martes, noviembre 24, 2009

Sobre la feria del libro , por Joaquín Marta


" Para la inauguración del evento, cuándo no, fue invitado a discursear el presidente de la República. Sin que le temblara un solo músculo de la cara y ninguna sinapsis o sindéresis, sentó cátedra. De acuerdo con su peculiarísima manera de entender los fines del libro y la lectura, éstos son para “aprender a hacer una lectura política de la sociedad”. El origen de esta idea es obvio, procede de los reduccionismos y de las ideologías correosas, en especial de la arcaico-marxista. Según ésta, la sociedad es un resultado que está más o menos rigurosamente determinado por dos causas, la económica que establece las bases del dominio, y la ideológica que funda los asientos del pensar (los dominados, asevera, piensan con el pensamiento de los dominadores). Y esta trama persistirá incluso a lo largo y ancho de los procesos revolucionarios mientras no abran las inciertas y remotísimas puertas de la liberación universal. Entre tanto, los feriantes especializados en pócimas capaces de curar hasta enfermedades que no existen, venden al por mayor y al por menor sus botellas. ¿Qué líquido o polvo o grano o vaho contienen? Pues una mezcla muy simple: control de la economía para monopolizar la riqueza y su distribución selectiva, y dominio sobre la política para extrañar de ella a cualquier competidor. Dicho de modo más directo, sus brebajes son tóxicos para postrarnos ante su hegemonía.

En esa mezcla, el factor más importante es el neo-analfabetismo cuya receta consiste en que no haya analfabetos para que todos puedan leer lo que se les imponga o permita leer. Así, leer con el objetivo único de lograr la “comprensión política de la sociedad” significa ni más ni menos que sólo se debe pensar a la sociedad desde el pensamiento de quienes se han adueñado del poder (lo mismo de lo que acusan a la sociedad clasista y alienante). Como se observa, es una magnífica y trucada vuelta de tuerca que le permite a los explotados el derecho de transformar su enajenación económica en alienación política. En China, época de Mao, advertí una insospechable cantidad de lectores, pero que todos leían el mismo texto, El Libro Rojo de Mao. Se alfabetizaba a los pobladores para convertirlos en analfabetos de la libertad y, por tanto, de la cultura y la creación."

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