lunes, octubre 26, 2009

Negocios y Autocensura; culillo del mundo editorial en Venezuela.Ibsen Martínez.



1.-Del diario La Nación de Buenos Aires me preguntan cómo vamos a hacer los venezolanos para leer “Sables y Utopías”, el último libro publicado por Mario Vargas Llosa. Buena pregunta, digo yo, pero antes, un breve preámbulo para despistados.

Para ello me serviré de una nota “posteada” por la comunicadora venezolana Valentina Álvarez en la página web “Código Venezuela” ( www.codigovenezuela.com), el 8 de octubre pasado.

Álvarez asistió en Buenos Aires a la presentación del libro “Los Secretos de la Valija: del Caso Antonini Wilson a la Petrodiplomacia de Chávez”, original del también periodista argentino Hugo Alconada Mon. Allí, en la librería “Village”, en el barrio de La Recoleta, el joven autor corroboró a Álvarez que, en efecto, la filial venezolana de Planeta, casa editora del libro, se abstendría de distribuirlo en nuestro país.

“Justo hoy me confirmaron que no tienen interés en publicar en Venezuela – dijo Alconada–, lo cual fue una decisión de ellos, independiente de la filial de Planeta Argentina. No me explicaron el por qué, pero ya mi agente está escuchando ofertas de una editorial venezolana, otra uruguaya y una estadounidense, para editar el libro en Venezuela”.

He hecho algunas llamadas a gente del gremio librero caraqueño, habitualmente digna de crédito. No están muy seguros de que haya quien se anime a editar un libro que devela incontrovertiblemente los nexos entre Chávez y la “bipresidencia” de los Kirchner.

La relación entre estos no sólo es ideológica, sino que se asienta en un plano más terrenal: el submundo de la llamada “boliburguesía” y de su homóloga argentina, vinculada al kirchnerismo.

Mientras aparece la editorial emprendedora, valiente y capaz de identificar una oportunidad para el negocio– creo que las hay, felizmente, pese al escepticismo general – , toca recurrir a quien, gracias a haberlo adquirido o encargado en el extranjero, haya podido leer el libro de Alconada.

El consenso entre los lectores a quienes he inquirido por el contenido del libro es que se trata de una notable pieza de periodismo de investigación. “Envidiable”, “infrecuente”, “ modélico” son algunos de los epítetos dispensados por los contados lectores venezolanos con quienes he charlado tratando, a la vez, de engatusarlos para que me lo presten. Hasta ahora nadie me lo ofrecido ni por un fin de semana.

Tan sólo me ha sido dado a entender que la estrategia del libro no privilegia los entresijos del sonado “Juicio del Gordo” en Miami, si bien lo puesto en claro durante el mismo es el punto de partida de su investigación.

Lo esencial del arduo trabajo de Alconada está en haber desnudado los vínculos non sanctos entre la facción de traficantes de influencias que da forma y vida al “capitalismo de amiguetes” que el verdadero rostro del socialismo del siglo XXI. Entreverada del “crony capitalism”, del que hasta los neoliberales abominan, está la asociación para delinquir que Alconada saca a la luz.

Destacan los tejemanejes entre el ministro Julio De Vido y la inquietante figura que, contra un telón de fondo de complicidades políticas entre el kirchnerismo y Chávez, ofrece Claudio Uberti. Este último emerge de las convincentes páginas de Alconada como un plenipotenciario embajador de la corrupción kirchnerista y como correa de transmisión entre esta y el más alto funcionariado de Pdvsa.

Casi todos mis amigos coinciden en encomiar un capítulo en especial: aquel que da cuenta de los mágicos “petrotoques” de nuestra Cancillería a cuatro gobiernos que habrían puesto precio a sus respectivos votos a favor de Venezuela por un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Allí puede leerse, a manera de iluminador caso de estudio – el de los vuelos fletados por el inefable Carlos Kauffmann –, cómo funciona la petrodiplomacia chavista. Característicamente, y tal como suele pasar entre pícaros, parece que a Kauffmann nunca le reembolsaron los gastos que con desprendimiento y buena disposición había afrontado en el desempeño de esas misiones.

Es fácil suponer que ningún miembro de la “nomenklatura” de la cleptocracia socialista esté interesado en la difusión de este libro. Lo que a lo mejor no resulta obvio para usted es que, en honor a la verdad, del gobierno chavista no ha emanado ninguna explícita prohibición.

En efecto, es la filial local de la casa editora la que por, llamémosle así, “exceso de prudencia”, se inhibe de ofrecer al público lector venezolano un titulo de sumo interés.

Exponerse a no cobrar lo que el gobierno pueda deberles por concepto de rubros más rentables que los libros de denuncia vendría a ser la explicación. Una variante de la execrable autocensura, tan digna de repudio como la de muchos medios de comunicación.

2.-¿Un caso aislado? En modo alguno. Intente usted adquirir en Caracas el último libro de Mario Vargas Llosa que mencioné en el primer párrafo.

“Sables y Utopías” es una antología de ensayos y artículos sobre América Latina, escritos por Vargas Llosa durante los últimos años. Su lectura me recordó otra valiente antología vargasllosiana: “Contra Viento y Marea”, aparecida, creo, en los años ochenta. En esta nueva antología, el caso Venezuela es, como es natural, abordado en varias ocasiones por el autor.

Prologado por el escritor colombiano Carlos Granés, “Sables y Utopías” apareció hace ya meses en toda Hispanoamérica bajo el sello Aguilar, del español Grupo Santillana. La filial local sencillamente no lo ha traído a Venezuela.

El motivo acaso sea que la ostensible ojeriza que Chávez siente por el autor de “La Guerra del Fin del Mundo” sugiera prudencia, no sea que los “otros” negocios se pasmen. Así, al menos, lo entiende todo el gremio librero de Caracas.

Un añadido absurdo: el “culillo” ante la idea de distribuir un título de Vargas Llosa llega al extremo de que “El Viaje a la Ficción”, un ensayo dedicado por el peruano a la obra de Juan Carlos Onetti – un ensayo estrictamente literario, adviértase; sin matices políticos– apenas mereció la importación de unos pocos ejemplares. Mejor prevenir que lamentar.

3.-Hace poco más de un año, conversando en Bogotá con el jefe de un importante grupo editorial sudamericano con filial en nuestro país, saltó en la conversación el nombre de Michael Reid, autor de “El Continente Olvidado”. Reid fue durante años el director de la sección “Las Américas”, de la revista británica “The Economist”. —Compramos los derechos y pronto saldrá en castellano– me dijo, muy ufano, mi interlocutor.

Me alegré por los lectores venezolanos de uno y otro bando. El capítulo que Reid dedica a Venezuela – uno de los más destacables, por cierto– es sumamente duro con Chávez en el balance, pero es también un ejemplo de equilibrio periodístico.

Mi contento se desvaneció cuando el editor dijo, en tono casual: “En Venezuela, por supuesto, ni de vaina pensamos distribuirlo”.
Papelería , libros de texto y cuentas por cobrar es el nombre del juego.

TALCUAL

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