sábado, marzo 14, 2009

parece que el libro electrónico comienza a tomar algo de vuelo

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Tras años de estancamiento, parece que el libro electrónico comienza a tomar algo de vuelo. Por supuesto, no a través del papel electrónico, reservado de momento a prototipos tan limitados como el de Fuji Xerox o el de Epson. Pero sí con los lectores de e-books. Hablamos de dispositivos rígidos que poseen una pantalla de tinta electrónica, como sucede con este Papyre 6.1 que hemos estado probando recientemente.

En líneas generales, un libro electrónico puede ser un buen dispositivo para quien busque una solución de lectura de transporte cómoda y, lo más importante, que no dañe la vista. Junto con el considerable ahorro de autonomía, ésa es la gran ventaja de la tinta electrónica: visibilidad perfecta desde cualquier ángulo y sin someter nuestra vista a un parpadeo constante. Pero en el caso de este Papyre, todo esto se nos ofrece a un precio aún demasiado alto.

Y más teniendo en cuenta que el Papyre 6.1 se sitúa a la cola en cuanto a prestaciones dentro de este tipo de productos, donde encontramos opciones mucho más avanzadas como el Sony PRS-700 o el Amazon Kindle 2 (claro que este último no está disponible en España). Pero mejor veámoslo todo más detenidamente a lo largo de nuestro análisis.

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El Papyre 6.1 presenta el mismo diseño de tableta de medidas manejables que sigue la mayoría de lectores de libros electrónicos. Con apenas un centímetro de grosor y poco más de 200 gramos de peso, podemos llevarlo cómodamente en cualquier mochila o cartera, e incluso puede caber en un bolsillo holgado, como el de un abrigo de invierno. Se acompaña de varias teclas de control y, lo más importante, una pantalla de 6 pulgadas (600 x 800 píxeles). Pero no es una pantalla cualquiera, al menos en comparación con otro tipo de dispositivos.

Una “pantalla impresa”

Como siempre sucede con estos equipos, la pantalla del Papyre 6.1 no puede mostrar ni color ni movimiento. Sólo trabaja en blanco y negro con imágenes fijas, pero lo hace con una innegable ventaja para el amante de la lectura: la visibilidad es prácticamente la misma que sobre un papel impreso, sin necesidad de retroiluminación ni otros fenómenos característicos del LCD que van mermando nuestra visión a medida que fijamos nuestros ojos durante más tiempo.
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Eso sí, no estamos hablando de nada que no esté también presente en cualquier otro lector de ebooks. La pantalla del Papyre 6.1 viene, por así decirlo, con lo básico y mínimamente exigible. Sin ir más lejos, sólo puede representar los colores de las imágenes que introduzcamos (acepta formatos clásicos para fotos e imágenes como JPEG, BMP y GIF) en cuatro niveles de gris. Actualmente, podemos encontrar otros modelos con 8 y 16 niveles, aunque también es cierto que son más caros.

En todos los lectores de libros electrónicos sigue faltando el color, pero en el caso de este Papyre 6.1 los cuatro niveles lo limitan dentro de la limitación. En la práctica, sólo percibiremos con la suficiente gradación bocetos, ilustraciones muy sencillas como las que acompañan a algunas novelas o viñetas de colores muy simples como las del maestro Forges. Pero sí, para mostrar texto con caracteres negros sobre fondo claro, que es lo que buscan la mayoría de usuarios de estos equipos, funciona perfectamente (siempre y cuando no tengamos problemas con el archivo de origen, como veremos más adelante).

Además, el Papyre 6.1 tampoco incluye otra de las prestaciones que estamos viendo últimamente en otros modelos: la pantalla táctil, para escribir a mano alzada con un lápiz óptico y otros usos. Como decíamos más arriba, es una pantalla básica dentro de las de su clase, mucho más limitada que la que podemos encontrar en dispositivos como el IREX DR 1000S o el iLiad 2, que además de dichas funciones también incluyen una pantalla mucho más grande. Eso sí, dichos modelos cuestan más del doble que este Papyre 6.1.

