Libros electrónicos prometen revolucionar el mundo editorial...


El fabricante Endless Ideas ha presentado en el CeBIT de Hannover el Endless Ideas BeBook 2, la evolución de su lector de libros electrónicos con la intención de simplificar más el uso de este tipo de dispositivos como filosofía. Al igual que su predecesor, sigue ofreciendo una amplia compatibilidad de formatos -ePub con y sin DRM, PRD, Word, TXT y HTML entre otros- con la novedad de la conectividad inalámbrica. De este modo los usuarios no deberán preocuparse del “dónde” y el “cómo” para dotar a su eReader de contenidos.

El Endless Ideas BeBook 2 podría ponerles las cosas difíciles a otros lectores que se encuentran en el mercado, tales como los Sony PRS-700 y PRS-505 y el recientemente presentado Kindle 2 de Amazon, dada la alta calidad de los materiales de fabricación. Por otro lado, su pantalla táctil, que podemos usar como pizarra digital, ofrece un mayor número de tonos de grises para una más fidedigna visualización de fotografías o gráficos. Asimismo incorpora un lector de feeds RSS y se conectará tanto a PC como a Mac.

Con un mercado en creciente expansión como el de los eReaders, no es de extrañar que entre en dura competencia con sus rivales más directos. Sólo esperamos que mantenga la generosa autonomía que caracterizaba a su predecesor, algo que brilla por su ausencia en la gran mayoría de dispositivos dotados de conectividad inalámbrica. No obstante, tendremos que esperar hasta el el tercer o cuarto trimestre de este año para comprobarlo

Javier Celaya vive con un ojo puesto en la realidad tecnológica estadounidense, donde todo tipo de iniciativas sobre digitalización están ya más que testadas. Llevan dos años y medio de adelanto.

Los proyectos pilotos anglosajones apostaron al principio por los libros de texto. Así, aparte de seleccionar del fondo editorial unos cuantos miles de títulos de novela o ensayo, cargaron las tintas en los cuadernos escolares, pensando que ya que los estudiantes disponen hoy de dispositivos facilitados por los colegios y están más habituados a las nuevas tecnologías, tendrían un buen mercado. «Y fue lo contrario», señala Celaya. Fueron los otros libros (literarios, científicos, de ensayo) los que ganaron. Y este, en España todavía, es un tema muy sensible. Por los derechos de autor.

Sólo hace falta un dato para comprobar que aquí, en teoría y en principio, el escritor puede salir ganando. Al menos porque hay que partir de cero. Los derechos de autor digitales no están recogidos en ningún contrato de los que ha firmado con su editorial. Algunos sellos anglosajones digitalizaron obras pensando que podían disponer de sus derechos como de los de papel, y tuvieron que dar marcha atrás y atar ese cabo suelto. Hay que negociarlos a partir de ahora, uno a uno. Para esto será fundamental que los escritores sepan cómo es el mercado para tomar decisiones.

Por ejemplo, que digitalizar un libro sale barato gracias a la globalización. Entre 0,75 y 1,5 euros por página. El más bajo para textos; el más alto para imágenes. Y con precios que se reducen continuamente, que es lo que tienen por ahora las nuevas tecnologías. La casa Harper Collins ha invertido 5 millones de dólares en su megasitio para poner a disposición de los clientes todo su fondo. Pero no hace falta llegar a tanto para satisfacer a los lectores.

Hablando de reducir precios, es lo que está ocurriendo con los lectores de libros digitales. En un año el coste del soporte se ha reducido a menos de la mita. Y la oferta va en aumento. Cada casa trabaja en un modelo, con diferentes posibilidades, pero seguramente, y tal y como ya ocurrió con el video y los reproductores de dvds, se avanzará hacia una tecnología compartida.

Explorando el sector, resulta que en Japón causan furor los contenidos literarios para móvil. Parece una locura, pero prefieren leer en la pantalla del teléfono portátil que en otro sitio. De hecho, los móviles (con el nombre de netbooks) en algunos países vuelven a tener un tamaño considerable para que los usuarios puedan leer, escribir, jugar, con comodidad. Por eso las editoriales extranjeras trabajan el mercado compartido del ereader y el móvil. Es tendencia. Y atención al dato: cuando el usuario se descarga un libro en el teléfono, va a parar a la carpeta de juegos. ¿La lectura como diversión! Eso sí que es un avance.

Nadie dice que el papel vaya a desaparecer; el romanticismo que acompaña al tacto y el olor de un buen libro no lo igualará ningún dispositivo electrónico (a no ser que a los proveedores les dé por hacer como en algunos cines y le pongan perfume a los ereaders). Incluso puede transformarse en un objeto de culto y regalo fino. Celaya ya se imagina un 2050 de libros digitales en el que regalar novelas en papel sea un detalle de buen gusto.
Cada vez son más los autores que exigen una versión digital previa disponible en la red

El caso de Paulo Coehlo es ejemplar. Exige a su editorial que sus libros estén disponibles en pantalla un mes antes que en las tiendas. No es un ebook, pero sí un documento que se puede descargar y leer en el ordenador. Está comprobado que si el lector llega hasta el 20% del contenido, termina comprando el título; y de eso saben las casas españolas, que llevan un par de años poniendo a disposición del usuario pdfs con uno o varios capítulos para enganchar. Lo que podría parecer un suicidio acaba siendo beneficioso para el bolsillo.

Sobre eso, sobre la ganancia, también tiene mucho que decir el libro digital. Si el formato papel deja en manos del autor entre el 7 y el 10% del beneficio, un motivo permanente de queja, los norteamericanos están negociando de media el 20-25% del digital. Es verdad que el precio de venta es hasta dos tercios más bajo (alrededor de diez dólares frente a los 29 en librerías) pero también que no existen costes de impresión, distribución y almacenaje y que de momento venden directamente las editoriales. Hay un autor, un agente, un editor y un proveedor del servicio (si no terminan confluyendo estos dos últimos en la misma empresa). Reducidos los intermediarios, el dinero se reparte entre menos. Lo que no cambiará será el marketing; en papel o en internet da lo mismo, es necesario. La diferencia es que la tecnología permite a las editoriales hacer uso de las redes sociales para dar promoción a sus libros. Así, usan los perfiles que cada usuario facilita a Facebook, por ejemplo, para comunicarles que aquello que dicen que les gusta está a la venta. No hay un envío masivo de información, sino muy segmentado, a la carta. Es lo que las editoriales estadounidenses llaman widgets.

Con el tiempo, de nuevo, existe la posibilidad de seguir vendiendo incluso cuando el libro ya ha desaparecido de la vista en la calle. En la red, es permanentemente visible, hay un goteo continuo de compra, el boca a oreja sigue su curso y existe la posibilidad de imprimir bajo demanda (un recurso ya utilizado hoy en día por algunos escritores que no encuentran editor).

Dice Celaya que todo esto provocará una vuelta al modelo del siglo XIX, aquel en el que el librero era el impresor, y al revés. El siglo XX ha sido el de los intermediarios. El XXI, el de la venta a través del sitio web, la aglutinación de las figuras que interviene en el mundo del libro y la especialización de los libreros, estén o no físicamente disponibles para el público.
VIA:GIZMOS y LA VOZDIGITAL
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