que lo mejor que pueden hacer los libros por nosotros no es acumular obesidad impresa, sino animar y potenciar nuestra existencia, tornándola más ligera, menos pretenciosa y mucho menos arrogante y autoritaria."

Leyendo y releyendo Una infancia en el país de los libros, de Michèle Petit, en más de un momento me acordé de lo que sostiene Alessandro Baricco en uno de los ensayos más provocativos e inteligentes de su libro Tótem (“Queridos jóvenes, es mejor no leer”, 2003): quienes leemos y escribimos casi siempre provenimos de una herida no cicatrizada o de una derrota no siempre bien resuelta; quienes leemos y escribimos no estamos conformes con el mundo que nos ha tocado vivir y, por ello, tratamos de encontrar las respuestas en nuestra soledad en medio de los libros, adentro de las páginas.

Leemos, en realidad, para leernos, para encontrarnos, para saber de qué va la cosa y para poder entender nuestras debilidades e insatisfacciones. Dice Baricco, y dice bien: “Leer es siempre la revancha de alguien que en la vida fue ofendido, herido.” Y añade: “No sé si esto tiene alguna relación con la ‘humanidad ofendida', de la cual escribía Adorno. Sé que la gente de libros es, por lo general, gente que sufre.” De ahí que concluya que “leer libros es una forma inteligentísima de perder”.

LEER COMPLETO EN LA JORNADA :Juan Domingo Argüelles

viernes, enero 16, 2009

Infografía: Lectores de libros electrónicos


Trama y Texturas 7. y otra de Txetxu Barandiarán


índice del número:

01_Fruta de la pasión

Editorial

02_Pulpa

Por qué escribo / George Orwell

03_Hueso

El libro: su pasado y su futuro. Entrevista a Roger Chartier / Ivan Jablonka

La biblioteca en la nueva era / Robert Darnton

Fractura digital y alfabetización: nuevas cuestiones acerca del acceso / José Afonso Furtado

El último viaje del libro hacia las nuevas tecnologías / Antonio Gómez Rufo

Reflexiones sobre el sector del libro / Felipe Romero

Panorama de la edición independiente en Latinoamérica / Guido Indij

04_Macedonia

Mikel Alonso

05_Néctar

Bernard Pivot se va de vinos / Juan Ángel Juristo

Editar un cóctel molotov / Paula Izquierdo

06_Vaina

Estudio de comercio interior. Participación y asociacionismo / José María Barandiarán

La novedad: por qué Stieg Larsson vende y las revistas culturales no / Esteban Hernández

07_Rabillo

Libros y blogs


Informe 2008: Leer para aprender

José María Barandiarán, Elogio de la librería especializada
Ver PDF |

miércoles, enero 14, 2009

NUEVA OFERTA DE CURSOS Y SEMINARIOS EN EL PROGRAMA INTEGRAL DE FORMACIÓN EN LINEA BANCO DEL LIBRO


ABIERTAS LAS INSCRIPCIONES PARA EL PROGRAMA EN LÍNEA DE FORMACIÓN DE PROMOTORES DE LECTURA 2009

Reflexionar sobre los cambios que vivimos con la llegada de las nuevas tecnologías, guiar en la selección de material para el aula, la biblioteca o el hogar, crear estrategias innovadoras para incentivar el placer de la lectura son algunas de las acciones que emprendemos desde hace 48 años en el Banco del libro. Experiencia que podemos compartir hoy a través del Programa Integral en línea de Formación de Promotores de Lectura.

Te invitamos a que tú también seas parte de esa red de mediadores de Venezuela y el mundo que han participado en nuestros programas de formación, actividades y servicios. Te adjuntamos nuestra oferta de formación en línea para el año 2009. Ya están abiertas las inscripciones para todos los cursos del primer semestre.

