martes, septiembre 09, 2008

La pobreza de nuestras librerías... Juan Carlos Santaella


"Basta con ir, de manera regular, a cualquiera de ellas para constatar que la existencia de los libros que las librerías ofertan al lector, es exactamente la misma de hace dos años por lo menos. Es obvio que no están vacías, pero el inventario que hay es lamentable. Sólo ciertas novedades y algunos best sellers de muy dudosa calidad, se pueden ver en las vitrinas. El resto es mercancía vieja, es decir, títulos que fueron importados hace muchos años y aún permanecen en los anaqueles por distintas razones. Resulta, según parece, que la causa se debe a que dicho renglón no es considerado para Cadivi fundamental y, en consecuencia, no se otorgan dólares al cambio oficial para traerlos al país. Este desprecio por el libro producido en el extranjero no es nuevo. En otros momentos, tan desafortunados como este, los libros fueron excluidos de las remesas de dólares que el Estado otorga a este rubro vital. De modo que la actual mezquindad o ignorancia de las autoridades que se ocupan de ello, es tan torpe y miope como aquella de la cuarta república.

Costaría creer que el gobierno, basándose en un argumento ideológico, desprecia al libro extranjero. Es imposible e incluso absurdo pretender que sólo editando en Venezuela resolveríamos la demanda plural de los lectores. Por otra parte, algunos editores han declarado alegremente que Venezuela atraviesa uno de sus mejores momentos editoriales. Grandilocuente mentira. Lo que ellos entienden por "gran momento editorial" no es otra cosa que un inevitable y fastidioso boom editorial cuyo único perfil gira en torno al tema político. Como veta económica les ha servido bastante, vendiendo algunos cientos de ejemplares y más nada. Lo demás es silencio. ¿Dónde están los otros temas, las otras vertientes y géneros? Las resonancias culturales de un libro deben ser infinitas. Lo más valioso en esta materia es publicado por pequeñas y modestísimas editoriales, cuyos libros circulan entre amigos y especialistas. La exhibición, producción y venta de libros tiene que diversificarse al máximo, otorgándole al lector la potestad de adquirir lo que desee y no lo que una determinada editorial –privada o públicaquiera ofrecer. Si estuviéramos viviendo ese "gran momento editorial", las librerías no estarían tan escuálidas y vacías. A nuestro país no llegan libros, ni siquiera de Colombia y aún menos del resto de Latinoamérica y ni pensar de España, principal proveedor de libros para toda Hispanoamérica. Este desierto editorial hay que enfrentarlo en virtud de la importancia que el libro tiene para el desarrollo cultural, científico e intelectual de la nación. Una revolución sin libros no se explica. Una revolución que busca "seleccionar" y "jerarquizar" la múltiple cultura del libro no puede ser nunca una revolución auténtica. Las revoluciones abren todos los caminos posibles de la lectura, sin despreciar ningún horizonte. Pero es que tampoco hay discos. La lectura y la música dramáticamente ausentes del panorama cultural venezolano. Las discotiendas ofrecen puras pendejadas y, de vez en cuando, algo llega, agotándose de inmediato. Cierto que en el ámbito de la producción musical venezolana ha habido un repunte interesante, pero ¿y lo demás? ¿Nos tenemos que conformar únicamente con lo "nuestro" y lo "ajeno" omitirlo deliberadamente? Identidad es pluralidad. Más allá de cualquier irresponsabilidad administrativa o de cualquier "discrecionalidad" política que se cometa, hay que entender que los libros y la música son bienes esenciales a los que hay que difundir ampliamente. Yo espero que el Centro Nacional del Libro, al menos, se pronuncie respecto a la grave situación del libro. Es de su competencia ética. Los libros no son nada más una mercancía; son, como decía Borges, una extensión del cuerpo y la memoria de los seres humanos. "

Juan Carlos Santaella (1956- ), ensayista, antólogo y columnista literario venezolano

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