'Mi apuesta es por que el libro sobreviva', afirma Mario Vargas Llosa


EL TIEMPO Usted ha tenido siempre una posición política, casi llegó a ser Presidente de su país y ha dejado oír su voz en esta materia...

MARIO VARGAS LLOSA: El escritor en América Latina se ve involucrado obligatoriamente en el debate público, en la medida en que tuvimos una época con dictaduras, censuras, golpes de estado, llena de injusticias bochornosas. Era difícil mantenerse al margen. Otros no han sentido la obligación de decir algo en ese debate. Otros sí cumplían con su deber moral y porque defendían su propio oficio, porque la literatura padece la censura, los límites y la discriminación. Yo lo he hecho porque me tocó vivir una época traumática para América Latina por las dictaduras. Salvo en mi juventud, que estuve cerca de la extrema izquierda, porque participé en la utopía de la revolución, que era la respuesta a todos los males de la región, he defendido la libertad, la democracia y he sido crítico de las dictaduras sin excepción. Hay algunos escritores enamorados de las dictaduras, pero América Latina ha ido yendo a la democracia.

¿Cómo ve los brotes de violencia en su país?

Está el problema del narcotráfico, unido a lo que son los residuos de Sendero Luminoso, pero es algo muy distinto a lo que pasó en los años 80, cuando provocó un cataclismo en el país y un baño de sangre, sobre todo en la región andina. Hoy no hay nada parecido; hay manifestaciones aisladas de violencia en las que el narcotráfico tiene mucho que ver.

¿Qué piensa del fallo condenatorio contra Alberto Fujimori?

Ha sido un ejemplo que un gobierno democrático juzgue por medio de un juzgado civil a un dictador contra los crímenes cometidos contra los derechos humanos y que se le condene por sus crímenes. Es una manera de desalentar a los candidatos a dictadores y un ejemplo para las democracias, porque a él se le concedieron todos los derechos y se hizo justicia. Es algo que, creo, es primera vez que pasa en América Latina. Llegarán otros juicios por robos, pero este es el primero contra los derechos humanos por asesinatos de supuestos terroristas y que luego resultaron ser inocentes.

¿Cómo va su nueva novela?

Van a ser cerca de casi dos años que estoy escribiendo El sueño del celta, inspirada en un personaje histórico, un irlandés llamado Roger Casemont, que cumplió un papel importante al denunciar las iniquidades en la época de la explotación de caucho en el Congo y la Amazonia. Tuvo una vida muy aventurera y fascinante. Mientras servía como diplomático británico, secretamente fundó el Ira. Fue amigo de Conrad (Joseph, el novelista). No se trata de una biografía, pero es una novela basada en él.

¿Como ve hoy la literatura?

Es una apuesta contra el fracaso. Todo escritor y creador lucha contra el fracaso, que es lo que lo amenaza constantemente si se equivoca, si sucumbe al facilismo y si no es lo suficientemente riguroso y autocrítico. Ese riesgo del fracaso es como la pica en una corrida y lo que estimula y embravece al escritor; lo que lo lleva a perseverar.

¿Se siente el éxito o el fracaso?

El escritor no sabe, en el fondo, si fracasó o tuvo éxito. La popularidad de un libro no quiere decir nada. Al final, cada escritor sabe que con el tiempo se decide si ha fracasado o no. Todo escritor se queda con cierta angustia. Por lo menos eso sienten los escritores que no se han vuelto estatuas y empiezan a tronar olímpicamente -como las estatuas-. Yo no quiero llegar allá nunca, porque los que no llegan a ese estado tienen respecto a su obra esa incertidumbre de si pasará la prueba del tiempo. Si significará para otros en el futuro lo que para uno significaron los grandes libros que le cambiaron la vida.

Lo dice un escritor que ha ganado casi todos los premios relevantes y que siempre suena para el Nobel...

Un escritor no debe pensar en esas cosas. Si un premio viene, bien, y si no, también. Esas son cosas adventicias y adjetivas a la creación. El reconocimiento público es importante para un escritor, pero la satisfacción más profunda, la recompensa mayor, la recibe ejercitando su oficio. Es en el ejercicio donde está la recompensa y eso vale para un pintor, un actor o un bailarín. La satisfacción está en haber derrotado la amenaza de fracaso que lo persigue. De los grandes escritores de nuestro tiempo muy pocos recibieron reconocimientos: ni Kafka ni Proust recibieron reconocimientos en vida. Otros sí y ni los leemos: son fuegos fatuos.

¿Cómo realiza su trabajo como escritor?

Escribo los siete días de la semana en la mañana y en la tarde. No escribo en las noches, soy diurno. La mía es una escritura lenta, difícil y trabajada. Tengo períodos difíciles y otros de gran exaltación. Pero defino mi escritura como un acto de perseverancia, de terquedad y disciplina. Es mi forma de escribir, aunque hay tantas maneras como escritores. Tengo mucha disciplina y soy muy ordenado. No tengo nada como mi trabajo ni me apasiona tanto. Mi trabajo no es una servidumbre. Es una pasión tan grande casi como leer.

¿Cómo ve la literatura hoy?

Yo creo que la gran amenaza son las máquinas que puedan acabar con el libro. No sabemos qué va a pasar con ese desafío para la literatura que es la pantalla. ¿Aniquilará al libro? ¿Coexistirán? Eso está por decidirse y muy pronto. Mi apuesta es por que el libro sobreviva. No es que esté en contra de la red, pero si la literatura se hace solo para las pantallas se empobrecerá, porque la pantalla hace que pierda profundidad y riesgo. La tecnología imprime a la literatura una cierta superficialidad. La correspondencia se había acabado casi y ahora con Internet resucitó, pero es una caricatura de lo anterior, que se hacía con gran cuidado. El papel infunde un respeto casi religioso al escritor. En la pantalla se escribe informalmente, no infunde respeto. Uno se queda pasmado de la indigencia gramatical de los textos hechos para Internet. La pantalla incita al facilismo, a la frivolidad y el rigor a desaparece. Puedo ser pesimista , pero puede ser que el libro, si termina derrotado, quede en la catacumba, con una escritura cada vez más rigurosa y tal vez con menos cultores.

¿Qué libro está leyendo?

Anatomía de un instante, de Javier Cercas, un reportaje sobre el intento de golpe de estado en España (en 1981, conocido como el 23-F), escrito de forma que parece una novela y con gran talento.

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