También podrás visitarnos, conocernos y solicitar información sobre nuestros cursos a través de:www.bancodellibro.org.ve/portal/ y por los correos cursosenlinea@bancodellibro.org.ve y cholmes@bancodellibro.org.ve

Carolina Holmes
Área de Formación en línea Banco del Libro
Coordinadora

Banco del Libro
Av. Luis Roche, Altamira Sur

Apartado de Correo 5893, Caracas 1010
Tfno. +58-212 2663621
http://www.bancodellibro.org.ve

Curso Básico
Teoría de la Lectura y estrategias para su promoción
Ofrece al participante una visión ampliada ‐histórica y cultural‐ del acto de leer, que le permitirá valorar la lectura como práctica individual y social. Así mismo se le ofrecerá un panorama de los materiales de lectura para niños y jóvenes y las herramientas para vincularse de mnera afectiva con el oficio de promotor.
Duración: 5 semanas.
Inicia: jueves 22 de enero
Profesores: María Beatriz Medina, Carmen Martínez, Cristina Molinati
Costo: 260$ (559 Bs.)

Curso Básico
Estrategias para el uso y tratamiento de la información en la promoción de la lectura.
Este curso está diseñado para extender un espacio de reflexión y práctica en torno al quehacer del promotor de lectura en el silo XXI en el manejo y selección de materiales informativos, tanto impresos como virtuales.
Profesores: Olga Gonzalez, José Urriola, Carmen Martínez
Duración: 5 semanas
Inicia: jueves 19 de febrero
Costo: 260$ (559 Bs.)

lunes, enero 12, 2009

Relacionar literatura con erotismo


Relacionar literatura con erotismo me surge como un tema muy natural, porque desde siempre he visto en la primera los indicios del segundo, incluso desde antes de aprender a descifrar los signos escritos del lenguaje, cuando la relación con el libro era un mero hecho táctil, sensual, curioso, excitante, un roce de los dedos contra las tapas finas de los libros empastados que atraían mis dedos infantiles a la zona más prohibida de la biblioteca de mis padres. Una oportunidad de acariciarlos como forma de preparación a torturas inocentes: unas rayas de colores, unos ideogramas que puedo apreciar después de los años sobre aquellas páginas enigmáticas e indescifrables. Sin embargo operaba un magnetismo, una necesidad de contacto con los libros que era el anuncio de una pasión más salvaje y más racional que iba a devorar buena parte de mi infancia y mi adolescencia: la lectura.

Diego Muñoz Valenzuela, escritor chileno

VIA: Deakialli DocuMental


¿El precio fijo del libro, consigue que leamos más?


"En países donde el precio de libro es libre, donde prácticamente el descuento es lo que marca todo, el problema surge en que solamente sobreviven aquellas librerías que tienen la capacidad financiera para dar grandes descuentos, y sobreviven aquellos que son capaces de generar mucha venta en muy corto tiempo."
"También hay que decirlo, durante muchos años las editoriales mexicanas fueron bastante codiciosas en sus márgenes y en sus precios, con lo cual llegaban a precios que superaban los de Estados Unidos y nuestra capacidad no es la de allá. Primero tenemos que pensar en los precios; segundo, tenemos que acompañar con buen contenido, no hay mejor manera de motivar y seducir a los lectores que con buenos libros; tercero, las políticas de educación del Estado,"
Pedro Huerta, director general de Random House Mondadori en México

sábado, enero 10, 2009

¿Qué hacen los libros mientras nadie los lee, mientras nadie los mira?...Bernard Pivot


"Entre los libros y yo la batalla ha sido ruda. Oficialmente, nos amábamos. Era sabido que nos prestábamos un servicio mutuo: yo les hacía publicidad y ellos me daban de qué vivir. De puertas para afuera, nuestras relaciones eran excelentes: yo les abría mi puerta con cortesía, cordialidad e incluso, a menudo, con afecto, y ellos se dejaban manipular, abrir, romper, leer, sin rebelarse nunca. Para todo el mundo, el libro y yo formamos un dúo de viejos cómplices con caracteres complementarios. Pero la verdad era otra.