Páginas y separadores, pero virtualespapyre-3
Lo cierto es que una pantalla táctil hubiese hecho mucho más sencillo e intuitivo el manejo de las funciones de este Papyre 6.1, que básicamente controlamos con las teclas que veis en más detalle en la imagen superior (aparte del botón de encendido, apagado y reinicio, situado en la parte superior del equipo, y los controles de volumen, que están en el lateral derecho). Los de uso más habitual son las dos flechas que nos permiten saltar una página hacia adelante o hacia atrás, que podemos observar en la parte izquierda del marco de la pantalla. Eso con pulsaciones simples, pues si las dejamos pulsadas iremos pasando las páginas de diez en diez.

El botón circular de la derecha se divide en un pulsador de Vuelta Atrás (no sirve para ir a la página anterior, sino para salir del archivo o el menú en el que estemos) y un pulsador OK, cuya misión consiste en desplegar en la esquina izquierda de la pantalla una pestaña de opciones, que cambian en función de lo que estemos haciendo: dentro de un documento de texto, nos permite ir al principio o al final del documento o a una página en concreto; en los menús generales donde aparece el listado de archivos, podemos reordenarlos de distintas formas o acceder al menú de Ajustes, por ejemplo.
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Luego tenemos los botones numéricos, que en primer lugar sirven como accesos directos a opciones y documentos. Por ejemplo, tras pulsar la tecla OK para desplegar las opciones como vemos en la imagen superior, cada opción viene identificada por un número. Lógicamente, tendríamos que pulsar el botón numérico correspondiente para entrar a la opción deseada.

Si estamos visualizando el menú principal del Papyre 6.1, que por defecto nos muestra las carpetas guardadas en la tarjeta de memoria SD, vemos que cada una viene acompañada de un número a la izquierda. Pulsamos el número correspondiente a la carpeta determinada y, tras un par de segundos de espera, veremos los archivos que contiene. Una vez dentro, realizamos el mismo proceso para abrir el documento deseado. En la siguiente secuencia de imágenes os mostramos el proceso, marcando en amarillo las teclas numéricas que hemos ido pulsando.
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Además de esto, todas las teclas numéricas del Papyre 6.1 tienen funciones adicionales. Si estamos leyendo un libro en su pantalla, podemos pulsar del 1 al 5 para introducir una marca en la página en la que nos encontremos. Esto funciona como el clásico separador para libros de papel, aunque el propio equipo siempre memoriza la última página que vimos de cada documento antes de salir de él, para cargarlo en dicha página la próxima vez que lo abramos.

Las marcas serían, por tanto, separadores adicionales, por si queremos marcar páginas importantes por otros motivos. En cada libro podremos introducir cinco marcas distintas, y para acceder directamente a ellas sólo hay que pulsar la tecla 6 y elegir la que queramos. Para quitar las marcas, tendríamos que marcar la misma tecla con la que marcamos la página mientras estamos en dicha página marcada (perdón por la derivatio).

La tecla 7 sirve para acceder directamente al índice del documento (si lo tiene, como sucede con la guía del usuario que el Papyre 6.1 lleva en su memoria interna) y la tecla 8 sirve para ampliar el zoom (como mucho cuatro aumentos en función del documento, llegando a colocar la imagen en posición apaisada para aprovechar mejor la anchura). Finalmente, las teclas 9 y 0 tienen la misma función que las flechas: movernos entre las páginas.
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Como decíamos antes, una pantalla táctil en la que sólo hubiese que pulsar sobre carpetas y documentos para abrirlos hubiese sido mucho más práctico e intuitivo. Pero después de un breve periodo de aprendizaje, el uso de las teclas resulta sencillo. La carga de las páginas puede resultar algo lenta, pero es un inconveniente habitual en todo lector de ebooks. En cuanto a la compatibilidad, el Papyre 6.1 puede trabajar con formatos tan habituales como PDF, DOC o TXT.

