Paula Farrier propietaria de Libreria Ficciones


La colombiana Paula Farrier propietaria de Ficciones, una librería que se ha convertido en un lugar de reunión de los interesados en la lectura. (FOTO: cortesia) La librería Ficciones, localizada en Port Chester es la única que ofrece libros en español. — Lo último que uno esperaría en un pueblo con 28,300 habitantes, —que según el Censo de 2006, cuenta con el 46% de inmigrantes latinoamericanos, muchos de ellos prácticamente iletrados—, es encontrar una librería en español.

El lugar es Port Chester, un pueblo con una variedad gastronómica riquísima, situado en el condado de Westchester, a unos tres cuartos de hora en tren desde la estación Grand Central, de Manhattan. Hace dos años, Paula Farrier, una colombiana de 35 años, cumplió su sueño de abrir una librería, y le puso el nombre de “Ficciones”, en homenaje al escritor argentino Jorge Luis Borges. “Desde pequeña siempre me reunía con mis amigos en una librería. Abrir una era mi sueño.

Yo misma puse los pisos, las paredes y todo”, explica Farrier a este rotativo.Farrier llegó a Estados Unidos cuando tenía diecisiete años, embarazada, apenas sin estudios y sin hablar inglés. “Con la frustración de que no podía estudiar, leía muchísimo y aprendí a manejar el idioma”, añade. De adulta se graduó en Literatura Española por el Purchase College y cursó un Máster en España. Su vida se divide entre un antes y un después de su estancia en el país europeo, confiesa la librera. “Y un antes y un después del jamón”, bromea.Al principio, la librería no tuvo muy buena buena acogida. “Aquí no hay una cultura del libro como en Nueva York. El inmigrante no está acostumbrado a leer y tampoco aprovecha las actividades gratis para llevar a sus hijos”, señala. Farrier combina el diseno gráfico y la publicidad para poder mantener abierta la librería. “No abrí este negocio para hacerme rica.



Me ha costado mucho y no quiero dejarlo. Estoy muy aferrada”. La librería “Ficciones” realiza una importante labor social entre la comunidad. Lleva a cabo actividades gratuitas como recitales de poesía acompañados con música, vino y queso o lectura de cuentos para niños a cargo del profesor de secundaria Jaime Begazo, del Instituto Sleepy Hollow. La librería también se ha constituido en un centro social de asesoramiento para muchos inmigrantes. Farrier, que lleva instalada muchos años en Rye Brook, al lado de Port Chester, y conoce como nadie el pueblo, aprovecha sus múltiples contactos para ayudar a aquellos que lo necesitan en cuestiones tan diversas como asistencia médica o sindical. Sin embargo, la tarea más importante de Farrier es acercar a muchos inmigrantes al mundo de la lectura. “La mayoría no ha leído un libro en su vida y apenas sabe lo que significa la palabra 'librería'”, explica. Así que empieza por recomendar libros de lectura fácil, como Paulo Coelho, por el que, por cierto, no siente mucho aprecio, y poco a poco los va introduciendo a autores más complicados. “Muchos se han convertido en lectores ávidos. Hay clientes que vienen y me dicen ´Paula, que ya he terminado el libro. Qué viene, qué viene´”. Entre sus autores favoritos están el español Francisco Umbral, por su forma de manejar el lenguaje y a quien también dedicó la disertación de su maestría, y el mexicano Carlos Fuentes, por quien siente una gran devoción. Reco- mienda a Ernest Hemingway, por su es- critura sencilla y la facilidad de su lectu- ra, y adora a Charles Bukowski, el es- cri- tor norteamericano que más le marcó. Farrier también escribe y edita un pequeño periódico, “América Latina”, un pasquín de ocho páginas donde colaboran amigos, poetas y escritores atraídos por la encomiable iniciativa de la autora de promover el placer de la lectura entre la población inmigrante. La “Librería Ficciones” está justo al lado de la estación de tren del pueblo. “Es una calle muy poco transitada, como fantasmal. No pasa casi nadie, es algo así como ´Lubina´, el cuento de Juan Rulfo”, describe Farrier. “Ficciones” pertenece a ese tipo de librerías en peligro de extinción, donde uno entra, conversa con el librero, intercambia gustos y se deja recomendar y seducir. Paula Farrier habla apasionadamente de su negocio, de todos los libros que ha leído y de la fabulosa experiencia con la gente del pueblo. “Doy café gratis y hablo con el cliente. Aquí todo el mundo es bienvenido”.
http://www.impre.com/eldiariony/noticias/comunidad/2008/8/22/libreria-en-espantilde;ol-ince-75971-1.html


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