Los libros son implacables invasores. Con cara de nada, con una paciencia infinita y siempre más numerosos, se vuelven dueños de los lugares. Pronto consiguen desbordar las bibliotecas en las que se les ha otorgado residencia. Como las multitudes de caracoles en las novelas de Patricia Highsmith, escalan los muros, suben hasta los techos, se instalan sobre las chimeneas, las mesas, los canapés, se fijan en las intersecciones, penetran en los armarios, las cómodas y los cofres y, cuando moran en tierra, proliferan sobre la alfombra o sobre la madera en pilas inestables y arrogantes. Ninguna habitación está prohibida a los libros. Ninguna les repugna. Los que no han podido acceder al salón, la oficina o la habitación se contentan con los baños, con el estudio, con los corredores o incluso con el san alejo por el cual transitan las papas, los tarros de mermelada, el vino etiquetado, la aspiradora y las pelotas de lana para tejer. Cohabitan con las arañas. No tienen alergia al polvo. Agrupados, apretados los unos contra los otros, tienen la estabilidad y la perseverancia de menhires. En otros tiempos, los ratones los roían pero, ante la proliferación de carátulas duras, casi todos han renunciado. Los ratones son la prueba de que una demasiado grande acumulación de impreso puede desmotivar. Con el paso del tiempo, los libros se han convertido en feroces colonizadores. Roban espacio sin cesar y su voracidad se revela tanto más eficaz cuanto que es silenciosa y que sus movimientos lentos y usurpadores se hacen bajo la cobertura tranquilizante de la cultura y con la bendición de los profesores. La verdadera ambición de los libros es la de expulsar a los hombres de las bibliotecas y de sus casas y ocupar todo el territorio para su grandioso y solitario goce.
Hace más de quince años, los libros han decidido –¿por qué yo?, ¿tengo una cabeza de colonizado?, ¿una reputación de ciudadano dócil?– hacerse dueños de mi apartamento y de mi casa de campo. Entonces, bajo el pretexto de una emisión de televisión semanal y de una revista mensual, han comenzado a invadirme. Después, no hay día (fuera de los domingos y los feriados) que no se introduzcan en mi domicilio, individualmente o agrupados, llevados por el cartero o por mensajeros, ofrecidos, a mi disposición, serviles.
Pero yo conocía sus triquiñuelas. Y me defendí. Para no quedar sumergido, me impuse la disciplina de eliminar unos cada día, sobre todo los domingos y días feriados, cuando los invasores hacen la tregua. Es cobarde, lo reconozco, pero ante un peligro tan grande el respeto del código del honor habría sido suicida. Cerca de la puerta de salida hacía pilas, que partían a casas de parientes, amigos, bibliotecas, etc., donde continuarían su invasión silenciosa e hipócrita."
Traductor
Luis H. Aristizábal

viernes, enero 09, 2009

"No.... Esos autores no se publican en Cuba..."

¿Guillermo Cabrera Infante? El librero de la Plaza de Armas, en el centro de La Habana, mueve la cabeza nervioso, con los ojos chispeantes: "No. Entienda: Esos autores no se publican en Cuba...". ¿Pedro Juan Gutiérrez? "Ese tampoco. Está fuera", y el sexagenario y sagaz vendedor entreabre una sonrisa. Confrontado con la permanencia de Gutiérrez en la capital cubana, completa el argumento. "Él es un disidente, piensa diferente del gobierno, usted no lo encuentra en las librerías. Ni aquí, vea".

Lo que hay en la cuadrangular feria de libros es un mar tranquilo de Che Guevara, Fidel Castro, revolución y Ernest Hemingway, además de los toques de santería y mitología. Dos de los más electrizantes autores cubanos contemporáneos están fuera de los anaqueles. Con un detector de malicia, el librero sigue: "Aunque Cabrera, después de muerto... Todavía se encuentra, pero es difícil. Tengo otro aquí, preste atención: Leonardo Padura Fuentes". Ofrece el libro Adiós Hemingway & La cola de la Serpiente. "Mire, son narrativas policiacas, pero solamente en la superficie. ¿Notó? Van más allá, van más allá...", insinúa.

Los pensamientos menos reglados todavía piden a Cabrera Infante, rememoran sus dentelladas históricas en la yugular de los revolucionarios de 1959. Se siente la evocación del poeta Federico García Lorca, en la puerta del Hotel Inglaterra, paralizado con la lluvia caribeña y las "cataratas del cielo".

Cabrera: el calor de sus libelos, los juegos verbales, el manejo irónico de los sustantivos. El exiliado y sus obsesiones. El autor de Tres tigres tristes, Mea Cuba y La Habana para un Infante Difunto, sepultado en el exilio en Londres, en 2005, sigue contorciéndose en la narrativa que venga una ciudad perdida, arruinada y vaciada en sus 40 años de ausencia. Difunta desde que partió de Cuba, definitivamente, en 1965. Vino a enterrar a la madre y a renunciar a las funciones diplomáticas en Europa. Terminó preso. La última prisión.

