miércoles, diciembre 31, 2008

Réquiem por las librerías....


“La Habana era la voz de Lezama”, dice Cintio Vitier, el viejo poeta que se convirtió en un triste paladín del poder hace tres décadas. Mucho antes de dedicarse a la propaganda oficialista, Vitier formó parte de la redacción de la revista Orígenes, fundada en 1944 por Lezama y otros intelectuales. Ese grupo tenía sus tertulias en la cafetería La Lluvia de Oro y la librería La Victoria, ambas en la calle Obispo, en el corazón de La Habana Vieja. “En la diminuta trastienda de La Victoria podía uno asistir a las tertulias del autor deParadiso. Con su enorme tabaco entre los dedos, se solía imponer con su maravillosa conversación”, cuenta el poeta y sacerdote Ángel Gaztelu, otro de los fundadores de la revista. Y cuando un joven escritor le pedía consejos para sus lecturas, Lezama le contestaba: “Muchacho, lee a Proust.”

Hoy nadie pide consejo en las pocas librerías que han sobrevivido al vendaval revolucionario. La Victoria, ese “punto de reunión de la intelligentzia cubana”, como la describió el dramaturgo Virgilio Piñera, sigue en el nº 366 de Obispo. Tras muchos avatares, el local, en estado ruinoso, ha retomado su antigua función y vende libros usados, cubiertos de polvo. No hay textos de Lezama, pero sí las Obras completas del Che. Una pareja de nórdicos despistados, conducida por el inevitable jinetero que trabaja a comisión, mira unos carteles del guerrillero y se va sin comprar nada.

La Lluvia de Oro también pervive, un poco más adelante, pero el camarero no sabe quién es Lezama. Una orquesta toca son y salsa para los turistas. Es uno más de esos lugares sin gracia que han proliferado en los últimos años para hacerse con las divisas de los visitantes extranjeros.

Sólo en Obispo había ocho librerías-editoriales cuando Fidel Castro entró en La Habana en enero de 1959. Todas habían sido fundadas por españoles, entre ellos un exiliado republicano, y todas fueron “intervenidas” por las autoridades y clausuradas en su mayoría. El monumental edificio art decó en la esquina de Obispo y Bernaza, construido en 1935, sigue albergando La Moderna Poesía, pero el buque insignia del mundo editorial cubano se ha convertido en un cascarón vacío. Los escaparates son el reflejo fiel de la política cultural del gobierno. En uno dominan los libros de cocina, astrología, autoayuda o decoración. La presencia de la literatura cubana se limita a los dos tomos de las Obras poéticas de Nicolás Guillén y una novela de la joven escritora Ena Lucía Portela. El otro está dedicado a la chemanía: doce títulos sobre el “guerrillero heroico”, en español, francés e inglés.

La Moderna Poesía, como el puñado de librerías de La Habana, es más bien un depósito arbitrario de libros donde los dependientes, todos funcionarios del Estado, se aburren soberanamente a la espera del improbable comprador. La presencia de un manual sobre “estrategias de supervivencia empresarial” desconcierta casi tanto como la indigencia de los estantes de literatura cubana, donde faltan la mayoría de los grandes escritores. Con todo, el establecimiento mantiene la noble función para la que fue creado en 1890. De su socia, la librería Cervantes, con la que llegó a abrir sucursales en Sudamérica, no queda rastro.
LETRAS LIBRES /  (De click para agrandar)
Y el local de su vecina, Ediciones Montero, creada en 1937 y especializada en temas de derecho, lo ocupa hoy el Comité Militar Municipal. El escaparate está tapado con tela verde, y en el cristal hay una foto del Che. En la acera de enfrente, la Librería Internacional ofrece al Che en todos los formatos posibles y la Ateneo Cervantes está invadida por manuales revolucionarios en desuso de los cinco continentes.

Para los aficionados a la lectura, los libreros de ocasión de la Plaza de Armas constituyen el último recurso. Son una veintena e instalan sus puestos cuatro días a la semana en ese hermoso parque. Un primer vistazo puede ser decepcionante: Fidel, el Che y la Revolución copan las estanterías, por obligado protocolo, pero también por negocio. “A los jóvenes europeos lo que más les interesa son las obras del Che”, comenta uno de ellos. Pero las miles de bibliotecas privadas desmanteladas y vendidas en Cuba dan para mucho, y todavía hoy puede encontrarse alguna pequeña joya. Nada de Cabrera Infante, Reinaldo Arenas o Virgilio Piñera, ni de los autores de la nueva generación, como Leonardo Padura y Pedro Juan Gutiérrez, que viven en La Habana pero publican en el extranjero. Parapetados en sus puestos, los libreros, que además suelen ser lectores, saben sin embargo dónde conseguir la mercancía prohibida.

