lunes, noviembre 17, 2008

La conclusión de la Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven, 2008) por Michelle Roche



ha dejado a muchos indigestados de lecturas discordantes, pues un evento que hasta ahora era uno de los pocos foros que quedaba en el sector cultural del país para la pluralidad de pensamiento, se convirtió de un momento para otro en el territorio del discurso unívoco del socialismo y la nueva izquierda con la que comulga la revolución bolivariana. La expulsión de Los Libros de El Nacional ha herido susceptibilidades y levantado suspicacias: intelectuales nacionales e internacionales se han solidarizado con la casa editorial y han manifestado su desaprobación a cualquier forma de censura.

Allí no debería haber sorpresas. El sector cultura ha tenido varios "madrugonazos" desde que comenzó la gestión del presidente Hugo Chávez.

El más antiguo ocurrió en enero de 2001, cuando ocho presidentes de los entes tutelados por el Consejo Nacional de la Cultura fueron destituidos por el propio presidente Chávez durante una cadena nacional.

Uno de ellos fue Alexis Márquez Rodríguez, quien fungía como presidente de Monte Ávila Editores Latinoamericana. Dejó el cargo que ostentó durante cinco años y nueve meses -según sus propios cálculos-con el orgullo de saber que dirigió "una verdadera compañía anónima" y que propuso lineamientos para lograr de manera efectiva que la editorial del Estado se mantuviera con sus propias ventas. No le gusta hablar de política, pero, a propósito de la controversia que ha generado la Filven, accedió a recordar sus experiencias y aclarar ciertos términos del castellano que han sido olvidados por ciertos representantes del sector cultural. Esto, dicho por el coordinador de la Comisión de Gramática de la Academia de la Lengua Venezolana, no es cualquier cosa.

-El objetivo de Filven para este año, según el ministro Héctor Soto, no era comercial. ¿Qué implica esto?
-Una feria que no sea para vender libros no es feria, porque la misma palabra implica un término comercial. Las ferias, en todas partes del mundo, se hacen para mostrar un conjunto de mercancía y venderlo. Tomemos el ejemplo de una feria agropecuaria. Allí se exhibe el ganado, pero no sólo para que la gente lo vea, sino para que lo compre. Si no es con criterio comercial no es una feria, llámela de otro modo.

-Pero un libro no es una vaca. -No. Es una mercancía difícil.

Es costoso de producir y vender; por eso hay tantas dificultades para su circulación.

En la industria editorial se considera a la distribución lo más difícil.

-¿Qué papel desempeñan las librerías en la comercialización de estos productos?
-Los libreros venezolanos son muy cautelosos, aunque sea una venta segura no se arriesgan; te piden 5 ejemplares, 10 a lo sumo. Se venden y se reponen, ése es el esquema.

Cuando son autores con mucha demanda, te piden máximo 80 libros. En Venezuela, que una librería pida 50 ejemplares es una buena venta.

Claro, hay autores que son casos excepcionales. Se mandan a leer en los colegios y por eso se venden de forma masiva: Arturo Uslar Pietri, Teresa de la Parra, Rómulo Gallegos, Andrés Eloy Blanco o Salvador Garmendia, entre otros.

Estos libros se reimprimen todos los años: 20.000 o 30.000 ejemplares para venderlos a los estudiantes.

Aparte de estos casos, las editoriales venezolanas no se arriesgan a producir más de 1.000 ejemplares de un libro.

Eso es inconveniente, porque en la medida en que se produzcan menos el precio es más alto. El tiraje grande supone una baja sensible en el precio, entre 500 ejemplares y 1.000 ejemplares la diferencia, en cuanto a la imprenta, es poca. Pero las editoriales no se están arriesgando.

-Esta es la cuarta edición de Filven...
-Es una mezquindad hablar de la cuarta feria como si fueran las cuatro únicas que se han registrado, como si antes de ésa no se hubiera organizado ninguna. Antes del actual gobierno se hicieron nueve ferias y con gran éxito.

Comenzaron en pequeño y se fueron desarrollando, gracias a la labor extraordinaria de Mary Ferrero, que ya falleció, pero su labor hay que reconocérsela. En aquéllas se invitaba a todas las editoriales y librerías del país y la gran mayoría concurrían.

-¿Qué le pareció la cuarta edición de Filven?
-Tengo por norma no concurrir a los actos oficiales. No es por sectarismo, sino porque procuro evitar encontrarme con gente desagradable. Con quienes fueron mis amigos y hoy tienen una actitud casi violenta contra quienes no piensan como ellos. No me gusta exponerme a un trato desagradable.

-¿Usted considera que la feria fue excluyente? convenio sencillo por el cual el ministerio hacía un aporte inicial que permitía publicar los textos. Con la venta, Monte Ávila se libraría completamente de la deuda. Ese proyecto recibió, inicialmente, un apoyo entusiasta, pero nunca se concretó". Aquel plan se enfrentó a la oposición de algunas empresas importadoras de obras para colegios. Hoy pocos lo recuerdan. -Ha habido una restricción en cuanto a las editoriales. Lo importante de un evento así es que se conozca todo lo que se produce en literatura acá.

Si no, es un suceso sectario, tendencioso, hecho para divulgar cierto tipo de libros... y eso es malo desde todo punto de vista.

-¿Cómo debe ser una Feria Internacional del Libro?
-Deben permitir ver el conjunto, mostrar qué están produciendo las editoriales en un país o en un continente. Así hacen las ferias internacionales de Guadalajara, Bogotá y Buenos Aires. Frankfurt, la más grande del mundo, es un mercado al que llegan todo tipo de obras producidas por editoriales de izquierda o de derecha. Si se quiere hacer una feria de verdad, se invita a todas por igual. Incluso, a muchas deben dárseles facilidades (para alquilar stands y presentar libros, por ejemplo), porque a veces están renuentes a participar por falta de dinero. El libro tiene una peculiar característica, no sólo es un objeto cultural, es una mercancía. Las editoriales son empresas para ganar dinero.

-¿Conoció de primera mano alguna de esas ferias?
-Estando en Monteávila, fui a la de Guadalajara, porque Venezuela fue un país invitado.

-¿Qué opina de la nueva Plataforma Editorial del Ministerio de Cultura?
-No entiendo por qué se gasta dinero en ediciones de diferentes instituciones. El Estado debería convertir a Monte Ávila en una gran editorial venezolana.

EntornoInteligente
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