Revolucionario de primera hora, rompió con Fidel Castro después de los primeros gestos de censura a la creación artística. Un cerco a la libertad de pensamiento que su rival Gabriel García Márquez calificó, en un reportaje de 1975, como una "valorización desmedida" de la importancia del artista en el mundo. Una condescendencia fantástica con el régimen cubano, merecedora de zapatazos de Cabrera, que detectó en el Nobel colombiano, el "candor que se confunde con cinismo".

Claudio Leal
La Habana, Cuba

jueves, enero 08, 2009

Le presto un libro a alguien porque ya sé que me lo devolverá mejorado


"Por eso nunca presto un libro. Ok, casi nunca. Prefiero regalarlos e imaginar que vuelan sin mí. Hubo noches que desperté con fiebres a mitad del sueño pues deliré con alguien vendiendo mis libros allá a la distancia. Piche subconsciente. A mi hermana le gusta prestarlos nomás, verlos volar más que nada. La pura gana de verlos libres. No me lo van a creer pero tengo la capacidad de agarrar cualquiera de mis libros y saber si alguien lo estuvo leyendo. Esos lectores fantasma, en ocasiones, me arruinan la experiencia, no me quito de la cabeza sus posibles lecturas y me lo echan todo a perder. Algunas veces sucede lo contrario: le presto un libro a alguien porque ya sé que me lo devolverá mejorado. Como si sus ojos desorganizaran la tinta y lo reescribieran a su antojo. Regresan, entonces, con alas supersónicas y 200 páginas más que sólo yo puedo leer."
Alan Mills
VIA: Marcos Taracid

las posibilidades de “extender” el concepto del libro...Enrique Dans


"creo que la relación entre el libro y la red se desarrolla en un continuo con diferentes elementos entre el extremo más conservador, el libro de toda la vida editado únicamente en papel al estilo tradicional y sin contrapartida en la red, y el más vanguardista, que sería la edición completamente electrónica en la que no se lanza en papel. Entre ambas, se sitúa un amplio abanico de herramientas y posibilidades no exclusivas:
  • Ficha en la web con la referencia del autor y una breve reseña
  • Material adicional de tipo comercial en la web (entrevista con el autor, dossier de prensa, comentarios de terceros, etc.)
  • Disponibilidad para búsqueda en Google Books o en Amazon Search Inside
  • Disponibilidad de parte o de la totalidad del libro en Amazon Look Inside
  • Material adicional de tipo editorial y referenciado desde el propio libro (URLs, Bidibooks, etc.)
  • Disponibilidad de una parte del libro (un capítulo, etc.) en pdf en la web
  • Disponibilidad del libro para su lectura en Amazon Kindle
  • Disponibilidad del pdf completo para su descarga en la web
  • Material adicional de tipo editorial en la web (referencias extendidas, vínculos adicionales, vídeos con contenido no comercial, etc.)
  • Blog sobre el libro
  • Wiki del libro con contenidos adicionales al libro abierto a la participación
  • Etc…

Y la pregunta, claro, es cuántas de estas detraen ingresos del canal tradicional, y en qué medida lo hacen. Mi impresión - de nuevo, yo soy el que se implica, no el que se compromete - es que existe ya un importante número de libros disponibles en pdf en la web para quien sabe buscarlos, y que las ventas que dicha disponibilidad detrae de la edición tradicional son casi nulas. Desde casos como el del conocido Cluetrain Manifesto o el Unleashing the ideavirus de Seth Godin, disponibles íntegros en pdf pero con un buen registro de ventas, hasta sitios como Planet PDF, Project Gutenberg o Google Books (para libros en dominio público), la verdad es que no veo, considerando los números habituales que se barajan en la industria, que haya un impacto directo apreciable sobre ventas.

Pero lo que de verdad me intriga es el caso del libro extendido, la posibilidad de convertir la web en algo que añade valor a la edición en papel: libros que se suplementan con materiales audiovisuales, con hipervínculos, con revisiones posteriores que no justifican una reedición pero sí pueden añadir valor al lector, o incluso con colaboración de lectores para “mejorar” el contenido, como es el caso del conocido “Wikinomics“, de Don Tapscott, y esa wiki que en ningún caso “revienta” el contenido del libro, sino que lo complementa y, seguramente, hasta le añade incentivo comercial para quienes no lo han leído (además, por supuesto, de indexar fenomenalmente bien).