LA HABANA, RUINAS Y REVOLUCIÓN

POR BERTRAND DE LA GRANGE Y MAITE RICO



sábado, diciembre 27, 2008

Carpe diem quam minimum credula postero




生活の中で重要なものを尊重する seikatsu no naka de jûyô-na mono wo sonchô suru - Apreciar las cosas importantes de la vida (diaria), es decir: tener un techo, alimento, agua corriente, ropa, etc., y por extensión amigos y familiares que nos ayudan, etc.

jueves, diciembre 25, 2008

Cámara Ecuatoriana del Libro afirma que la Industria del libro baja en 2008

Anabel Castillo, presidenta de la Cámara Ecuatoriana del Libro (CEL), aseguró que en 2008 la producción de textos en el Ecuador ha variado poco respecto a 2007. "No hemos tenido un crecimiento o decrecimiento muy representativo. Sin embargo, la producción sí ha tenido una pequeña baja", dijo.

Por ejemplo, el año pasado en temas de filosofía y psicología se publicaron 132 títulos, mientras que en el año en curso se produjeron apenas 46.

Asimismo, libros de ciencias sociales, que en 2007 llegaron a 1 582, hoy, el registro indica solamente 877 títulos. Incluso textos de literatura que, según Castillo, "son los que más se imprimen porque son los que más se leen", han sufrido un recorte: en un año pasaron de 561 a 332 trabajos.

Los cálculos que arrojan los estudios de la CEL, ya tomando en cuenta número de ejemplares y reediciones, son del 3,22% (2007) al 2,97% (2008) de diferencia en la producción.

Leonor Bravo, escritora ecuatoriana, afirma que hoy en día lo que más se produce en el país son obras de literatura infantil. Castillo apoyó dichas palabras y agrega que esto se debe a que "la población lectora no se ha incrementado drásticamente. Para esto, se tendría trabajar conjuntamente con el Gobierno en campañas que fomenten la lectura, especialmente en los jóvenes, puesto que ellos son el sector que menos tiene hábito de leer y es en él en el que se pierde público para la literatura".

Según la CEL, lo que más se compra es la narrativa. "La gente no lee poesía, por eso se publica poco; pero sí lee novelas, cuentos. Las ciencias sociales tampoco son una producción como de best sellers (que se venden mayoritariamente), tienen un público, pero no es masivo. Siempre la prosa literaria tendrá un consumo superior", lo cual se refleja en las listas de los títulos más vendidos en las librerías ecuatorianas.

Entre los planes de la Cámara Ecuatoriana del Libro está, en 2009, impulsar todo lo que sea publicaciones que potencien diversidad cultural, además de seguir trabajando en la ley del libro. (MJC)
en Diario HOY - Noticias de Ecuador.

domingo, diciembre 21, 2008

Leer para vivir...Juan Villoro


Aunque el fin de los libros se anuncia con frecuencia, los desastres del mundo refrendan su importancia. En las cárceles, las dictaduras, el exilio, el secuestro y los hospitales, hay quienes han encontrado un consuelo en la lectura.

La lectura es como el paracaidismo: en condiciones normales la practican algunos espíritus arriesgados, pero en caso de emergencia le salva la vida a cualquiera.

Óscar Tulio Lizcano, víctima de la guerrilla colombiana, rindió hace unas cuantas semanas inaudito testimonio de la forma en que los libros preservaron su dignidad. En la clínica de Cali donde se recuperó de ocho años de privaciones como rehén de las FARC, habló de la selva donde perdió veinte kilos, pero no la lucidez. De los 50 a los 58 años vivió agobiado por las enfermedades, la desnutrición, las humillaciones de perder todo sentido de la privacidad. Para conservar la cordura, clavó tres palos en la tierra y decidió que fueran sus alumnos. Lizcano les enseñó política, economía y literatura. Como tantos maestros, se salvó a sí mismo con la prédica que lanzaba a sus perplejos discípulos. Un comandante vio el aula donde los palos tomaban lecciones, y decidió pasarle libros. Lizcano leyó a Homero, y seguramente admiró la desmesura de Héctor, que desafía al favorito de los dioses. “La poesía me alimentó”, ha dicho el hombre cuya dieta material era tan ruin, que se veía mejorada por un trozo de mono o de oso hormiguero.

