jueves, septiembre 25, 2008

Introducción a la tipología lectora (ll)...Juan Yanes

Caducifolio, a.: Personaje que no le importa que se le vayan cayendo las hojas del libro mientras lee. No profiere improperios contra los encuadernadores que cada vez emplean engrudos de peor calidad en lugar de aquellos lomos cosidos al estilo tradicional en pliegos de ocho hojas que duraban varias generaciones.

Canonista: Lector que siente una especie de desamparo universal y necesita que Harold Bloom le diga qué es lo que tiene que leer en cada momento (Véase pirómano).

Caótico, a.: En sentido literal se refiere al lector de natural desordenado, deslavazado y confuso. En sentido más preciso, se refiere al lector de libros sobre teoría del caos, teoría de la complejidad, sobre el pensamiento borroso o sobre las múltiples tribus rizomáticas seguidoras de Deleuze y sus mil mesetas.

Cardiólogo, a.: Lector de literatura rosa, de revistas del corazón y amante del bolero como simplificación estilística del drama. Le gusta sufrir discretamente empapándose los culebrones de manera furtiva (Véase pendejo).

Cartaginés, sa.: Tipo de lector que cuando lee un libro tiene que dejarlo y empezar a leer lo primero que se escribió sobre el asunto, por muy remoto que éste sea. Normalmente empieza por los cartagineses. Se ve forzado a una especie de eterno retorno y suele perderse con facilidad en el proceloso mar de las letras. Más frecuente de lo que en principio pudiera parecer (Véase eficientista).

Charolola, o.: Gran lector cuya misión en la tierra es hacer animación y reanimación lectora entre los infantes y los tiernos perversos polimorfos. No confundir con el término homófono empleado en zoología para describir al pájaro de la familia del quetzal con idéntico plumaje tornasolado.

Chingón, a.: Lector que sobresale. Suele ser de origen mexicano o residente habitual. Llámase también así a los incondicionales de El laberinto de la soledad de Don Octavio o a sus epígonos.

Científico, a.: Fauna lectora de ciencias duras. Suele utilizar quevedos para protegerse de los textos erizados de fórmulas y palabras puntiagudas e incomprensibles. Genuino ejemplar vanguardista del Siglo de las Luces, en el fondo es un delicado narrador de cómo es el mundo, aunque lo cuente de forma un tanto rara. Reconoce que la ciencia tiene estructura narrativa, pero todavía está en un estadio de desarrollo muy primitivo.

Clásico, a.: Lector aristocratizante que sigue el canon clásico de la lectura: privacidad, sigilo, meditación. Posee una biblioteca privada que trata de imitar las emblemáticas bibliotecas personales de Erasmo y Montaigne. Vive en una mansión. Si en lugar de mansión tiene un pisito, aunque mantenga intacta su refinada pasión, los libros suelen andar atrabancados por toda la casa, en los armarios, debajo de la cama o en la nevera. La situación llega a ser grave cuando también se ve obligado a colgarlos de las ventanas como guirnaldas de flores. Es por lo general degustador de George Steiner.

Cleptómano, a.: Lector que ignorando el derecho de propiedad y los derechos de autor, cree, de buena fe, que los libros son patrimonio colectivo de la humanidad y los toma graciosamente, e incluso con fruición, de las estantería ajenas para llevárselos a casa. Se puede hablar, en ocasiones, de lector no venal. Abunda en tiempos de crisis y de paro juvenil. Es una plaga en las bibliotecas públicas en general y en las universitarias en particular.

Cocinilla: Lector de libros de gastronomía. También lector de manuales clandestinos de recetas tipo termomix, previa realización de un máster en la materia o afines.

Coleccionero, a.: Véase bibliófilo.

Contorsionista: Lector que nunca se está quieto cuando lee. Adopta posiciones extrañas, incluso arriesgadas. No suele ser consciente de la cantidad de gestos que hace. En los sillones de las bibliotecas públicas, bascula de forma inmoderada, moviendo a los demás lectores a la hilaridad. Él también se ríe en voz alta cuando lee algo gracioso. No se corta.

Contextual: Suele ser lector de libros de política, sociología, historia o economía política. En su versión morbosa pertenece a los llamados “chicos del contexto”. Nada es como parece ser y sólo él tiene las claves de la interpretación correcta del mundo. Por supuesto ésta reside en el contexto de las contradicciones políticas, sociales o económicas que son, a su vez el contexto de las contradicciones políticas, sociales o económicas, que son a su vez el contexto. Todo lo demás es puro psicologismo pequeño burgués. Este tipo lector es un catequista, un pelmazo.

Coprológico, a.: Véase panflético

Covariante: Lector apasionado de libros sobre análisis de covarianza. Por extensión, lector de estadísticas. Abunda, con algunas variaciones, entre los matemáticos. Aunque lo parezca, no es peligroso. Se denomina pitagórico cuando está imbuido de la mística de los números y leonardiano, cuando piensa que el libro del universo está escrito en el lenguaje de las matemáticas.

Deslumbrado, a.: Tipo de lector apasionado cuya vida cambió con la lectura casual de un libro, de una página, de un párrafo, de un suspiro de Emma Bovary. El deslumbramiento o conmoción solía ocurrir antes en algún momento de la infancia o de la pubertad, en el transcurso de una enfermedad que obligaba al infante a permanecer de manera prolongada postrado en el lecho, pero hoy, con la penicilina, las cosas han cambiado mucho.Diccionata: Incontinente lector de diccionarios. A esta especie pertenece también el incondicional de las enciclopedias. Debe tener cuidado de no sacralizar las palabras. Un buen antídoto son los diccionarios de uso o el Etimológico de Corominas, para ver cómo nacen, se corrompen, trasmutan, luchan por legitimarse o mueren. De esto saben mucho los amigos de Bajtin, Mijail.Diletante: Lector de libros de aventuras y de viajes. Suele darse esta afición en criaturas sedentarias e introvertidas.

Dionisíaco, a.: Lector que goza leyendo. Concibe la lectura como celebración, incluso de carácter orgiástico. También incluye la subclase de los irenistas, los dulces y los esteticistas, que a su vez pueden ser de dos clases, decadentes o ascendentes, dependiendo del ángulo de inclinación que adopta la cabeza con respecto al tronco en el transcurso del acto (lector). Una perversión del dionisíaco es el denominado ludópata, que se pasa, gozando.


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