Libro electrónico ....instrumento para leer libros electrónicos


"...En el caso del libro, sin embargo, lo tienen bastante peor. Para empezar, existe una cantidad ingente de obra en el dominio público, muchísima más que en materia musical. Es obvio: tenemos legado de palabra escrita desde hace más de dos mil años, mientras que música grabada sólo existe desde hace menos de un siglo; por supuesto que hay partituras de música antiquísima, pero su ejecución requiere de unos medios de cierto coste -cuando menos, unos músicos que ejecuten o canten-, mientras que obtener un Quijote es tan complicado como pasarlo por un escáner (cuando no pueden obtenerse ediciones digitales realizadas con más o menos gracia por decenas). Además, en la música, el copyleft aún es visto como algo underground, complicado, inasequible (lo que no es cierto: es lo mismo que Linux en una distribución como Ubuntu, OpenSUse o Mandriva, en relación a Window$), mientras que en la palabra escrita el personal está muchísimo más habituado a leer a desconocidos y predispuesto a hacerlo. De modo que la cantidad de material escrito legítima y legalmente gratuito, de libre distribución y en muchísimos casos de gran calidad, es aún centenares o quizá miles de veces mayor que el material musical. Por tanto, la historia del canon, por ejemplo, tendrá mucho más difícil justificación en este ámbito (aunque… ¿cuándo necesitaron los apropiacionistas justificación alguna para llevar adelante su expolio?).
Concurren, además, otras circunstancias que se lo ponen peor a la industria librera. Por ejemplo, la autoedición. El coste de la autoedición digital de material escrito o gráfico tiende a cero, no como en los casos de la música o de la cinematografía, donde el coste de la distribución tiende también a cero, pero la producción, en cambio, pese a haber experimentado sensibles abaratamientos con la digitalización, sigue siendo costosa. El autor literario, a diferencia del musical o cinematográfico, podrá divulgar su obra con licencias libres sin sacarse prácticamente un euro del bolsillo. Si pretende obtener remuneración por su obra, podrá venderla él mismo -a través del modelo que sea- sin necesidad de intermediarios y sin otra inversión -que no es manca, desde luego- que la de su trabajo: para digitalizar un escrito y colgarlo de la red, no hacen falta laboratorios, ni profesionales especializados, ni nada de nada.
Los lectores de libros digitales van a traer, pues, dos importantes consecuencias: por una parte, un mayor y más generalizado acceso a la cultura; y por otra, tal como lo ha demostrado perfectamente la blogosfera, una eclosión de autores y de obras, divulgadas en no poca proporción bajo licencias copyleft. Y una tercera consecuencia de grandísimo valor: ya no serán unos pocos los que, incardinados en el sistema, decidan qué vamos a leer y qué no. El sistema perderá, así, el monopolio de un importantísimo vector de dominio: la palabra escrita. Se acabó esa censura tan oculta y larvada como cierta que reducía al silencio, o al ostracismo de la pequeña tirada editada cutremente con gran pobreza de medios, al pensamiento inconveniente.
El futuro, intrínsecamente apasionante, lo es más cuando se puede adivinar con cierta claridad y a corto plazo. En cinco años, quizá en menos, acaso en mucho menos, el mundo editorial, tal como lo conocemos hoy, puede ser verdadera prehistoria, la edad de piedra de una explosión cultural, verdaderamente popular y democrática -literalmente, demagogia aparte-, que le dé un poderoso empujón al cambio que la tecnología digital está llevando al mundo, a la Humanidad y a la propia historia."

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