En las cárceles, las dictaduras, el exilio y los hospitales, otros lectores han encontrado un consuelo semejante. Aunque el fin de los libros se anuncia con frecuencia, los desastres del mundo refrendan su importancia. “Soy un optimista de la catástrofe”, ha dicho George Steiner a propósito de la vigencia de la letra. Cuando el viento sopla a favor, la gente duerme la siesta. En los momentos de prueba y las horas bajas, busca el auxilio de un libro.

En Los náufragos de San Blas, Adriana Malvido relata la odisea de tres pescadores mexicanos que se extraviaron en el Pacífico durante 289 días. La sed, el hambre, el sol y los tiburones eran sus más evidentes enemigos. Tuvieron que sortear esos peligros, pero también el tedio, la convivencia forzada, las ideas que podían llevarlos a la demencia. ¿Cómo sobreponerse a esos días inertes e idénticos a sí mismos? Uno de los pescadores llevaba una Biblia, a la que atribuye su supervivencia.

Abundan los ejemplos de libros que han dado fortaleza en situaciones límite. De acuerdo con Bertrand Russell, la obra más impresionante y mejor escrita sobre la vida en cautiverio es Un mundo aparte, del polaco Gustaw Herling. Este testimonio excepcional también fue admirado por Albert Camus y Jorge Semprún. De 1940 a 1942, Herling estuvo preso en campos soviéticos de la región de Kargópol. Su libro revela el grado de aniquilación al que llegó el estalinismo. En ese “mundo aparte”, los prisioneros dormían bajo un foco encendido, y sólo en el hospital recordaban lo que era la noche. Ahí, Herling leyó el testimonio de Dostoievski sobre Siberia, La casa de los muertos, sorprendido de que un libro sobre la dureza de la cárcel pudiese aliviar e incluso alegrar su encierro. Uno de los misterios de la literatura es que gratifica al mostrar el sufrimiento, y lo trasciende con la emoción de la obra lograda. Herling no encontró en Dostoievski una evasión, sino un espejo. La casa de los muertos le fue prestada por una mujer que leía esas páginas con obsesión y ansiaba que él terminara la lectura para volver a ellas. Al razonar su pasión por ese Libro de los libros, la mujer le dice a Herling: “Cuando no hay esperanza de salvarnos, ni la menor fisura en los muros que nos rodean; cuando no podemos levantar la mano contra el destino, precisamente porque es nuestro destino, solamente queda una cosa: levantar la mano contra nosotros mismos”. Esa lectora ya no se sentía dueña de su vida. El libro le reveló que aún podía ser dueña de su muerte. La posibilidad de decidir su último destino, de suicidarse o aplazar ese acto, le otorgó una poderosa sensación de libertad. El pasaje muestra un caso límite, la disyuntiva final en la que seguir respirando implica un desafío. Gracias a la lectura de Dostoievski, el calvario se convirtió en una forma de la resistencia.

Vayamos a otro urgido de literatura. Hace poco, Sean Connery recibió uno de esos premios por trayectoria de vida con los que el mundo del cine resalta su glamour. Después de una lluvia de elogios sobre la ardua tarea de besar mujeres hermosas en el papel de James Bond, alguien recordó el humilde origen de Connery en Escocia, el cuarto en el que fue recogido de bebé y donde le asignaron como cuna el cajón de un escritorio. Su destino original era el de un descastado, pero se convirtió en un ícono de la cultura de masas. Después de eso, el actor se limitó a decir: “Es cierto que mi origen fue poco auspicioso, pero a los cuatro años me ocurrió un milagro: aprendí a leer”. El aprendizaje del alfabeto puede ser poco espectacular. Para alguien que dormía en el cajón de un escritorio significó un cambio de piel.

En caso de necesidad, la lectura salva. A veces, el libro en cuestión ni siquiera tiene que ser bueno. En 1781, Diderot curó la depresión de su mujer leyéndole novelitas sentimentales.

