La revolución impulsa la lectura socialista


Mientras se revise la situación planteada -Libertad de Lectura- pasará mucha agua bajo el puente y el daño intelectual adquiera visos de irreversible


Estamos de acuerdo y coincidimos con la mayoría pensante respecto al fomento masivo de la lectura como factor multiplicador del capital cultural de un país, pues aumentan las competencias y las capacidades cognitivas de la ciudadanía en el mediano y largo plazo. Sin embargo, la medida -promovida personalmente por el presidente Hugo Chávez, quien tiene por consigna “leer, leer y leer”- es causa de una ácida disputa política en Venezuela. ¿La razón? los contenidos de lectura promovidos por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, que incluye la difusión de libros tales como El socialismo venezolano y el partido que lo impulsará, del ministro de Finanzas, Alí Rodríguez, y el vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Alberto Müller Rojas, ¿Por qué soy chavista?, del ex ministro del Cultura Farruco Sesto, e Ideas cristianas y otros aportes al debate socialista, de Hugo Chávez. El pasado 25 de abril Chávez inauguró formalmente el “Plan Revolucionario de Lectura” (PRL), cuyo propósito es “la construcción de una nueva ética, hacia una educación y cultura socialista que promueva valores humanísticos y culturales enmarcados en la concepción de la mujer y el hombre nuevo”. Junto a los objetivos, el PRL incluye una completa planificación para ser difundido en etapas en los cuerpos intermedios afines a Chávez de la sociedad venezolana, y pretende reducir el analfabetismo muy por debajo del 6% de Venezuela hoy. Además de esa meta, en el PRL existe un confesado propósito ideológico, en el que juegan un papel clave las Escuadras Revolucionarias de Lectura, las que son talleres que tendrán el rol de promover la lectura conducente a difundir el pensamiento bolivariano. Ideologización, yes. “Nos acusan de que estamos ideologizando a la sociedad y yo digo ¡Yes!”, afirmó Chávez en 2007, quien su política cultural justificó al lanzar el PRL diciendo que “tenemos que inyectarle a la contrarrevolución todos los días una dosis de liberación a través de la lectura”. Por eso es que cuando se juntó con su par norteamericano Barack Obama le regaló una edición en inglés del libro Las venas abiertas de América Latina del escritor uruguayo Eduardo Galeano, el que es un ensayo de las causas del subdesarrollo de América Latina en la que se achaca buena parte de la culpa al “imperialismo” de Estados Unidos. Por su parte, la oposición venezolana ha denunciado que miles de libros han sido retiradas de las bibliotecas por motivos ideológicos, entre ellos Política y Petróleo y Doña Bárbara de los ex presidentes venezolanos Rómulo Betancourt y Rómulo Gallegos, pero también El Principito de Antoine de Saint-Exupery, El Quijote, de Miguel de Cervantes y El misterio de la momia de Albert Hitchcock, por lo que acusan al PRL de imponer un pensamiento único. Todo ello ante el asombro de propios y extraños, quienes no han tenido otra salida que irse acostumbrando a la lectura rápida hacia el socialismo del siglo XXI, y nos olvidemos de una visión universal de todas las cosas, tal como lo exige la necesidad del ser humano hacia el conocimiento como un todo integral, es decir estamos en presencia ante un evento unificador de criterios, el cual plantea que todos reaccionemos igual ante la vida y con el perfil de todo un socialista, escrito con mayúsculas: “SOCIALISTA”. Desgraciadamente el colectivo venezolano no ha podido agotar su capacidad de reacción, en un país donde hay dominio total de todas las instituciones por parte del gobernante de turno.

Escribe GUILLERMO GARCIA MACHADO

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