domingo, agosto 24, 2008

bestsellers....Verónica Murguía


"El misterio de la velocidad de realización me intriga, a pesar de que en el mundo editorial estadunidense hay escándalos muy divertidos que tienen que ver con el plagio, con los ghost writers o negros, como se les llama en español a los escritores detrás de un nombre, y con los equipos de producción –porque escribir es una labor distinta a redactar nada más. Me imagino estas empresas como oficinas llenas de personas sudando frente a una computadora, desarrollando los capítulos que les tocan, afinando los detalles, y pergeñando tramas insulsas. Luego ha de llegar Danielle Steel con su traje sastre a ver cómo va la cosa.
El negro no es un invento reciente. Se dice que Alejandro Dumas, a quien amo, tenía uno, y que cuando se murió lo lamentó mucho, porque a él ya no se le ocurrían historias buenas. Dice la leyenda que ese negro talentosísimo tenía a su vez otro negro, que era el verdadero autor de las novelas. Y claro, también se murió.
Si alguien tiene curiosidad por este tema, en la novela Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías, aparecen dos negros muy experimentados y prolíficos. En México un negro no tiene mucho qué hacer, si descontamos los libros de La Tigresa , de Anel, de Andrés García y los de algunos políticos.
Pero vuelvo al tema. Dean Koontz, por ejemplo, nomás en lo que va de 2008 lleva dos. Están por salir, a finales de agosto y finales de noviembre, otras dos que se pueden ordenar por internet desde ahora. ¡Cuatro novelas en un año! ¿A qué horas lee libros buenos –no los suyos–, corrige, come, duerme y realiza las otras actividades que el lector está imaginando?
Lo que me da envidia de todo esto no es la facultad insólita de tener dos libros en la lista de bestsellers en un mes. Ni tampoco la danza de dólares que gira alrededor de estas empresas, aunque cuando hago la conversión de las cifras me da mareo. Lo que me da envidia y me imagino que a todos los escritores mexicanos también, es que hay lectores. Lectores devotos que escriben cartas llenas de pasión a las revistas y a los sitios de internet de sus autores, que sufren con la espera y son quienes finalmente sufragan las casas con alberca de Steel y Koontz, en las que ellos no se han de remojar, pues están ocupadísimos escribiendo. Pienso que si hay lectores para esos libros, hay para otros mejores. A esos lectores se les debe la buena salud de la literatura estadunidense.
En México, en cambio, los lectores, ya lo sabemos, son tan escasos como los lobos o los berrendos. Igualmente son una especie en extinción, amenazada por el cansancio crónico, la falta de tiempo y la tele. Por eso, cada vez que veo a alguien leyendo un libro –de los que en mi opinión valen la pena– me dan ganas de darle las gracias. Y por supuesto, no me atrevo. "






Verónica Murguía nació en México D.F., el 5 de noviembre de 1960. Cursó estudios incompletos de Artes Plásticas y de Historia. Es escritora e ilustradora. Ha trabajado como columnista en varias revistas. Actualmente colabora en el suplemento La Jornada Semanal del periódico La Jornada, donde escribe la columna "Las rayas de la selva". Ha escrito dos novelas y varios libros para niños. Imparte clases de literatura para niños y jóvenes en la escuela de la Sociedad General de Escritores de México. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de su país. Viveen la colonia del Valle, en el Distrito Federal, con David Huerta, su marido.
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