El Gobierno veta el comercio con "países enemigos"AL LIBRERO LE CORTAN LAS ALAS


"No puedo entender que el pueblo de la Biblia, que ha hecho del estudio y el aprendizaje de los textos sagrados su razón de ser durante siglos, se oponga a los libros --dice Abasi con una mueca de estupefacción--. Los nazis quemaban obras de autores judíos y ahora a Israel le da por restringir el comercio de libros, ¿acaso no se ha aprendido la lección? Los libros son un puente para la paz, un medio para acabar con la incomprensión y promover el respeto entre culturas".Abasi es un hombre hecho a sí mismo.

Comenzó vendiendo libros de ciudad en ciudad en un coche destartalado y hoy dirige la mayor editorial en árabe de Israel, un imperio valorado en dos millones de euros. Cada mes importaba unos 5.000 ejemplares de Damasco y Beirut, las capitales árabes de la cultura, a través de empresas de Jordania y Egipto, los únicos países árabes con tratados de paz con Israel.

"Mi intención ha sido siempre acercar la cultura árabe a los árabes israelís, porque, debido a la situación política, vivimos demasiado al margen de nuestras raíces", explica en las oficinas de su editorial, Kul Shee (Librería Todo), en Haifa.Con el tiempo, este hombre corpulento y campechano se dedicó también a exportar autores judíos.

Al principio vendía biografías de los grandes iconos políticos y militares de Israel, como los exprimeros ministros David Ben Gurion y Menahem Begin y generales como Moshe Dayan y Yitzhak Rabin. "Tras la firma de la paz con Egipto y Jordania, los árabes empezaron a cansarse de la política y a interesarse más por cómo piensa el israelí de a pie". Desde entonces Abasi ha llevado obras de autores como Amos Oz, David Grossman, Yoram Kaniuk y Eshkol Nevo a capitales tan improbables como Riad, Damasco, Doha y Beirut. Solo el año pasado vendió 30.000 copias de siete novelas hebreas en 15 países árabes.

La prohibición impuesta por Israel, dice Abasi, no solo lastra la promoción de la cultura israelí en el mundo árabe, también afecta a la identidad de los 1,2 millones de ciudadanos árabes de Israel. "Nos va a obligar a leer ciertos libros en hebreo o en inglés, tal y como hicieron los turcos, que obligaban a los palestinos a leer en su idioma. Es una forma de hebraizar a los árabes israelís", considera. Y es que muchas novelas de escritores occidentales, como El perfume, de Patrick Süskind, y títulos infantiles como Pinocho y La Cenicienta solo se editan en árabe en el Líbano.Pero el librero de las alas maniatadas no está dispuesto a dar su brazo a torcer: llegará hasta el final para tratar de revocar la orden del Gobierno israelí.

"Llevaré mi caso al Tribunal Supremo y si es necesario a los tribunales internacionales. Ahora bien, si no se hace justicia, me marcharé del país", concluye.

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