Superventas "fabricados" en editoriales..


"Los tiempos en que los autores se esforzaban por crear un estilo y los lectores seguían las nuevas corrientes literarias han pasado. Ahora se escribe mucho pero sin pretensiones literarias, y se siguen las "sagas" impuestas por las grandes editoriales multinacionales. No sólo Hollywood produce segundas partes de sus películas de éxito, sino que también las grandes editoriales presionan a sus autores para que "produzcan" sus segundas partes. Con toda seguridad Ildefonso Falcones estará trabajando en la segunda entrega de La catedral del mar

Los autores, en Alemania o en cualquier país, prácticamente son meros empleados de las editoriales. Si bien no están obligados, sí son inducidos a escribir solo lo que ellas quieren, o de otro modo te envían la "carta tipo": "Lo sentimos, pero su libro no encaja en nuestra programación editorial". Es decir, "Puede que sea usted un genio más grande que Goethe, pero a ver si se entera de que no estamos interesados en genios sino en lectores e inversores". 

En cierta ocasión alguien me dijo que las editoriales tenía el derecho de "maltratar a los autores" porque producir un libro requería una considerable inversión, en tanto que el autor todo lo que necesita es comprar es un bolígrafo y unas cuantas hojas de papel. Pero yo le hice la siguiente aclaración: mientras que el editor, una vez hecha la inversión, puede publicar miles de libros, el autor, en el mejor de los casos, solo será capaz de escribir una docena de ellos en toda su vida. En el primer caso hablamos solo de dinero, en el segundo, de la vida de una persona creativa. 

Lo peor de la globalización de la cultura es que las grandes editoriales pueden obtener mayores beneficios a cambio de rebajar considerablemente el nivel de la calidad literaria de sus ediciones. En realidad, lo suyo ya es simplemente en el negocio de los libros como mercaderías y no de la literatura como obras de arte. Su intención es "entretener" pero no "ilustrar". 

La diferencia entre Anna Karénina y La catedral del mar es que el primero elevó el nivel literario de los rusos y el segundo la cuenta de resultados de Random House Mondadori, pero muy escasamente las letras catalanas. Dentro de cien años nadie leerá los "superventas" actuales, pero tampoco leerán a León Tolstoi, porque las grandes editoriales actuales habrán acabado con el gusto por la buena literatura, y, con toda probabilidad, con la literatura misma. "

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