La instrucción ideológica y partidista desde las bibliotecas públicas


El autor de La destrucción cultural de Iraq : un testimonio de posguerra e Historia universal de la destrucción de los libros, entre otros, estuvo al frente de la Biblioteca Nacional de Venezuela por apenas 9 meses, desde el 20 de marzo al 11 de diciembre de 2008, aproximadamente, período que se recuerda por su línea dura en la ideologización y partidización del Instituto Autónomo, amén de otros desmanes tecnológicos y administrativos.

El mismo autor, Fernando Báez, advierte en su Historia universal… “Tras la toma de la ciudad por las tropas estadounidenses, comenzó un proceso de aniquilación por omisión, oscilante y superficial, que contravenía las cláusulas de la Convención de La Haya de 1954 y de los Protocolos de 1972 y 1999. Los soldados estadounidenses no quemaron los centros intelectuales de Irak, pero tampoco los protegieron, y esta indiferencia dio carta blanca a los grupos criminales“. (p. 16). Es el mismo autor que afirma hoy desconocer la aniquilación de 62.262 libros, a pesar de que una buena parte de este bibliocausto ocurrió en pleno ejercicio de sus funciones como director general de Biblioteca Nacional. Toma nota, eso sí, de que estos libros fueron convertidos en pulpa de papel por iniciativa de agentes del Instituto Autónomo de Bibliotecas e Información del estado Miranda - IABIM.

¿Cuál fue entonces su labor como presidente de Biblioteca Nacional?

Hechos
Fue práctica sistemática —y probablemente lo sigue siendo en otros estados del país— la instrucción ideológica y partidista desde las bibliotecas públicas. La imposición partió del entonces gobernador Diosdado Cabello y de José Suárez, presidente del IABIM por aquellos días. Hacia febrero o marzo de 2005 llegaron a las bibliotecas de la red mirandina nuevos directores, bachilleres en su mayoría (la Coordinadora de la red de bibliotecas de Sucre, por ejemplo, cursaba su tercer semestre en la Universidad Nacional Experimental Politécnica de las Fuerzas Armadas - UNEFA, luego de una vida de ama de casa); todos tenían carné del partido, se identificaban con el proceso y debían cumplir con la misión del cambio. Cambiar estructuras, cambiar procesos, cambiar lecturas, cambiar lectores… Por ello intentaron, en algunos casos sin éxito, eliminar los archivos que tenían cada uno de los servicios. Borrar la historia de la institución. Negar el trabajo que cada unidad de información había realizado durante muchos años, todos esos años de la cuarta República.



A este propósito siguieron otras acciones, como expulsar a todo personal de libre remoción, reubicar a profesionales en puestos de categoría inferior a su nivel de capacitación y afianzar la estrategia propagandística. Las bibliotecas comenzaron a proyectar vídeos con alocuciones del presidente de la República o programas de la Misión Ribas. Contaban además con un expositor que comentaba los vídeos e invitaba a leer folletos, revistas y otros textos relacionados, que comenzaban a formar parte de la colección de la biblioteca. La propaganda gubernamental y la imagen del líder del proceso revolucionario, tomaron los espacios destinados a la promoción del libro y la lectura; en las carteleras, fueron reemplazadas las actividades culturales por jornadas de estudio político… Fruto de este torcimiento de la misión, visión y objetivos de la biblioteca pública lo fue la unidad de información Misia Ana de Infante, ubicada en el casco histórico de Petare, sometida a una innecesaria remodelación que la mantiene cerrada hasta hoy; parte de su colección permanece en cajas, parte ha ido a parar a otras bibliotecas y salones de lectura, y parte ha desaparecido, como tantos otros libros.

Literatura infantil
Igual de lamentable ha sido la desincoporación de aquellos libros infantiles donde había prensencia de nieve, según relató Miriam Hermoso, actual presidenta del IABIM, a Beatriz W. De Rittigstein en Quema de libros. Algunos títulos que sufrieron esta política de exterminio en la Biblioteca de Los Teques: El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry; Lectura para jóvenes venezolanos, de Arturo Uslar Pietri y Misterio de la momia, de Alfred Hitchcock. En la Biblioteca Adolfo Castillo, por su parte, se adquirieron 6 libros para niños en un lapso de 4 años; los títulos: La fortaleza perdida, de Fidel Castro; La política explicada a los niños y jóvenes, 3 guías de estudio y La historia de un caballo que era bien bonito, de Aquiles Nazoa. Otros datos en este sentido, pueden leerse en el trabajo de Laura Helena Castillo: La politización no escapa a las letras y La destrucción de la cultura.

Eddy D. Souza:Licenciado en Bibliotecología por la Universidad Central de Venezuela
LA DESTRUCCIÓN del libro en Venezuela


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