¿Dónde está la ventaja competitiva? Para mí, en que seguramente ninguna de estas herramientas funciones igual para libros diferentes. Y que, por tanto, el valor añadido de la editorial pasará a ser, en gran medida, el de poder aconsejar bien al autor a la hora de escoger lo que hacer en la red con su obra, conciliando intereses que en ocasiones irán más allá de la mera venta de ejemplares y, por tanto, podran incluso situar a veces a la editorial y al autor en planos divergentes de interés. Ahora mismo, en la amplísima mayoría de los casos, citar la palabra “PDF” en una editorial es arriesgarse a que le pongan a uno de patitas en la calle: lo temen, lo ven como pérdida de ingresos, con una imagen marcadamente negativa que les lleva a evocar el sector de la música y la mal llamada “piratería”. Pero ¿debe ser así? ¿Y debe ser así en todos los casos? No lo tengo ni mucho menos claro. Pero me temo que las editoriales, salvo honrosas excepciones, lo tienen todavía menos claro que yo."

Enrique Dans

martes, enero 06, 2009

El sector editorial ante el libro electrónico. Tendencia 2009


El libro electrónico y su creciente llegada a parte del "gran público" será el mayor desafío en décadas para el sector editorial en España. Si bien hasta ahora son un fenómeno anecdótico y circunscrito a usuarios muy técnicos, son varios los factores que están ayudando a su crecimiento: el boca a boca, la apuesta de un gigante como Amazon con Kindle, la cada vez mayor exposición mediática (es un tema que chifla a las teles y los periódicos), la creciente tendencia a utilizar lectores no especializados y la disponibilidad de gran cantidad de libros gratis en la red configuran un escenario ineludible para la industria del libro en España.

Y es que el mayor desafío es el de encontrar un modelo de negocio para el futuro digital del libro. Entre el temor al P2P y su "todo gratis" y el futuro cerrado de la lectura que ejemplifica el Kindle de Amazon hay varios escenarios posibles. El uso de DRM supone también cargar con dos cruces: una es el fabricante del dispositivo se postula como distribuidor, otra es que cada venta de libro queda trazada para controlar quien puede leerlo. En cualquier caso, la pelea de los distintos fabricantes de lectores de libros electrónicos pasa también por ver quien es capaz de crear ese "iTunes de la literatura". Dentro de él también tendría cabida la venta del periódico, aunque para ello precisaríamos de una conexión a la red del lector para ofrecer una experiencia redonda.

Precisamente en la parte de los fabricantes de lectores queda mucho camino por recorrer, uno tiene la sensación de estar ante los primeros móviles de hace años, feos, lentos y difíciles de utilizar. Servidor es usuario del Papyre y, aunque la lectura es buena si el libro está maquetado para ser leído en este tipo de soporte, queda mucho camino por recorrer todavía. Pantallas flexible y en color, conexión a internet, interfaz táctil, anotaciones... son algunas de las mejores que empezamos a ver, aunque algunas tendrán que esperar más allá de este 2009. A estos avances en el "soporte de lectura" habrá que unir cambios en la experiencia como los que comentamos en lo del "futuro del libro electrónico: las dos que más interés tienen - en mi opinión - es la integración de lo multimedia y la lectura social.

En definitiva, se presenta un 2009 más que interesante para sector editorial y el libro electrónico, algo que también recogen Javier Celaya y Xataka.

VIA: ERROR 500

BIBLIOBSESSION 2.0

domingo, enero 04, 2009

Acerca del equívoco del placer de leer...Juan Domingo Argüelles



Independientemente de escribir, una buena parte de mi trabajo consiste en leer. Y lo hago con deleite, con gran placer. Pero hay quienes no entienden la frase el placer de leer, y de inmediato la rechazan. Afirman que quien lee no tiene que sentir placer, necesariamente.

Una afirmación así es declaración de frígidos. Expliquémonos: ¿alguien cree que se puede realizar, por voluntad propia, el acto sexual, sin placer alguno y con el único propósito de engendrar y concebir un hijo? Salvo excepciones clínicas (dignas de un estudio de Oliver W. Sacks), sería casi imposible.

