lunes, octubre 26, 2009

La desidia atenta contra las bibliotecas públicas en Venezuela


Desalojen a los usuarios. Trabajamos hasta la 1:00 pm", es la orden que repite un funcionario de la Biblioteca Pública Metropolitana de Caracas Simón Rodríguez, sala por sala.

Es mediodía del jueves y los trabajadores están al tanto de que por la mañana se rompió una tubería que inundó la planta baja del edificio.

Los libros se salvaron, pero fue necesario cerrar las llaves de paso. La estructura art decó quedó sin agua y se dejó de prestar servicio a los usuarios.

La biblioteca que funciona desde 1983 no abrió el viernes ni el sábado. Un empleado informó que los domingos y lunes no trabajan, pero no supo responder si para mañana estaría resuelto el problema.

Virginia Betancourt, que dirigió el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional entre 1974 y 1999, deja claro que la biblioteca pública que está ubicada en la esquina El Conde es la más importante de Caracas.

"El edificio es patrimonio del país. Fue el más moderno que se construyó después de la dictadura de Gómez, para ser la sede del Ministerio de Educación. Cuando se convirtió en biblioteca, tenía la mayor variedad de títulos de un solo tema. Recibía una avalancha de usuarios. Llegamos a abrir los domingos y las colas llegaban hasta la plaza Bolívar", recuerda la hija del ex presidente Rómulo Betancourt.

La noticia de la clausura no le sorprende. De hecho, coincide con el cierre de al menos otras cinco. La biblioteca pública del Parque del Este, la de Pérez Bonalde, una en San Agustín, otra en Coche y una en el parque Arístides Rojas han dejado de prestar servicio en los últimos meses.

La última de ellas, llamada Mariano Picón Salas, fue la primera biblioteca moderna de Caracas, diseñada por los arquitectos del parque con un concepto que permitía observar el Ávila. "Era una biblioteca modelo. Se derrumbó la sala infantil, pero los empleados siguieron trabajando hasta que sus vidas empezaron a correr peligro", indica Betancourt.

En la del Parque del Este se cayeron el techo y una pared, pero los trabajadores también resistieron. En la biblioteca Cristo Rey, ubicada en el 23 de Enero, los usuarios leen sin luz, pues no ha habido recursos para arreglar una falla eléctrica. Como en muchas otras, faltan estantes y hay filtraciones.

En caída. El cierre de los servicios bibliotecarios, las condiciones de los que permanecen abiertos y las deudas que afectan a más de 1.000 empleados motivaron al Sindicato de Trabajadores de la Biblioteca Nacional a pedir auxilio en la Comisión de Educación de la Asamblea Nacional el pasado 30 de septiembre.

La vicepresidenta de la comisión, Maigualida Barrera, se comprometió a llamar a Ignacio Barreto, director del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional. "Es materia de primerísima importancia lo que se está gestando en política cultural, pues sin transformación cultural no avanzamos mucho en la revolución", dijo entonces. A casi un mes de esa denuncia, la parlamentaria asegura que ha conversado con las partes en conflicto.

"Hay que dar chance para el diálogo y para limar asperezas.

Lo importante es que el sindicato y la directiva ya están en conversaciones", asevera Barrera. Reconoce que los temas que se deben resolver son los pagos, la coordinación entre las bibliotecas y el Ministerio de la Cultura, y las fallas de infraestructura.

Un trabajador de la Biblioteca Metropolitana de Caracas, que pidió no ser identificado, señala que el servicio ha desmejorado: "Nosotros compramos todos los insumos, pero la ruptura del tubo evidencia la falta de mantenimiento.

Aquí ya no se compran libros.

Los que llegan son por depósito legal o los ideológicos que edita el Gobierno. Libros buenos, no hay. El aire acondicionado está a medias, tenemos filtraciones... Yo no soy de oposición, pero tampoco me puedo callar".

Betancourt no cree que sea casual el estado de las bibliotecas: "Las están dejando caer a pedazos porque no coinciden con el modelo de país que se quiere. Las bibliotecas escolares deben adaptarse al currículo y las académicas a cada especialidad, pero las públicas son las más libertarias. Están abiertas a todos los ciudadanos y permiten a la gente crecer a su propio ritmo. Me duele mucho lo que sucede con las bibliotecas, me parece injusto lo que sucede con el personal, pero el mayor problema es la pérdida del patrimonio".

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