Kafka era más exigente: “Sólo me gustan los libros que muerden”. En la cárcel o el naufragio, ese mordisco recuerda que no hemos sido destruidos. En la vida común permite que no seamos tan comunes.

Blogs de Emol

miércoles, diciembre 17, 2008

Ser un editor Michael Kandel


"...Los editores se necesitan porque 1) alguien en la editorial debe decidir que se pongan robots en vez de hadas en la tapa de un libro (en otras palabras, alguien debe tener un mínimo de independencia); 2) finalmente, alguien en la editorial debe intentar leer (o leer con un ojo, o al menos ojear, o por lo menos, leer en diagonal) el libro que se piensa publicar para evitar una situación bastante embarazosa o un escritor furioso, y 3) alguien debe buscar o pretender buscar las fabulosas gemas escondidas en la basura (las editoriales siguen manteniendo la ilusión de encontrar un tesoro y hacer su agosto).
A los editores se les necesita, pero no se les respeta. No tienen el poder, más allá de la habilidad de decir “no” al comienzo del proceso. Una vez que el contrato se firma, ellos son simplemente asesores, pero no toman las decisiones. Hacen sugerencias que cualquiera, incluido el autor, puede ignorar. Usualmente tendemos a no respetar a las personas que no van armadas.

Los editores son una molestia costosa, porque complican la vida, retrasan el proceso de producción de un libro y causan fricción. Muchas casas editoriales británicas no tienen editores en función: el manuscrito se envía a la editorial en forma electrónica, es remitido directamente al maquetador, y un corrector de pruebas freelance revisa las galeras para evitar errores tipográficos. En tiempo récord, el libro en físico está listo con mínima intervención humana. Los americanos tienden a editar más los libros que los británicos, lo que significa que el autor se resentirá más o se pondrá iracundo, o quizá, ante las sugerencias del editor, se inspirará para reescribir partes o la totalidad del libro. El tiempo programado para la publicación se puede ver afectado. Y la editorial quizá tendrá que esperar más antes de recuperar el anticipo que pagó al autor.

El diseñador del libro, el artista de la tapa, el publicista, el de mercadeo –todos miembros del equipo editorial–, deben tener la asesoría del editor en la toma de decisiones (es él quien, después de todo, conoce el libro mejor que cualquiera allí). Pero esta asesoría es problemática, pues significa tiempo extra de consulta a otra persona y el incremento de la posibilidad de estar en desacuerdo. Es probable que el editor hable acerca de asuntos literarios y no comerciales.

El antagonismo entre los editores y las editoriales, tal como lo entiendo, es muy similar al antagonismo entre los productores y los directores de cine en Hollywood. La eterna y mutua sospecha entre el artista y el negociante.

Pero si el editor es un artista, lo será anónimo e invisible. Todo el asunto de editar bien un libro se resume, no en la exclamación por parte del lector: “¡Qué magnífica edición la de este libro!”, sino más bien, “¡qué escritor tan fantástico!”. De manera que el editor es aún más invisible que el traductor, si lo hay, porque su nombre ni siquiera aparece en la página titular. Ni en ninguna. Aunque recientemente algunas editoriales incluyen el nombre del editor en la página legal, pero en un tamaño bastante reducido.

Incluso los editores no se conocen mucho entre ellos, y son los agentes literarios los que tienen una mejor apreciación de cuáles son mejores que otros.

Las recompensas existen, obviamente. Está la satisfacción de ver un buen libro convertirse en uno mejor y en ver esta mejora en la lista de los más vendidos y en una película de Spielberg. (Estoy bromeando, ya que eso casi nunca pasa.) Y tal como el editor veterano me lo mencionó alguna vez, “uno hace amigos”. Unos pocos escritores apreciarán tu trabajo, y recibirás un cálido apretón de manos o incluso un abrazo..."

Traductor
Sandra L. Patarroyo
EL MALPENSANTE

Como la pertinencia de los soportes depende de su capacidad de responder óptimamente a necesidades específicas de sus usuarios, creo que los lectores ganamos al tener la posibilidad de leer El malpensante tanto en papel como en Internet y que, contrario a lo que muchos piensan, esta apuesta por los contenidos abiertos en línea no necesariamente tiene por qué afectar de manera negativa las ventas de la revista.
comentario de martín gómez al que nos sumamos

domingo, diciembre 14, 2008

Ray Fernandez Moya el librero 2008




Entrevista a Ray Fernandez

H. En tu canción El librero, después de hacer una selección exquisita de autores y libros dices "..a mí los libros no me enseñaron ná" ¿Qué es para ti la literatura?

