Letra obligada no entra...coinciden Eduardo Liendo, Barrera Tyszka y Héctor Torres


A pesar de la ejecución de al menos dos planes de lectura, la adquisición de una imprenta y la creación de nuevos fondos editoriales, el Estado se ha quedado corto a la hora de masificar el libro y el promedio anual de lectura en el país se ha mantenido estancado en un libro por persona en los últimos diez años. El desafío es hallar una estrategia para que los ciudadanos se enamoren de las letras.

El domingo pasado, el presidente Hugo Chávez retomó la idea del Plan Revolucionario de Lectura (PRL), que involucrará a los consejos comunales en una estrategia colectiva para promocionar el libro en todos los estados del país.

El PRL fue anunciado por primera vez a mediados de año, a pesar de que aún está en vigencia el Plan Nacional de Lectura, concebido en 2002, el cual involucra a diversas instituciones en las políticas públicas del sector editorial y educativo, pero cuyos resultados no han sido los esperados.

Según estudios de la Unesco, 40% de los venezolanos son lectores funcionales y el promedio anual de lectura se ha mantenido estancado en un libro por habitante, por debajo de países como Colombia y México, donde se leen dos y tres obras en el mismo período, respectivamente.

Desde su llegada al poder, Chávez se ha mostrado insatisfecho con estas cifras y ha tratado de revertirlas con ediciones masivas que se regalan en espacios públicos, y la Plataforma del Libro y la Lectura asumido el lema de "un libro para cada día".

Los resultados, hasta ahora, no han sido los deseados y pareciera que al Jefe de Estado le resulta más eficaz promocionar un determinado título en sus alocuciones que poner en marcha un plan, como sucedió cuando le recomendó a su homólogo estadounidense Barack Obama que se leyera Las venas abiertas de América Latina y el libro, que ya escaseaba en las librerías locales a causa del control cambiario, se agotó.

DEMAGOGIA EDITORIAL
Para el escritor Eduardo Liendo, los planes de lectura del gobierno fracasan porque no toman en cuenta a los potenciales lectores. "Uno no puede contrariar evidencias de una intención de poner libro en la calle. El Estado imprime y regala un millón de ejemplares de El Quijote, que es una obra su- mamente exigente, para lectores entrenados y calificados.

El acto es más demagógico que eficaz, pues ni siquiera los escritores de este país se han leído completo El Qui- jote. Lo mismo puede decirse de Los miserables".

A juicio del autor Alberto Barrera Tyszka, paradójicamente y a pesar de las cifras negativas, Venezuela se descubrió como un país lector en la última década. "Antes vivíamos diciendo que éramos una nación de analfabetas que no leen, pero una serie de circunstancias económicas y políticas llevaron a las editoriales a apostar por escritores locales y descubrimos que sí leemos, aunque no tanto como los europeos. Sin embargo, el problema hasta ahora ha sido que el Estado no ha asumido que la lectura va más allá del libro, y sobre todo de regalar libros".

El ganador del premio Herralde considera que "el populismo no resuelve los problemas culturales, cuyos bienes se consumen de otra forma. Uno puede poner los libros enfrente de la gente pero no puedes obligar a nadie a leer. Hay que contagiar.

El desafío del Estado es ejecutar un plan mayor que tome en cuenta que la lectura requiere de un esfuerzo, que no es un placer leve, y sobre todo, dejar de lado el filtro ideológico".

Para el escritor Héctor Torres, fundador del portal Ficción Breve, ha habido varios aciertos de las instituciones culturales del Estado encargadas de promocionar la lectura, pero el componente ideológico de buena parte de las acciones emprendidas termina teniendo un efecto contraproducente. "Que los autores venezolanos sean vendidos y promocionados en espacios públicos es una acción positiva.

Pero, por otra parte, hay un Plan Revolucionario de Lectura cuyo eslogan es algo así como `Dime qué lees y te diré si eres libre’, sin tomar en cuenta que la escogencia de cada libro es un acto de libertad individual. El plan impone títulos y las lecturas son grupales y dirigidas con una tendencia ideológica clara, sin que haya espacio para la pluralidad".

Otra falla, a juicio de Torres, es que las instituciones que promueven la lectura parecen haber olvidado que el semillero sigue siendo la escuela. "Hace falta una propuesta alternativa al plan de lectura, que se ocupe sobre todo del pensum educativo, porque se lee muy poco en el bachillerato, sobre todo autores venezolanos.

Ahora que se está modificando la Ley de Educación hay que revisar la poca presencia que tiene la literatura venezolana en los planteles educativos".

Los tres escritores consultados coincidieron en que en el país, el derecho a la lectura está

garantizado a medias a causa del control cambiario, el cual limita la oferta y encarece los libros.



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