miércoles, diciembre 17, 2008

Ser un editor Michael Kandel


"...Los editores se necesitan porque 1) alguien en la editorial debe decidir que se pongan robots en vez de hadas en la tapa de un libro (en otras palabras, alguien debe tener un mínimo de independencia); 2) finalmente, alguien en la editorial debe intentar leer (o leer con un ojo, o al menos ojear, o por lo menos, leer en diagonal) el libro que se piensa publicar para evitar una situación bastante embarazosa o un escritor furioso, y 3) alguien debe buscar o pretender buscar las fabulosas gemas escondidas en la basura (las editoriales siguen manteniendo la ilusión de encontrar un tesoro y hacer su agosto).
A los editores se les necesita, pero no se les respeta. No tienen el poder, más allá de la habilidad de decir “no” al comienzo del proceso. Una vez que el contrato se firma, ellos son simplemente asesores, pero no toman las decisiones. Hacen sugerencias que cualquiera, incluido el autor, puede ignorar. Usualmente tendemos a no respetar a las personas que no van armadas.

Los editores son una molestia costosa, porque complican la vida, retrasan el proceso de producción de un libro y causan fricción. Muchas casas editoriales británicas no tienen editores en función: el manuscrito se envía a la editorial en forma electrónica, es remitido directamente al maquetador, y un corrector de pruebas freelance revisa las galeras para evitar errores tipográficos. En tiempo récord, el libro en físico está listo con mínima intervención humana. Los americanos tienden a editar más los libros que los británicos, lo que significa que el autor se resentirá más o se pondrá iracundo, o quizá, ante las sugerencias del editor, se inspirará para reescribir partes o la totalidad del libro. El tiempo programado para la publicación se puede ver afectado. Y la editorial quizá tendrá que esperar más antes de recuperar el anticipo que pagó al autor.

El diseñador del libro, el artista de la tapa, el publicista, el de mercadeo –todos miembros del equipo editorial–, deben tener la asesoría del editor en la toma de decisiones (es él quien, después de todo, conoce el libro mejor que cualquiera allí). Pero esta asesoría es problemática, pues significa tiempo extra de consulta a otra persona y el incremento de la posibilidad de estar en desacuerdo. Es probable que el editor hable acerca de asuntos literarios y no comerciales.

El antagonismo entre los editores y las editoriales, tal como lo entiendo, es muy similar al antagonismo entre los productores y los directores de cine en Hollywood. La eterna y mutua sospecha entre el artista y el negociante.

Pero si el editor es un artista, lo será anónimo e invisible. Todo el asunto de editar bien un libro se resume, no en la exclamación por parte del lector: “¡Qué magnífica edición la de este libro!”, sino más bien, “¡qué escritor tan fantástico!”. De manera que el editor es aún más invisible que el traductor, si lo hay, porque su nombre ni siquiera aparece en la página titular. Ni en ninguna. Aunque recientemente algunas editoriales incluyen el nombre del editor en la página legal, pero en un tamaño bastante reducido.

Incluso los editores no se conocen mucho entre ellos, y son los agentes literarios los que tienen una mejor apreciación de cuáles son mejores que otros.

Las recompensas existen, obviamente. Está la satisfacción de ver un buen libro convertirse en uno mejor y en ver esta mejora en la lista de los más vendidos y en una película de Spielberg. (Estoy bromeando, ya que eso casi nunca pasa.) Y tal como el editor veterano me lo mencionó alguna vez, “uno hace amigos”. Unos pocos escritores apreciarán tu trabajo, y recibirás un cálido apretón de manos o incluso un abrazo..."

Traductor
Sandra L. Patarroyo
EL MALPENSANTE

Como la pertinencia de los soportes depende de su capacidad de responder óptimamente a necesidades específicas de sus usuarios, creo que los lectores ganamos al tener la posibilidad de leer El malpensante tanto en papel como en Internet y que, contrario a lo que muchos piensan, esta apuesta por los contenidos abiertos en línea no necesariamente tiene por qué afectar de manera negativa las ventas de la revista.
comentario de martín gómez al que nos sumamos
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