¿Cómo hacer para que un libro, de los clásicos, ocupe de nuevo un lugar en los estantes?


"No lo sé. Debo confesar mi ignorancia absoluta respecto del proceso de distribución de los libros, incluyendo los que yo he escrito. Las editoriales hacen lo que se les da la gana, o en el caso de las que me caen mejor, lo que pueden. Tienen que vérselas con enemigos formidables como el secretario de Hacienda, la falta de lectores, la crisis económica y la tiranía de la demanda: libro que no se vende en un plazo fijo, es devuelto. Y el destino del libro devuelto suele ser terrible: hay editoriales infames que los destruyen, pues prefieren echarlos a la trituradora que guardarlos.
La idea me pone de un genio de perros: el trabajo del escritor, si no es comercial, debería por lo menos tener un lugar físico donde estar. He hablado de esto con colegas y a todos nos da rabia, pero si ni Twain está disponible como se merece, ¿qué nos espera a nosotros?
Otro ejemplo de autor indispensable que ha desaparecido de los catálogos es Marguerite Yourcenar. Hace poco traté de conseguir dos libros: Opus Nigrum, un verdadero libro iniciático, y El tiempo gran escultor, una colección de ensayos que abarca varios temas. En la filial mexicana de la editorial que publica las obras de Yourcenar me debían un pago en especie. Llamé y me dijeron que sólo la correspondencia de esta autora se publica en México. Lo demás, ya no. “Se vende poco”, fue la explicación. “En octubre vienen en el catálogo de Punto de Lectura”, me argumentaron con paciencia cuando les declaré que era gravísimo, horrible, una catástrofe, etcétera. Esta misma editorial produce una cantidad abrumadora de libros, pero muy pocos de los que ven la luz –yo publico allí– merecen compartir un estante con cualquier libro de Marguerite Yourcenar.
Sentí una extraña soledad, no individual, sino colectiva. “Pocos libros de Yourcenar en México”, me dije. No sería un encabezado muy alarmante más que para algunos despistados, y más aún en los tiempos que corren, pero a mí me dejó apachurradísima.
Fui a las librerías a buscarlos. Me topé con montañas de papel impreso: miles de libros con cintillos estridentes, la última novela de X, la más escandalosa de y , el bestseller de Z. De Huckleberry, ni sus luces. Eso sí, el top ten español relumbraba envuelto en celofán indestructible. A mí pocos de esos libros me dan consuelo. Los que más me gustan están probados por el tiempo, y suelen llegar a mis manos amparados por opiniones de otros lectores, no por el prestigio espurio del marketing.
Sin Mark Twain y sin Yourcenar. Si siguen así las cosas, vamos a terminar leyendo Pedro Páramoen ediciones españolas, y a Ramón López Velarde en fotocopias.
"
Verónica Murguía
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