Primero es el placer, y el hijo (si nace) será sólo la consecuencia. Leemos por placer y la consecuencia es que ampliamos nuestro conocimiento, moderamos ignorancias, obtenemos un poquito de saber, etcétera. No leemos para ser mejores; ésta es la consecuencia. No hacemos el amor para procrear; ésta es la consecuencia.

Quienes creen lo contrario están más cerca del dogma eclesiástico que de la libertad: la ablación del placer al servicio de la concepción aséptica y la progenie. Ello, en cuanto al sexo. En el caso de la lectura, ¿cómo leer voluntariamente un libro, de la materia que sea, sin un grado de placer?

El físico, el químico, el astrónomo, el matemático, etcétera, y no sólo el literato y el poeta, sienten placer por lo que hacen (investigar, experimentar, analizar, reflexionar, observar, buscar), independientemente de la utilidad de sus quehaceres. Saben que en lo que hacen hay una utilidad, pero no lo hacen nada más por eso, sino por el placer que obtienen al hacerlo y, si leen libros de su interés, algún placer obtienen de ello. ¿O acaso lo hacen, siempre enfurecidos, deseando sólo mandar al diablo todo eso?

Es triste que la gente no comprenda el significado del placer de leer. Los mismos profesionales del libro (investigadores, profesores, bibliotecarios, críticos) a veces no lo comprenden, como la insípida y orgullosa estudiante de Literatura Inglesa de la Universidad de Oxford que le respondió lo siguiente a Stephen Vizinczey cuando éste le preguntó si le había gustado cierto libro: “¡No leo para sacar gusto, leo para evaluar!”

Esta respuesta es típica del género de profesionistas que produce la enseñanza escolarizada concebida como un simple trámite: los estudiantes extraen el disfrute no de su presente, sino de la ilusión del futuro que imaginan alcanzar si se resignan a sufrir, entre otras cosas, la lectura de libros en aras del título, el diploma y el éxito.

Sin embargo, el psicoanálisis mostró que somos en gran medida hijos de la pulsión placentera, el sadomasoquista incluido, pues éste (llámese, en el caso de la lectura, profesor, estudiante o crítico literario) halla deleite en el dolor y en el asco. Y, mucho antes, Blaise Pascal enunció esta verdad básica: “Todos los hombres buscan la felicidad: hasta los que se ahorcan.” Lo que sucede es que no todos encuentran la felicidad en los libros.

En conclusión, es falso que haya lectores que no gozan lo que, voluntariamente, leen. Si no son burócratas de la lectura (que leen sólo por la paga), lanzarán lejos el libro que no les causa placer. Leer por obligación es mala cosa. En cambio, Ricardo Garibay, lujurioso lector, dijo: “Hay una época de la vida en que la lectura se convierte en obsesión”, y habla del gran deleite que experimenta al encontrar “la poesía incrustándose de modo natural en la prosa”. ¿Quién que haya leído con placer Pedro Páramo o Cien años de soledad no sintió en algún momento en esas páginas el febril aleteo de la poesía?

En el caso del verso, quizá el deleite es más que previsible, pero el placer de la lectura no tiene que ver nada más con literatura y lirismo. Hans Magnus Enzensberger ha escrito poemas sobre ciencia que son un deleite, incluso para los simples profanos que no entendemos mucho de eso, pero sí del placer de leer que es, también, el placer de saber, de conocer, de sentir, de añadir algo a nuestra vida: ese deleite.

Un lector autónomo (al que nadie obliga a leer) que llegase a declararse falto de placer en lo que lee, es alguien que está reconociendo alguna penosa anomalía: frigidez, anorexia. Lo que no se entiende es por qué no deja de hacerlo, lo cual, quizá, nos lleva a una conclusión no menos clínica: su trastorno bien puede ser un placer disfrazado de hastío. De otro modo, se arrojan los libros por la ventana y se busca el placer en otro lado.

LA JORNADA

sábado, enero 03, 2009

Los libros están de adorno..