Malditos acentos

Ahora bien, a menudo no bastará con llenar su memoria con cualquier tipo de archivo. No todos los PDFs y DOCs están pensados para pantallas de tinta electrónica, por lo que podemos encontrar textos completamente ilegibles debido al tamaño de la fuente (incluso acercando el zoom al máximo) y, en el peor de los casos, caracteres mal interpretados por el Papiyre 6.1. Algo que nos ha pasado repetidas veces cuando aparecería un tilde (por ejemplo, palabras como rebelión, árbol o encías eran mostradas en pantalla sin la vocal acentuada, quedándose en “rebeli´n”, “´rbol” o “enc´as”).
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Unas incomodidades que, en algunos casos, se solucionan con un programa conversor (en esta página podéis descargaros versiones para Windows, Mac y Linux). Se trata de un software bastante ligero, rápido y de sencilla aplicación (y por supuesto, completamente gratuito). Como observamos en la captura de la interfaz, escribimos manualmente el título del libro, lo buscamos en el ordenador o en la web y elegimos el formato de salida. Podemos modificar las dimensiones a las que queremos que lo reconvierta, pero el programa trae memorizadas unas medidas pensadas para que veamos el texto en la pantalla del Papyre 6.1 a buen tamaño. Y todo ello lo hace en pocos segundos.
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El problema está en que, incluso a través del programa conversor, podemos encontrar casos como el de la foto superior. En ella os mostramos una imagen de la novela“Yo, robot” de Isaac Asimov reconvertida a través del programa. Como observamos, los errores de interpretacion en las letras con tilde son excesivos, hasta el punto de llegar a una lectura ilegible. Y eso que, previamente, habíamos introducido la novela tal como estaba, y se veía así:
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En este caso concreto, el Papyre 6.1 leía correctamente el archivo PDF “en bruto”, pero el tamaño de fuente era demasiado pequeño y teníamos que acercar el zoom al máximo, colocándose el texto en posición apaisada. Con el programa conversor, pretendíamos conseguir un tamaño de fuente adecuado para leer con la pantalla en posición normal, pero el remedio fue peor que la enfermedad.

Para ser justos, conviene destacar que hemos probado el dispositivo con una veintena de novelas, tanto en formato PDF como en DOC, y este caso concreto ha sido el único en el que el conversor nos ha jugado una mala pasada. Pero nos ha parecido justo señalarlo, pues en la práctica esto implica que habrá archivos que sólo podamos leer a través del conversor y otros que sólo podamos leer en su formato de origen, con todos los posibles problemas de tamaño y legibilidad en este último caso.
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Además de las posibilidades de la pantalla, el Papyre 6.1 también puede reproducir MP3. Para ello contamos con una salida universal de auriculares de 3,5 mm y un control de volumen lateral, que podemos observar en la foto superior. Reproduce única y exclusivamente MP3, nada de formatos como AAC o WMA que sí que encontramos en otro tipo de equipos. Algo que no nos parece un inconveniente, pues el estándar mayoritario está cubierto. Además, en la caja del producto encontramos unos auriculares de botón y que llevan otro control de volumen en el cable. Un detalle a agradecer.

Batería muy duradera

En cuanto a la autonomía, la gran ventaja de la tinta electrónica está en que sólo consume energía cuando cambiamos de página, y en este caso una carga completa de la batería proporciona 10.000 páginas. Esto implica, en la práctica, una autonomía de varios meses (a no ser que seamos capaces de leernos una obra tan larga como “El Señor de los Anillos” al dia, y aún así el Papyre 6.1 aguantaría más de una semana). ¿Pero repercute el uso de la música en la autonomía del equipo? Lógicamente, sí, pero hasta cierto punto.

Por fortuna, los 950 mAh de la batería son una muy buena marca para un equipo que sólo va a mostrar texto electrónico y reproducir música. En nuestras pruebas, hemos estado una semana entera sometiendo al Papyre 6.1 a sesiones de lectura y reproduciendo siempre MP3 durante una hora al día. Esto hace un total de siete horas de uso intensivo, durante las cuales sólo desapareció una barrita de las que indican el estado de carga. Es decir, sólo como reproductor de música es capaz de aguantar unas 20 horas seguidas, por lo que al final todo dependerá de si el usuario aprovecha o no la salida de auriculares y de las horas diarias que suela invertir en ello. papyre-4

Conexión desfasada

Para añadir contenidos a este Papyre 6.1, disponemos de diversos medios. Si lo conectamos al ordenador mediante el cable USB, aparecerán dos dispositivos externos de almacenamiento. Esto se debe a que este lector de libros electrónicos dispone, por un lado, de 512 MB de memoria interna (que en la práctica se quedan en unos 450 MB) y, por el otro, una ranura para tarjetas de memoria SD, en la que podemos insertar la tarjeta de 2 GB que viene dentro de la caja, precargada con 500 libros.