R. Chico, la literatura me apasiona, y mi canción "El Librero" es un juguete, una paradoja, pongo en boca de un personaje de ficción muchas de mis contradicciones. A veces uno encuentra en los libros cosas que intuía desde siempre, pero que nunca las había aprehendido, funciona entonces el libro como una suerte de espejo. Soy muy pusilánime, de eso esta impregnado también el librero, pero ya te dije antes que ese tema es un juguete, disfruto mucho cantándolo y escuchando luego a las personas cuando se me acercan preguntando: - pero ven acá compadre, como es posible que los libros no te hayan enseñado ná si te pasas la canción entera presumiendo y hablando de cosas que solo un lector compulsivo puede saber- y eso es lo que me gusta a mi, que la gente se cuestione cosas y se me acerque.

Preguntas: Hugo Torres Hernández
Respuestas: Ray Fernández

El escritor frente a su lector

La mujer de al lado está leyendo una novela. La novela se titula The beach house. Es una novela que podría ocupar el hueco que dejó un ladrillo en una casa vieja.

Ochocientas páginas a lo menos. La he estado mirando durante mi vuelo a Australia.

Cada vez le miro un rictus más pronunciado. Lee con desgana. Entre un bostezo y otro, mira la contraportada, como esperando encontrar la llave que abre sabe Dios qué puerta. Ahora abre en dos la novela. La cierra. Mira la portada, vuelve a las páginas perdidas y continúa leyendo. La he estado mirando desde que salimos hasta ahora que vamos descendiendo. Cierra la novela. Adelanta páginas, regresa. Lee el comentario de la contraportada. Vuelve a las páginas perdidas. Estoy pensando muy seriamente en decírselo apenas bajemos del avión: señora, por favor, no se subyugué de ese modo. Aunque sea su marido el autor de ese libro, no olvide que su derecho a arrojarlo a la basura sigue intacto

Rogelio Guedea
rguedea@hotmail.com

sábado, diciembre 13, 2008

La bloguera cubana Yoani Sánchez sus comentarios sobre el libro en Cuba


¿Quiénes les temen a los libros?

Noche de sábado y acumulo bostezos frente a un aburrido thriller de policías y delincuentes. Suena el teléfono y es Adolfo, todavía tras las rejas desde que una pataleta del poder lo condenara en la Primavera Negra del 2003. Se le oye agitado. Unos carceleros, cuasi-analfabetos, le impiden recibir los libros y revistas que le llevó su esposa en la última visita. La lista de los “peligrosos” textos retenidos incluye las publicaciones católicas Palabra Nueva, Espacio Laical y unas reflexiones espirituales de San Agustín. Sus compañeros de causa, Pedro Argüelles Morán y Antonio Ramón Díaz Sánchez, se le han unido para presionar de la única forma que pueden: rechazar el magro sustento que ponen sobre sus bandejas. Hasta que no les dejen pasar el alimento de las letras, evitarán la insípida ración que los mantiene vivos.

La desconfianza que provocan los libros entre los guardianes de la prisión de Canaleta me ha recordado al colombiano Jorge Zalamea y su poema-novelado “El Gran Burundún Burundá ha muerto”. Un dictador, temeroso del lenguaje articulado, condena a sus súbditos a un mundo sin comunicación y sin literatura. Para hacer que se cumpla su mandato de silencio, recluta a todos aquellos a quienes ofende la palabra. Convoca, para formar sus huestes de censores, a “los incapaces de fervor, a los que carecen de imaginación, a los que jamás se hablaron a sí mismos, (…) a los que pegan a las bestias y a los niños cuando no entienden sus miradas…”.

Los peones que hoy retienen los libros de Adolfo forman parte de esas mismas falanges de interventores iletrados. Carceleros de la expresión, intuyen –tal y como lo comprendiera el Gran Burundún- que la condición humana y “la rebeldía que la sigue, tienen su fundación en la palabra articulada”. Sospechan que cuando Adolfo, Pedro y Antonio se sumergen en un ensayo o en un cuento los barrotes se esfuman, la cárcel se aleja y logran sacudirse sus enormes condenas. La “instrucción” recibida por los guardianes de las cárceles cubanas les alcanza para saber que un libro es algo extremadamente peligroso.