" Un tipo preguntó dónde podía conseguir libros “falsos”, esto es, sólo los lomos, sin páginas, para construir una biblioteca de decoración. Alguien le respondió que qué tristeza que considere que los libros sólo sirven de decoración; que nada suplanta un libro (fíjate, decía esta persona, que gracias a los libros se puede leer sin energía eléctrica, sólo con una vela y sin conexión a Internet); que mejor buscarse otro tipo de adornos. Otra persona, una mujer, le contestó que qué lastima que deba apelar a un trampantojo (del francés “trompe l'œil”: “engañar al ojo”); que una biblioteca sirve para indicar los conocimientos y gustos; que no es mera decoración; que mejor, sí, poner adornos.

El tipo que había hecho la pregunta se hizo eco de estas respuestas. Dijo que qué intolerancia, que qué fastidio, que la biblioteca era para un restaurante y que los libros no se iban a usar; que no quería comprar cientos de libros que no serían leídos, ni siquiera hojeados; que si ponía libros “de verdad” iban a deteriorarse y que prefería regalarlos a una institución educativa.

Otra forista le recomendó que consiguiera cajas con forma de libros, que las venden en las tiendas de manualidades; que no se disculpara, que la decoración es decoración: ilusión y creatividad. Que “es muy inteligente no dejar que algo tan sagrado como un libro se desperdicie en un estante de donde no se va a mover; lo único que se debe leer en un restaurante es el menú”. Otro tipo agregó que es muy buena idea ésta de los libros-caja, que él había hecho unas bibliotecas con lomos de libros (“color rojo oscuro o color vino con letras doradas”), que los puso bien alto, donde había que llenar un espacio vacío y donde nadie podría alcanzarlos a menos que se valiera de una escalera.

La conversación terminó allí. Desconozco si el señor armó su biblioteca en el restaurante o no.

De una manera u otra, todos los participantes de la discusión partían de la misma premisa: que el libro es un objeto sagrado. Y que por serlo, no se lo puede tratar como mero decorado, como un adorno, simple utilería de cartón pintado; y que por serlo, uno debe cuidar su destino, no puede ponerlo en un restaurante para que se estropee sino que debe donarlo a una institución educativa y en su lugar, en el restaurante donde sólo debe leerse el menú, dejar una réplica.

¡Mysterium, Tremendum, Fascinans!

Nuestra relación con los libros es así de irracional y así de paradójica."
Este carácter numinoso en nuestra experiencia cotidiana con los libros excede el uso decorativo del objeto, aunque allí encuentre su mejor ilustración. Todos hemos escuchado montones de aseveraciones respecto a cómo debe ser tratado un libro. Por ejemplo, ¿hay que subrayarlo y anotarlo? ¿Hay que mantenerlo impoluto y radiante? Hay quien dice que escribir sobre un libro es casi una vejación; hay quien dice que no hacerlo es una falta de respeto, índice de libro no leído. Entre una cosa y otra, todos sembramos y cosechamos nuestras propias mañas. Yo los anoto, subrayo, marco, pero siempre con lápiz negro con la punta recién afilada. Nunca, bajo ninguna circunstancia, con lapicera, lápiz de color o marcador. ¿Tiene alguna relación con el carácter sagrado que ha asumido el libro en nuestra sociedad supuestamente secular? Estoy convencido de que sí.

Otra discusión que he escuchado en consumados lectores de ficción es que un libro no puede dejarse por la mitad. Que si uno lo empieza a leer, tiene que terminarlo, por más engorroso o poco interesante que le resulte. Conozco personas, incluso, a las que esta premisa se les impuso en sus años escolares. De nuevo las mañas personales. Aunque con veinte años menos, puedo sostener con Stephen King: “Digamos que uno ya tiene más de cincuenta años, y en el mundo hay muchos libros. No puedo perder el tiempo con los que están mal escritos”.

Pero nada parece superar la reticencia a que el libro se convierta en un mero objeto decorativo. Resulta la peor afrenta contra el objeto sagrado. En común escuchar que en las mansiones acaudaladas se compran libros por metro cuadrado, para armar el rinconcito “cultural” de la casa. También se cuenta con horror que en los estudios de abogados adquieren libros por metro, mamotretos enormes con lomos finamente trabajados cuya única función es llenar la pared y certificar el trabajo letrado que allí se hace. También se lo ve en directorios de bancos y diversas empresas.

