Leer adelgaza....Por Irene Lozano


"Alos defensores del placer de leer les pasa inadvertido que el suyo es un discurso fallido. Hagan el favor de abandonar la filfa laudatoria de siempre -que si vivir otras vidas, que si evadirse del menú del día- y empiecen a proclamar que leer reduce el colesterol y los triglicéridos. No se trata de urdir un engaño, pero se hace imperiosa una transacción con el espíritu de nuestro tiempo. No propugnen la lectura como divertimento, sino como antioxidante; no insistan en la singularidad del acto de leer, digan que adelgaza. En suma, no vendan libros, sino biblioterapia. Sólo una campaña así puede devolver a la lectura su prestigio.
Evidencias del poder curativo de la palabra -oral o escrita- no van a faltar. Los primeros indicios se encuentran en Homero y desde entonces ha sido un no parar: el bífidus, por más que se empeñe, no puede competir con la prosapia del ensalmo. Sólo hay que pedir a los consumidores que su obstinada superstición se vuelque en las propiedades terapéuticas de la lectura y no en las del omega 3. Y si las autoridades sanitarias dan un empujoncito y autorizan la impresión de una leyenda en los libros, todo irá miel sobre hojuelas: «La lectura tiene propiedades analgésicas», por ejemplo. Y de nuevo, el argumento de autoridad, unamuniana en este caso: «Leer, leer, leer, / el alma olvida las cosas que pasaron»."
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