lunes, febrero 23, 2009

Los libros son caros y no hay tiempo para leer


Decía alguna vez el Conde de Siruela, fundador de la magnífica y singular editorial Siruela, que aquello de los libros caros era simplemente una actitud cultural. ¿Caros con respecto a qué? ¿A una corbata de marca? ¿A una cartera Vuitton? ¿A una atractiva y diminuta ropa interior femenina de Victoria Secret? ¿Cuándo nos quejamos del whisky caro o de la discoteca cara? Sin embargo, estamos gustosos de pagar por todas estas cosas sin chistar. No conozco el primer artículo que se haya publicado protestando por el precio de las zapatillas deportivas o de los laptops para ejecutivos.

Por otra parte, los románticos del libro creen que éste surge de la nada. Que es etéreo y que basta con pensar en publicar un libro para que se materialice sin más. Pues señores, el libro es un objeto industrial que utiliza materiales que cuestan: papel, tinta, encuadernaciones, pegamento, máquinas donde se imprime, películas. Por supuesto, obreros y operarios que cobran por su trabajo. El autor, el editor, el impresor, el distribuidor y el librero, también —aunque parezca raro— son humanos y de algo tienen que vivir. Que el libro está en manos de negociantes y de comerciantes dice por ahí alguien bastante alejado de la realidad. Que debería estar manejado por artistas e intelectuales. Como si no hubiera habido siempre editores y libreros intelectuales. A estos desorientados señores les tengo una noticia: Desde sus albores, cuando se inventó la imprenta, el libro ha sido un negocio. Gutenberg no fue un altruista. Era un visionario con olfato de comerciante. A quienes quieran enterarse más sobre el tema, les recomiendo un libro muy bueno: La cultura, patrimonio intelectual de los europeos, de Donald Sassoon. Allí se explica muy bien el desarrollo del libro como industria.

Libros hay de todos los precios. Ediciones de bolsillo que no pasan de veinte mil pesos, como también bellas ediciones de lujo de un millón. Pero el hecho es que el universo del libro está al alcance de todos. Basta dejar la pereza mental y atreverse a leer. A ser distinto gracias a la lectura.

Otra polémica inútil en que nos embarcamos es en la de si los libros más vendidos sí son realmente los más vendidos y si esto significa que son los mejores. Son dos conceptos totalmente distintos. La estadística de los más vendidos, cuando ésta se saca bien, de manera técnica e imparcial, sólo refleja lo que la mayoría de la gente prefiere en ese momento. Pueden ser los libros más populares; los libros más morbosos o escandalosos; o la última crónica periodística sobre el narcotráfico. A veces se da que el libro de un gran autor literario, una novela, o un libro serio sobre historia, llega a ser el más vendido. Y esto es gratificante y maravilloso. Pero no siempre es así. Igual que pasa en el cine, la música o cualquiera de las artes. Yo le aconsejaría a El Espectador, sacar una lista de los sugeridos por los libreros, por ejemplo. Los que ellos con su experiencia y gusto como lectores, aconsejan a los otros lectores. Sería más lógico y honesto que confundirlos con distintas listas de los “famosos más vendidos”. Me atrevo a hacer mi sugerencia como librero. Yo recomiendo para esta semana, los dos tomos de los Apuntes de Canetti. Extraordinario autor, y extraordinario libro.

Felipe Ossa. Librería Nacional Sede de Unicentro. Bogotá

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