miércoles, agosto 06, 2008

Las librerías de viejo

" Como lector empedernido que soy, he llegado a poseer miles de libros. En una época, intenté conservarlos todos, pero ese empeño pronto se volvió imposible; ahora sólo conservo los que estoy seguro de que voy a releer, los que leeré sin ninguna duda antes de morirme y aquellos de los que no podría separarme por razones estéticas o sentimentales. Si no hubiera reducido mi biblioteca, ahora estaría durmiendo en la calle por falta de espacio."

"Una de las cosas más importantes para mi cuando vendo libros es que sé que éstos pueden empezar ahora una nueva vida. En lugar de permanecer relegados en un estante o, peor aún, en una caja en el garaje, esos libros pueden encontrar un nuevo hogar, quizá para siempre o quizá para ser intercambiados una vez más. Por otra parte es muy curioso tropezar con el nombre de un propietario anterior en la portadilla de un libro usado, y todavía más si ese lector añadió notas al margen: "demasiado flojo", "me encanta esto", "¡¿qué?!". ¿Quién era esa otra persona que sin saberlo ha compartido conmigo los placeres de este mundo imaginado? O bien la historia que hay detrás de una dedicatoria romántica escrita en la guarda: "Querida Isabel, ojalá guardes siempre con cariño este libro y me tengas a tu lado cada vez que lo abras. Con amor, David". ¿Qué fue de Isabel y de David? ¿Y qué fue lo que salió mal? Otras veces encuentro una flor reseca entre las páginas; símbolo de un amor prohibido, imaginario o imposible. Como decía Cernuda: "Una pausa de amor entre la fuga de las cosas." Si alguna vez compráis un libro viejo y encontráis entre sus páginas ceniza de cigarrillo, puede que haya sido mío. "Las cenizas de cigarro que queda entre las páginas de los libros viejos son la mejor imagen de lo que quedó en ellos de la vida del que los leyó." Ramón Gómez de la Serna. "

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