El problema de este medio de transferencia está en que, por desgracia, se trata de un puerto USB 1.1. Y es que el Papyre 6.1 no es más que una versión con menús en español del Hanlin V3, un lector de libros electrónicos fabricado en China, donde es habitual que algunos fabricantes empleen este puerto desfasado para ahorrar costes de producción. La salida es un puerto miniUSB y en la caja tenemos un cable adaptador a USB 2.0, pero la conexión interna del dispositivo es 1.1. papyre-8

La consecuencia: transferir una sencilla canción de 5 MB invierte 10 segundos. Esto quiere decir que, si quisiéramos usar el cable USB para llenar completamente la tarjeta y la memoria interna de este Papyre 6.1 con libros y canciones, y aún teniendo en cuenta que los 500 libros y el manual de usuario precargados ya ocupan unos 30 megas, tendríamos que esperar casi una hora y media a que terminase todo el proceso. Con un puerto USB 2.0, que es absolutamente exigible hoy en día que estamos a punto de ver la llegada del USB 3.0, lo haría todo en menos de cinco minutos.

Lógicamente, también podemos introducir la tarjeta SD en uno de esos lectores que incorpora ya casi todo nuevo ordenador portátil o de sobremesa que sale al mercado. Como compensación a lo absurdo del puerto USB 1.1 y a la posibilidad de que el usuario no tenga este tipo de lector, la firma Grammata incluye en la caja del Papyre 6.1 un lector de tarjetas que se conecta al puerto USB (esta vez, sí que es 2.0).
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Pero para los 450 MB de la memoria interna del Papyre 6.1, no nos queda otra que soportar la bajísima tasa de transferencia del USB 1.1. Así pues, para quienes no dispongan de lector de tarjetas en su ordenador, el lector USB que viene en la caja será un accesorio fundamental. Junto a él, Grammata también incluye en la caja la citada tarjeta de 2 GB, los auriculares, un cargador que usaremos muy de vez en cuando y que emplea el cable USB como intermediario, una correa y una funda protectora en formato libro, a cuyo interior podemos acoplar el dispositivo y que cuenta con un sistema de cierre por imán.

¿A quién va dirigido el Papyre 6.1?

A alguien que quiera probar por primera vez un lector de libros electrónicos, especialmente aficionados a la lectura que quieran llevar toda su biblioteca leída y por leer dentro de un “cuadernito virtual” poco más pesado que un telefóno movil.

Puntos fuertes

El Papyre 6.1 es una alternativa de medidas manejables, prestaciones básicas y una excelente autonomía. Además, se puede optar por modelos en negro o blanco y es uno de los modelos menos caros del mercado, pero por desgracia eso no implica que sea barato: cuesta 300 euros.
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Se puede mejorar

Olvidándonos del tema del precio, tenemos que remarcar claramente que, hoy en día, incluir un puerto USB 1.1 en cualquier tipo de producto es un insulto para el usuario. También convendría que, para ésta o para futuras versiones, se mejore o bien el programa conversor o bien la gestión que el dispositivo hace de los archivos que se meten sin convertir.

Luego tenemos que hablar del desembolso que requiere este Papyre 6.1, que tiene el inconveniente de todo lector de ebooks: para que se convierta en un producto interesante para el público de a pie, tiene que bajar mucho de precio. Y la inclusión de la tarjeta de 2 GB con la selección de 500 libros no justifica los 300 euros. Y es que este tipo de tarjetas están ya tiradas de precio, y en Internet tenemos a nuestra disposición unos 300.000 ebooks en descarga libre y gratuita.

Veríamos con mejores ojos un lector de libros electrónicos que, con el precio de este Papyre 6.1, proporcionase otras prestaciones como la pantalla táctil, la conexión 3G integrada o el acceso a páginas web y tiendas virtuales de libros. Pero por desgracia, esto es algo que sólo está disponible en el Kindle 2 que citábamos al principio de este análisis, un dispositivo que sólo se vende en Estados Unidos y cuya conectividad está pensada para los estándares del otro lado del charco. Precísamente, son algunas de las mejoras que podría incluir una rumoreada nueva versión del Hanlin V3, pero habrá que esperar para saber si llegará a España y a qué precio.

VIA: TU EXPERTO.COM

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