La larga lista de los excluidos

Durante este fin de semana se desarrolló en la ciudad una feria de venta de libros. Una buena idea para salir del marasmo cultural que desde fines del verano cubre a La Habana. El Paseo del Prado y las áreas alrededor del Capitolio se llenaron de carpas, música y de un público deseoso de ver nuevos títulos y alarmado ante el elevado costo del “vicio de leer”.

Me paseé un par de horas por entre los kioscos y comprobé el gran por ciento de reediciones que adornaban los anaqueles. También volví a notar a los ausentes, a los que no se mencionan, a los escritores cubanos que han pasado, en más de cuarenta años, a engrosar la lista de los “prohibidos”. La selección entre quién puede ser leído en Cuba y quién no, forma parte de la política cultural y fue justamente el tema que nutrió la polémica intelectual ocurrida entre enero y febrero de este año.

En esta isla –tocada por el genio de la literatura- camino por una feria de libros y no veo el nombre de Cabrera Infante, ni el de Jesús Díaz, mucho menos el de Heberto Padilla o Lino Novás Calvo. Le pregunto a una joven vendedora si tiene algo de Eliseo Alberto Diego y me responde encogiéndose de hombros, sin saber qué decir. Tampoco percibo al genio inquieto de Reinaldo Arenas y poco, muy poco, al agudo criterio de Mañach.

Alguien ha mutilado lo que debí haber leído. Desde detrás de un buró me han vedado las páginas que me pertenecen por el mero hecho de haber nacido aquí. Libros y más libros que no he visto y que pesan -con su ausencia- sobre mí.

Vuelvo a mi casa y me alegra que mi biblioteca no conozca de exclusiones, no esté dividida por colores políticos ni por criterios extraliterarios como “traición” o “incondicionalidad”.

En la acción diaria de ordenar mis libros se ejercita mi tolerancia y sale burlada la censura.

Tarde de textos y disgustos

Ayer me fui a la Feria Internacional del Libro en la fortaleza de la Cabaña, al este de La Habana. Gracias a un lector de este Blog, que me regaló algunos títulos de su pequeña editorial española, pude salir con algo en las manos. Los precios en pesos convertibles me convencieron de no comprar nada, mientras creía reconocer -entre las ofertas en pesos cubanos- sextas o séptimas reediciones de Alejandro Dumas y Emilio Salgari.

Ciertos pabellones repletos de gente, mientras que otros, especialmente las editoriales con temática política y social, significativamente vacíos. La atracción principal eran los pequeños cuadernos para colorear o los libros infantiles con llamativos personajes a lo Disney; y los stands menos visitados aquellos de discursos, consignas y utopías de las que ya estamos saturados cada día.

Sin embargo, no fueron los libros los que me proveyeron de la experiencia más intensa de esa jornada, sino la escurridiza Internet o la “balsa virtual” como la llaman algunos. Resulta que ETECSA ha colocado muy cerca de la entrada principal un Telepunto para vender tarjetas, llamar por teléfono y acceder a la red de redes. El año pasado ya había hecho el intento de sentarme frente a uno de los teclados, pero me aclararon “enérgicamente” que era sólo para extranjeros. Con la ilusión de que esta vez el apartheid fuera cosa del pasado, volví a intentarlo. Una elegante vendedora, que parecía llevar sobre sí varios postgrados de marketing y gestión de ventas, me hizo bajar de mi nube al pedirme el pasaporte o la tarjeta de turista.

No puedo entender que en un espacio para la lectura y el conocimiento -como debe ser una feria de libros- exista una zona vedada para los que ostenta determinado “origen nacional”. Si encima de eso el “área restringida” es la puerta a esa gran biblioteca, hemeroteca y enciclopedia que es Internet, entonces todo se me vuelve más absurdo. Cómo se puede, en un mismo recinto, fomentar la lectura y evitar el acceso a la información; vender libros y censurar páginas web; potenciar las palabras y no dejarnos entrar a un chat; vender diccionarios y no permitir que consultemos Wikipedia.

El incidente me hizo evocar los enormes volúmenes -en la parte más alta del librero- que mi padre me prohibía hojear cuando era niña. Como uno de esos libros inaccesibles y por ende “irresistibles” me ha parecido ayer Internet y, nosotros los cubanos, como perennes infantes a los que no se les puede dejar leer sus páginas.

