El libro bajo sospecha ..YOYIANA AHUMADA




Pese a los anuncios de intención de diálogo entre la Cámara Venezolana del Libro y el Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio (Milco), la exclusión del libro de la lista de bienes prioritarios ha caído como una bomba en el sector editorial. Escritores y editores consideran que podríamos estar ante una nueva modalidad de censura; mientras que representantes de empresas editoriales definen la crisis como una coyuntura. Cierto es que el mercado editorial, ya deprimido, sufre un nuevo revés con esta medida que atenta contra la diversidad cultural y viola convenios internacionales suscritos por el país."El libro libera" fue la frase con la que el año pasado inauguró la feria del Libro en el Parque del Este, ahora Generalísimo Francisco de Miranda, el entonces Vicepresidente de la República, Jorge Rodríguez y ahora virtual candidato a la alcaldía de Libertador.
En 2007, el libro todavía era tratado como patrimonio de la revolución bolivariana, que no requería de certificados ni demostraciones. Bandera de la nueva era de la quinta república, la artillería del pensamiento viajaba en los tanques de la democratización de la lectura, con los cuales el Ministerio de Cultura instauró una plataforma donde se editaron 27 millones de libros de distribución gratuita, tanto de autores venezolanos como extranjeros, entre otros lujos, una edición especial de Don Quijote de la Mancha repartida en la Plaza Bolívar.
El año pasado también se anunció la creación de la Imprenta Cultural Nacional y Distribuidora Nacional del Libro, en definitiva, el montaje de un sistema de producción editorial estatal.Por su parte las empresas editoriales privadas se adaptaron al nuevo procedimiento de adquisición de divisas, y con algún retraso por lo complejo del mecanismo, se fueron acostumbrando a quedar rezagadas en el tema de novedades para los lectores, y en materia educativa y tecnológica, entre otros rubros.


NO MÁS DÓLARES CADIVI


El 3 de marzo reciente, una nueva medida sorprende al sector: el requerimiento del Certificado de No Producción-que se traduce en un título que entrega el Ministerio de Industrias Ligeras, tras "una demostración" resumen mediante de cada títuloque prueba que el libro que se importa no ha sido producido en el país. Ante la sorpresa del sector, el ministro William Contreras, saldría al paso declarando que la cartera que preside "detectó este año algo anormal en las solicitudes de importación de libros, al punto que ya superan los $1.500 millones". Una cifra histórica que lo lleva a inferir que bajo el rubro de libros se está importando otra cosa que no son textos. Por esa razón, considera que es imposible otorgar libremente el dólar Cadivi a las empresas importadoras de libros.
De acuerdo a Yolanda de Fernández, presidenta de la Cámara Venezolana del Libro (Cavelibro), se han enviado al Milco 14 comunicaciones desde el día 3 de marzo, cuando se anunció que el libro se excluía de la Lista número 1, que comprende los bienes que no requieren certificación de insuficiencia o de no producción nacional, para el otorgamiento de divisas por parte de Cadivi.Como presidenta de la Cámara espera que en pocos días ya haya humo blanco y que detrás de la medida no haya intenciones de censura, ni de control de las importaciones


DEBE SER UN ERROR


Esta decisión, que afecta a los principios de diversidad cultural y viola Protocolos como el de Florencia y Nairobi, donde se suscribe la libre circulación del libro, y de los cuales Venezuela es signataria, ha generado preocupación en distintos miembros del sector.
Gisela Kozack (escritora y profesora universitaria), espera que "sea coyuntural, simplemente una decisión ligera que tomó un funcionario aisladamente y que se den cuenta de que esa medida afecta incluso a las editoriales que traen textos po! líticos de izquierda, como es el caso de Paidos y Taurus, además de todos los libros que relacionados con educación".
Kosack espera que sea una medida equivocada y que se sienten los sectores involucrados a conversar para corregir el error. Pero de ser irreversible, le preocuparía que fuese "una forma de desactivar y desestimar al libro como bien de cultura e imponer criterios de censura previa. O bien, que desestimule la actividad de las editoriales privadas, porque si los libros son excesivamente caros o no se pueden traer al país, la gente tendrá que apelar a los libros producidos por el Estado y con esa industria no se puede competir".
Para Iván Dieguez, director Comercial de Magenta Ediciones y ex-presidente de Cavelibro, la situación es una coyuntura que será posible resolver a través del diálogo entre ambos sectores.
"Si hay irregularidades, debe sancionarse a quien las comete, no al resto de los importadores, porque pagan justos por pecadores. Indudablemente, afirmar que el libro es un bien prioritario no tiene discusión. Por eso creo que el criterio que se está manejando es de carácter técnico pero hay que ir más hacia lo social".
Dieguez también considera que esta medida va a contracorriente del criterio del Gobierno y en contra de la democratización del libro. "No obstante, más allá de los llamados de atención, expresados en comunicados como el de Cavelibro, hay que dialogar para llegar a un acuerdo entre las partes involucradas. Si el problema se produjo por desconocimiento de los técnicos del Milco, como ha pasado en otras oportunidades, debe ser subsanado, porque el libro como bien prioritario es un criterio que se ha mantenido a lo largo de todos los gobiernos"....


/ El Mundo / Lunes / Caracas , 26 de Mayo de 2008
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