domingo, abril 20, 2008

Colombia, potencia editorial ...PEDRO PABLO GUERRERO


Colombia ocupa el tercer lugar en la producción de libros en Hispanoamérica y, desde 1985, es el único país de la región con una balanza comercial en que las exportaciones superan a las importaciones en este rubro.Moisés Melo (Medellín, 1944) deja caer estos datos con indisimulado orgullo apenas comienza la entrevista en la sede de la Cámara Colombiana del Libro: una casona de ladrillos, estilo inglés, ubicada en un próspero sector de Bogotá.

Le gustan las cifras duras, comprobables, y cuando no existen estudios que las aporten emplea un tono conjetural, advirtiendo que se trata de hipótesis personales.

Es sociólogo de profesión, se nota, aunque toda su vida ha trabajado como editor.

Fundó en 1968 el legendario sello Oveja Negra, del que luego se desligó para embarcarse en sucesivos proyectos editoriales hasta llegar a ser gerente del Grupo Norma, donde trabajó durante 17 años, publicando los últimos libros de García Márquez, incluido Memoria de mis putas tristes (2004).

En todo este tiempo, Melo ha sido testigo de lo que llama un "propósito nacional" para dotar al país de una industria editorial competitiva internacionalmente. Ya en la década del 50 existía una ley destinada a favorecer la producción interna de textos escolares, pero no fue sino hasta 1973 cuando se dictó un cuerpo legal que expresaba una real "voluntad exportadora". Básicamente, la ley (revisada cada diez años) contempla una exención de toda clase de cargas tributarias: el libro no paga IVA, los editores no pagan impuestos de renta y los autores no pagan impuestos sobre los ingresos.

Tampoco hay aranceles ni cargas para-arancelarias a la importación."No hay ningún tipo de restricciones al comercio del libro -señala Melo-. Nos abrimos a la competencia de entrada, no hay proteccionismo. Las compañías extranjeras que se instalan aquí tienen las mismas condiciones que las nacionales".

Gracias a este cuerpo legal, la industria editorial colombiana se encontró en una excelente posición para enfrentar las crisis de los 80, sustituyendo buena parte de la oferta que producían Argentina y México. A partir de entonces, Colombia mantuvo una presencia cada vez mayor en las grandes ferias internacionales (Frankfurt, Liber, Buenos Aires), diseñando a través de Proexport una campaña de promoción tanto de productos editoriales como de impresión. "Colombia, centro editorial de América Latina", proclamaba un país con más de 300 casas editoriales, que cobija al Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, Cerlalc (aportando el 60 por ciento de su financiamiento), y que además es sede del Grupo Interamericano de Editores.

Un paraíso para el libro, en apariencia. Pero a pesar de sus ventajas comparativas, Colombia hoy no escapa a las tendencias continentales: su población lee cada vez menos. "Cualquiera diría que las condiciones están dadas, pero no hemos conseguido un éxito similar en el crecimiento del mercado interno", admite Moisés Melo

.-¿A qué atribuye esta paradoja?

"No tenemos investigaciones suficientes para saberlo, pero hay factores que conspiraron para que se produjera un deterioro en el consumo de libros. Se ha registrado una disminución muy grande en la demanda de textos escolares: el tamaño de ese mercado se redujo casi a la mitad, lo que es una proporción importante del mercado total.

Nosotros no tenemos un sistema como el chileno donde el Estado provee los textos del sistema público. Pero además todos los índices apuntan a una disminución de la lectura misma: el tiempo que la gente le dedica, el número de libros que lee. Yo creo que han jugado un papel, sobre todo en los primeros tres años de esta década, los movimientos de población. Mi hipótesis es que los emigrantes eran más lectores que quienes se quedaron.

Por otro lado, se han hecho grandes esfuerzos por expandir la educación: un grupo mucho mayor entra al sistema educativo, pero es muy posible que se haya sacrificado calidad en ese proceso".

Preocupado por estas tendencias, el gobierno colombiano ha impulsado un plan nacional de lectura y bibliotecas que siguió el modelo de Bogotá, donde a comienzos de la década se crearon tres megabibliotecas: El Tunal, El Tintal y Virgilio Barco. Situadas en los barrios más populares de la ciudad, en conjunto tienen tantos usuarios como la Biblioteca de Nueva York. Y es que en el uso de estos recintos, los colombianos son campeones mundiales: la tradicional Luis Ángel Arango es la biblioteca pública con mayor número de visitantes diarios en el mundo junto a la de Shangai.-

¿Este uso masivo de las bibliotecas indica que los lectores no están comprando libros porque los encuentran caros?

"No, los libros colombianos son los más baratos de Iberoamérica con excepción de Argentina, pero desgraciadamente el público y los medios lo olvidan. Las ediciones locales que hacen Planeta o Santillana pueden ser un 30 o 40 por ciento más económicas que las españolas. No solamente porque no pagan impuestos, sino también porque como el mercado es más pequeño, tienen que vender a menor precio. Las tiradas son más bajas, cierto, pero igual se pueden hacer libros baratos".

-¿No se supone que es al revés?

"Eso es un cuento que echan los editores. Claro que es más cara una tirada baja que una alta, pero no tanto como se suele decir. Recuerdo que una vez querían eliminar algunas ventajas de la Ley del Libro y la directora de impuestos sostenía ante el Congreso que la exención tributaria no había tenido un impacto sobre el precio del libro. Envié un informe demostrando lo contrario: yo acababa de publicar una novela de Grisham con un tiraje para toda América Latina de 20 mil ejemplares. La edición norteamericana era de un millón 800 mil. Yo había tenido que encargar una traducción, costo que no tenía la norteamericana. El libro en Estados Unidos costaba 25 dólares en tapa dura. El libro con el mismo tipo de encuadernación y con un 15 o 20 % más de páginas (porque el español consume más que el inglés) aquí valía 28% menos que en Estados Unidos. Esto demuestra que como no hay que pagar impuestos, todos los beneficios se trasladan a los lectores".

-Le insisto: ¿Por qué entonces los colombianos encuentran caros los libros?

"En una librería quizás el 20 por ciento de los títulos son producidos localmente y el 80 por ciento de los otros títulos son importados. Si uno mira el conjunto pueden parecer caros, porque tienen los precios del país de origen más los costos de importación y los de una tradición local que consiste en asegurarse contra una posible devaluación. Los libros importados son más caros efectivamente y esa impresión contamina la visión del precio. Pero si revisamos las ventas, los títulos de mayor demanda son aquellos producidos localmente, incluso los que se publicaron originalmente en España, Argentina o México".

-¿Cómo se explica la creciente piratería en un país con tantas condiciones favorables para el libro?

"Es muy difícil evaluar si es creciente o no. Lo que es creciente es la acción de las autoridades contra ella. Obviamente las nuevas tecnologías han hecho más fácil la piratería. Pero mi percepción es que ha disminuido y que el combate ha sido eficiente".

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