A propósito de la visita de Raúl Castro a Venezuela...

jueves, diciembre 11, 2008

De cómo parecer cultos sin leer en el intento


El amigo RAFAEL JIMÉNEZ MORENO
nos deja estas perlas:
Existen varios truquitos para simular el don de la inteligencia y la cultura sin necesidad de acudir a los temidos libros. A continuación les indicamos algunas de las estrategias utilizadas por algunos simuladores para aparentar que nacieron con un exceso de sustancia gris:
CARGUE SIEMPRE UN LIBRO CONSIGO
Es un error muy frecuente el pensar que sólo nos comunicamos con los demás cuando hablamos y escribimos. A menudo se olvida que nuestros cuerpos también expresan mensajes. Basta ver la Gaceta Hípica doblada en el bolsillo trasero de un pantalón para inferir que esa persona es amante del juego de caballos. Basta ver un diario de formato tabloide aprisionado en una axila para concluir que ese sujeto es aficionado a los sorteos de lotería.
El que lleva un libro consigo siempre está en una vaina. Es un sujeto superior, que no se detiene en el bajo mundo del chisme o en la socialización forzada de las colas de espera. De ahí la importancia de siempre llevar en la mano una obra que “delate” lo más íntimo de nuestra personalidad. No hay que alarmarse: No hace falta leerla, con mostrarla es suficiente. Lo mejor del caso es que podemos ser todo lo camaleónico que deseemos. Ahí están los comunistas que se la pasan con libros de Marx que jamás han leído (a juzgar por sus declaraciones). Ahí están los neoliberales que se la pasan con libros de Adan Smith y Milton Friedman que nunca han revisado. Anímese usted también: métase a postmoderno sin achicharrarse las neuronas con Noam Chomski.

LEA CONTRAPORTADAS Y RESÚMENES DE OBRAS
Se ha sabido de personas que sólo necesitaron leer y caletrearse unas cuantas contraportadas de libros famosos para llegar a la presidencia de la República, la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo de Justicia o la animación de un programa de televisión. Se trata de una excelente estrategia, que sólo entra en crisis cuando la persona se anima a tirar flechas sobre otras partes de la obra, como por ejemplo, el índice, el prólogo o la conclusión.

APELE A LA CITA CULTUROSA
Y, finalmente, siempre contamos con la opción de aprovecharnos de la inteligencia ajena, gracias a pensamientos famosos sacados de agendas y calendarios de taco. Citar, es como dice el mexicano Gabriel Zaid, una forma presuntuosa de callar, de ceder la voz propia. Yo no puedo evitar caer ante esta tentación, y hago mías las palabras del famoso novelista Oscar Wilde: “La gente no quiere que se le eduque; sólo quiere que se le tenga por educada”.

LEER COMPLETO EN: LA HORA DEL VAMPIRO

miércoles, diciembre 10, 2008

Descarga gratuita de la versión digital para móviles del libro “La empresa en la Web 2.0”


"Por primera vez en España, se publica un libro, “La empresa en la Web 2.0” (Editorial Gestión 2000), en el tradicional formato papel y en versión digital para móviles simultáneamente. A través de esta singular iniciativa, los lectores pueden descargarse gratuitamente el libro en formato digital para leerlo en sus teléfonos móviles. Lalibre distribución de libros a través de Internet, bajo licencias Copyleft o en Dominio Público,  no sólo aumentan la difusión de las obras, sino que también ofrecen beneficios derivados a tener en cuenta (intercambio de conocimiento, cultura más libre, etc.).

El teléfono móvil se ha convertido en la principal herramienta de comunicación para la mayoría de las personas. En España hay hoy en día más móviles que ciudadanos, en concreto 49,6 millones de líneas telefónicas móviles, lo que supone una proporción de 109,8 líneas por cada 100 habitantes. Estos datos señalan un potencial desarrollo de un mercado editorial específico para móviles en nuestro país a medida que vayan apareciendo dispositivos que permitan una lectura más cómoda en sus pantallas.

