Una educación humanista es aquella que enseña a leer.


A partir del cuarto mes de gestación los pequeños pueden escuchar las palabras de su madre. Desde el vientre comienza entonces su proceso de adquirir el lenguaje. Y al nacer, después del primer llanto, empezará por leer el rostro de su madre: su primer libro.
María Cristina Rincón*


Los derechos imprescindibles de lector
Los diez mandamientos
Saltarse páginas, leer cómics o simplemente no leer son posibilidades que los adultos desechan cuando se trata de los niños. La obligación jamás funciona para la lectura.
Andrea Victorino


1.Todos los días, resérvate un rato para leer... no solamente libros, desde que el cómic apareció los niños se sienten atraídos por ellos, hoy leen desde el clásico Batman hasta lo más elaborado del manga japonés. Pero si su hijo es de los que se aburre con tanto cuadro, letra pequeña y ojo ultrasuperexpresivo junto, bien vale la pena una revista de música, o si tiene talento para las manualidades está Art Attack, que además es programa de televisión.


2.Busca cualquier disculpa para que te lean y te cuenten cuentos... ¡claro!, pero si le piensa leer por onceava vez Caperucita Roja, Blanca Nieves y los siete enanitos y, en el mejor de los casos Cuentos en verso para niños perversos, esos libros que para usted, respetado adulto, son los clásicos, de la literatura infantil, mejor absténgase. A lo mejor el niño sale corriendo antes de que usted pueda buscar el libro, y si de contar historias se trata, no busque al abuelo, a veces pueden tornarse repetitivos, recuerde que hay gente experta en esas artes oratorias y es fácil encontrarlos en la plazas, en las bibliotecas y hasta en las universidades.


3.Fíjate bien en cómo leen las personas mayores... A veces los adultos no son el mejor ejemplo. Porque, ¿quién dice que lo que leen mi papá o usted es lo que se debe leer? ¿Quién dice que Harry Potter es menos apasionante que las aventuras de Odiseo? ¿Quién dijo que el joven Werther era él único que sufre por amor? ¿Dónde quedan Patito Feo y Hannah Montana? Porque las imágenes también se leen y las de la tele además nos hablan.


4.No te quedes con ninguna duda... Ese es un verdadero clásico de los docentes, que siempre quieren que sus alumnos lo entiendan todo y aprendan todo, sobre todo lo que ellos creen que se debe aprender... Pero a veces la duda es el principio del conocimiento, así que si su hijo, su alumno o su nieto tiene alguna pregunta puede remitirlo al menospreciado diccionario, pero como ahora poco abundan los ejemplares “ladrilludos”, le puede mostrar Wikipedia, donde todos meten mano y, ¡oh sorpresa!, a veces se les puede creer.


5.Pide consejo: a tus padres, a tus profes, al bibliotecario, al librero... y estos señores van a decir qué es lo que se debe leer. Pero a veces es mejor dudar de ese deber y charlar con los niños sobre lo que les gustar leer... de pronto entendemos que para ellos asustarse por los dientes hurtados de Ligeia o sentirse atraídos por Holden Caulfield, el protagonista de El guardián entre el centeno, es tan importante como dedicarle tiempo a Bob Esponja, a Facebook y a meditar sobre los consejos que aparecen en Puberman.


6.Si te apetece leer, lee. No te distraigas con otras cosas. Aquí es necesario hacer una aclaración, todo el tiempo estamos leyendo: leemos la prensa, leemos las revistas, leemos los anuncios, leemos las expresiones corporales de otras personas, leemos las imágenes y lo hacemos distraídos o no. Claro que hay cierta lectura que nos cuesta más trabajo, como bien lo dijo señor Estanislao Zuleta, y por ende más concentración. Pero no hay nada mejor que una tarde de música y cómic, y si se remata con una película, mucho mejor.


7.Visita la librería y la biblioteca más próximas...porque además se pueden encontrar libros, revistas, videos, películas y alguien con quién hablar.


8.Organiza bien tu biblioteca... Y no porque las madres se caractericen por la obsesión del orden y la limpieza, y sean sus pobres hijos y esposos las víctimas de esa polvorosa obsesión. Sino porque organizar la biblioteca permite que su hijo escoja el orden en que quiere tener sus libros, revistas y cd y que cuando salga corriendo para la casa de su mejor amigo no revuelque todo el cuarto tratando de encontrarlos.


9.Piensa que tus amigas, tus amigos, son los mejores compañeros de lecturas...y de muchas otras cosas más. Es necesario recordar que los mejores amigos, a veces no son los papás o los profesores, a veces es mejor organizarles plan a sus hijos con sus compañeros de colegio, llévelos a ver una película, dejen que hablen con ellos por el chat, apoye el intercambio de música, que además de aumentar la discografía en el computador de su hijo, está educando a un joven consciente de que la información debe circular libremente.


10.Aprovecha cualquier ocasión para leer... y ¡ojo! para leer lo que a ellos les guste. Si su hijo es de los que prefieren ver primero la película y luego llegar al libro... déjelo, dele la bienvenida al mundo de los que disfrutamos de las adaptaciones... si le gusta leer por pedazos, sin ningún tipo de orden establecido, sin un horario claro... ¡dele la bienvenida al mundo de la lectura anárquica! Las madrugadas y una linterna serán sus mejores amigos. Si ha llegado al final de este decálogo es porque no se ha sentido indignado frente a la idea de que enseñar a leer, a los niños no es cultivarlos en una tradición literaria anclada en la escritura, sino que enseñarles a leer, es enseñarles a ser críticos frente al mundo y sus lecturas, y para lograrlo debemos ampliar el panorama, el nuestro y el de ellos, y ayudarlos en la formación de parámetros que les permita elegir lo que a ellos les gusta.



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