El escritor frente a su lector

La mujer de al lado está leyendo una novela. La novela se titula The beach house. Es una novela que podría ocupar el hueco que dejó un ladrillo en una casa vieja.

Ochocientas páginas a lo menos. La he estado mirando durante mi vuelo a Australia.

Cada vez le miro un rictus más pronunciado. Lee con desgana. Entre un bostezo y otro, mira la contraportada, como esperando encontrar la llave que abre sabe Dios qué puerta. Ahora abre en dos la novela. La cierra. Mira la portada, vuelve a las páginas perdidas y continúa leyendo. La he estado mirando desde que salimos hasta ahora que vamos descendiendo. Cierra la novela. Adelanta páginas, regresa. Lee el comentario de la contraportada. Vuelve a las páginas perdidas. Estoy pensando muy seriamente en decírselo apenas bajemos del avión: señora, por favor, no se subyugué de ese modo. Aunque sea su marido el autor de ese libro, no olvide que su derecho a arrojarlo a la basura sigue intacto

Rogelio Guedea
rguedea@hotmail.com

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