Japón es el país donde hace furor esta nueva forma de acceso a contenidos digitales editoriales. La prohibición que existe en el país nipón de hablar por el móvil en el transporte público (metro, autobús o tren) ha fomentado la lectura de libros a través de las pantallas de los móviles. Así, más de 25 millones de personas han devorado el libro electrónico titulado Koizora (Cielo de amor) desde las pantallas de sus móviles: una historia romántica escrita por una joven japonesa que firma con seudónimo.

Cómo descargarse gratuitamente el libro “La empresa en la web 2.0" en formato digital para móviles
  1. Pinchar( click) en el siguiente enlace “Descarga gratuita de la versión móvil del libro “La empresa en la web 2.0”
  2. Su navegador debe tener desactivada la función de “bloqueo de ventanas emergentes” para este sitio web.
  3. Se abrirá una ventana emergente con el archivo digital
  4. Descargar en el ordenador( computador) el archivo
  5. Conectar el teléfono móvil al ( computador)ordenador
  6. Trasladar el archivo digital del ordenador( computador) al móvil
  7. Ya puede leer en la pantalla del móvil los primeros cuatro capítulos del libro

La versión digital del libro ha sido desarrollada por la compañía austriaca
Mobilebook™ que ha creado una sencilla aplicación basada en Java que permite transformar libros en papel a formato digital para ser descargados y leídos posteriormente en los teléfonos móviles.

Las personas que se 
subscriban al boletín mensual del Portal Dosdoce.com recibirán gratuitamente cada mes un nuevo capítulo del libro.

domingo, diciembre 07, 2008

FIL Guadalajara...visiones

                                                                                              ¡Viva México cabrones!


Para tener una opinión de las dos ferias más importantes del mundo, responde Gabriel Sandoval, ex editor de Planeta Chile y actual Director Editorial Corporativo de Planeta México: "Guadalajara es realmente una fiesta del libro y la feria de referencia en lengua española. Acá los negocios se unen a las actividades culturales, y ambas partes conviven sin dificultad. Frankfurt, en cambio, es una feria donde sólo vas a comprar y si algo se escribe son cheques (aunque cada día menos, pues ahora son casi todas transferencias electrónicas). Los editores en Frankfurt aprendemos realmente lo que es el 'negocio' editorial, ya que puedes compartir con las editoriales de todo el mundo y ver una diversidad de producto como no podrías ver en ningún lado; aprendes a hacer portadas, mirando las italianas; te topas con el marketing de las grandes casas norteamericanas, te cruzas con el súper stand de Andrew Wylie y te das cuenta cuánto dinero puede mover una agencia de esta magnitud. Es decir, Frankfurt es una bofetada al romanticismo editorial y eso también es bueno. La FIL aún es romántica, se hacen más actividades que negocios, aunque quizás la principal misión sean las relaciones públicas: ver las caras que hay que ver, buscar los mejores contactos, tomarte el café o la copa con aquel autor que quieres seducir y, cómo no, buscar trabajo en la industria (sin que se note, claro)".
En lo personal, me gustan mas la viones de los amigos Pablo y Martin..

lunes, diciembre 01, 2008

Foto Envidia FIL Guadalajara ...

Siga aca..su lectura..Ojo & Nobel

Tökland & Ojo Fisgón...en la FIL Guadalajara ‘la más importante en habla hispana y la segunda en el mundo, solo detrás de la de Frankfurt’




Desde acá seguiremos día a día a Pablo y a Martín su travesía y cobertura de la Fil de Guadalajara... leemos “Lograr el equilibrio justo entre éstas fuerzas sociales es una tarea complicada y extremadamente delicada: por su envergadura y por las diversas naturalezas de estas fuerzas en juego. Y además hacerlo durante 22 años, y además con éxito, ya es un mérito extraordinario” ,leyendo esto en * el blog de la revista 'tökland' y contemplando las imágenes en El ojo fisgón… no dejamos de pensar como discutíamos ayer con el ínclito y buen amigo y librero Javier Marichal...lo pasado con nuestra feria del libro, borrada de la memoria a la fuerza,- según el gobierno, vamos algo así como en la cuarta- para convertirse en tarantines de saldos y proselitismo político…ojala la troupe de empleados públicos de este gobierno que asistan a Guadalajara, repiren la libertad la amplitud de criterios que abalan esta feria y copien su eslogan “ TODOS CRECEMOS EN LA FIL” .. pediremos a los amigos nos envíen fotos del stand de Venezuela...y sus dos representaciones, la independiente y la oficial.

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