Aunque, se sabe, los peores de todos son los “nuevos ricos”, esas “burguesías repentinas” (como las llamó una socióloga local) obligadas a legitimar culturalmente su ascenso socioeconómico. Como Diego Maradona, cuando se ponía anteojitos para verse inteligente, sólo que mucho más terrible porque estas burguesías repentinas utilizan como medio de legitimización el objeto sagrado: metros y metros de libros que compran por bulto, como si fuesen tenderos del Once rematando sus chucherías de importación.

Y al buscar legitimidad mediante el libro, lo banalizan. Toman el objeto más sagrado que nuestra sociedad secular ha producido, y lo convierten en otra baratija de mercado: transforman el misterio en una cosa mundana."

Nerds All Star. Basuras y Escombros de la Industria Cultural

El escritor Umberto Eco pertenece a esa reducida clase de eruditos que son enciclopédicos, perspicaces y amenos. Posee una extensa biblioteca personal (con más de treinta mil libros), y divide a los visitantes en dos categorías: aquellos que reaccionan con un “¡Oh! Signore professore dottore Eco, ¡vaya biblioteca tiene usted! ¿Cuántos libros de éstos ha leído?”, y los demás –una minoría muy reducida-, que saben que una biblioteca privada no es un apéndice para estimular el ego, sino una herramienta para la investigación.

tokland.com

viernes, enero 02, 2009

Los pronósticos señalan que 2018 será el año del libro digita...Yanet Aguilar Sosa

El futuro es halagüeño para el audiolibro, al menos así lo confirman varios ejemplos: en Estados Unidos los ingresos en audiolibros y audioprogramas son de un billón de dólares al año y la Audio Publishers Association (APA) en Estados Unidos, indica que el consumo de audiolibros pasó de 38.3% en 2006 a 43% en 2008.

Otro ejemplo inspirador para las editoriales es que las dos autobiografías de Barack Obama, La Audacia de la Esperanza (1995) y Sueños de mi Padre, publicada en 2006, se han convertido en libros con superventas e incluso, el presidente electo de Estados Unidos ha ganado dos Grammy por los audiolibros de esas dos autobiografías leídas en su propia voz, lo que confirma lo que dicen los analistas políticos: “El secreto de su éxito reside en el poder de la palabra”.

La editorial Random House Mondadori ha emprendido el reto en México. A finales de 2006, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara lanzaron los Mbook3, una colección de audiolibros que se distingue por su pequeño formato y sus portadas en color verde; a dos años de distancia, tienen 14 títulos en el mercado, lo que representa aproximadamente 30 mil unidades.

Pedro Huerta, director general de Random House Mondadori afirma que las ventas han sido muy buenas, han vendido más de 25 mil unidades y el porcentaje de devolución es mínimo. Esos resultados son el mejor argumento para la decisión que el grupo ha tomado: a partir de 2009 lanzarán al mercado 20 nuevos títulos año con año; además incrementarán los puntos de venta, no sólo los venderán en las tiendas Sanborns, Costco, clubes de descuento y en la página web de Editorial Norma, sino que entrarán a otras cadenas de librerías."

El Universal

Predicciones para el 2009 por Javier Celaya


  1. La venta de libros descenderá en un 15%.
  2. Dada la sensibilidad del mercado por los precios, apuesta en firme por la edición de bolsillo.
  3. Varias editoriales iniciarán sus proyectos piloto de comercialización de libros electrónicos.
  4. Sorpresas durante la negociación de la cesión derechos de edición digital.
  5. Creación del puesto de Director de contenidos digitales en los grupos editoriales.
  6. Rediseño de las webs de las editoriales con el fin de rentabilizar su presencia en la Red.
  7. Apuesta en firme por la venta directa de libros (papel y digital) a través de las nuevas webs para incrementar los márgenes
  8. Reducción de la inversión publicitaria y patrocinio en medios tradicionales (suplementos, revistas, etc.). Trasvase de una parte de esta partida “ahorrada” a medios digitales.
  9. Presencia activa de las editoriales en las redes sociales. Alguna de ellas, hasta se convertirá en accionista…
  10. Los soportes de lectura de libros electrónicos, los famosos e-readers, se convertirán en el regalo estrella de la Navidad 2009.
  11. Un periódico de tirada nacional comercializará estos e-readers en los kioscos por 10 cupones y unos 125 euros.
  12. Varios proveedores internacionales de digitalización de libros ofrecerán sus servicios en el mercado español.
VIA: DOSDOCE

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails