viernes, agosto 22, 2008

Leer adelgaza....Por Irene Lozano


"Alos defensores del placer de leer les pasa inadvertido que el suyo es un discurso fallido. Hagan el favor de abandonar la filfa laudatoria de siempre -que si vivir otras vidas, que si evadirse del menú del día- y empiecen a proclamar que leer reduce el colesterol y los triglicéridos. No se trata de urdir un engaño, pero se hace imperiosa una transacción con el espíritu de nuestro tiempo. No propugnen la lectura como divertimento, sino como antioxidante; no insistan en la singularidad del acto de leer, digan que adelgaza. En suma, no vendan libros, sino biblioterapia. Sólo una campaña así puede devolver a la lectura su prestigio.
Evidencias del poder curativo de la palabra -oral o escrita- no van a faltar. Los primeros indicios se encuentran en Homero y desde entonces ha sido un no parar: el bífidus, por más que se empeñe, no puede competir con la prosapia del ensalmo. Sólo hay que pedir a los consumidores que su obstinada superstición se vuelque en las propiedades terapéuticas de la lectura y no en las del omega 3. Y si las autoridades sanitarias dan un empujoncito y autorizan la impresión de una leyenda en los libros, todo irá miel sobre hojuelas: «La lectura tiene propiedades analgésicas», por ejemplo. Y de nuevo, el argumento de autoridad, unamuniana en este caso: «Leer, leer, leer, / el alma olvida las cosas que pasaron»."
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