jueves, diciembre 11, 2008

De cómo parecer cultos sin leer en el intento


El amigo RAFAEL JIMÉNEZ MORENO
nos deja estas perlas:
Existen varios truquitos para simular el don de la inteligencia y la cultura sin necesidad de acudir a los temidos libros. A continuación les indicamos algunas de las estrategias utilizadas por algunos simuladores para aparentar que nacieron con un exceso de sustancia gris:
CARGUE SIEMPRE UN LIBRO CONSIGO
Es un error muy frecuente el pensar que sólo nos comunicamos con los demás cuando hablamos y escribimos. A menudo se olvida que nuestros cuerpos también expresan mensajes. Basta ver la Gaceta Hípica doblada en el bolsillo trasero de un pantalón para inferir que esa persona es amante del juego de caballos. Basta ver un diario de formato tabloide aprisionado en una axila para concluir que ese sujeto es aficionado a los sorteos de lotería.
El que lleva un libro consigo siempre está en una vaina. Es un sujeto superior, que no se detiene en el bajo mundo del chisme o en la socialización forzada de las colas de espera. De ahí la importancia de siempre llevar en la mano una obra que “delate” lo más íntimo de nuestra personalidad. No hay que alarmarse: No hace falta leerla, con mostrarla es suficiente. Lo mejor del caso es que podemos ser todo lo camaleónico que deseemos. Ahí están los comunistas que se la pasan con libros de Marx que jamás han leído (a juzgar por sus declaraciones). Ahí están los neoliberales que se la pasan con libros de Adan Smith y Milton Friedman que nunca han revisado. Anímese usted también: métase a postmoderno sin achicharrarse las neuronas con Noam Chomski.

LEA CONTRAPORTADAS Y RESÚMENES DE OBRAS
Se ha sabido de personas que sólo necesitaron leer y caletrearse unas cuantas contraportadas de libros famosos para llegar a la presidencia de la República, la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo de Justicia o la animación de un programa de televisión. Se trata de una excelente estrategia, que sólo entra en crisis cuando la persona se anima a tirar flechas sobre otras partes de la obra, como por ejemplo, el índice, el prólogo o la conclusión.

APELE A LA CITA CULTUROSA
Y, finalmente, siempre contamos con la opción de aprovecharnos de la inteligencia ajena, gracias a pensamientos famosos sacados de agendas y calendarios de taco. Citar, es como dice el mexicano Gabriel Zaid, una forma presuntuosa de callar, de ceder la voz propia. Yo no puedo evitar caer ante esta tentación, y hago mías las palabras del famoso novelista Oscar Wilde: “La gente no quiere que se le eduque; sólo quiere que se le tenga por educada”.

LEER COMPLETO EN: LA HORA DEL VAMPIRO

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