Qué hay en esas estanterías.Amelia Ambrós


Si alguno de nosotros dijera que jamás leyó un libro de autoayuda, inmediatamente le crecería la nariz más que a Pinocho
"Darse una vuelta por las estanterías de los libros de autoayuda es una experiencia sorprendente. A lo que uno espera, se agregan las cosas más curiosas. Es normal ver títulos sobre cómo lidiar con parejas, hijos, patrones o suegras: mujeres de Venus, hombre de Marte, niños de Mercurio, abuelos de Saturno y jefes de titanio, que de éstos está lleno el mundo. Hablan de relaciones personales y quizás tengan buenos consejos, vaya uno a saber. Otro gran rubro se relaciona con el dinero: cómo ordenar los gastos de la canasta familiar –sobre esto no encontré nada escrito por el actual ministro de Economía, cosa rara-; vivir mejor con menos (debe ser el viejo cuento del burro que se murió cuando el dueño lo había acostumbrado a no comer); cómo crear riqueza - ¿no sería conveniente que los leyera el actual ministro de Economía? - y otras ingeniosidades. Entre los económicos hay un título que siempre me pareció extraordinario: Piense y hágase rico. Salvo que sea un manual para ministros de Economía, la verdad es que me maravilla la forma ingenua en la que apela directamente al pensamiento mágico. Otros son mucho más sutiles y, en consecuencia, nos pueden tomar de pichi con mayor facilidad. Pero sobre este libro, la sorpresa más grande la tuve cuando lo encontré entre los estantes de “economía y marketing”. Pensé en una equivocación de algún librero inexperto, pero no fue así: hay muchísimos libros de autoayuda económica que están en esas secciones presuntamente serias. Una investigación más profunda me llevó a encontrar a los autoayudantes en las estanterías de psicología, de filosofía, de medicina... Como un virus desinformático, van expandiéndose rápidamente por todas partes.Pero volvamos a la zona que les es propia. Allí, infaltable, está el “orientalismo”. Junto al famoso chanta Gurú Pirulo, que nos enseña a superar todos nuestros problemas en quince minutos, están Buda, Cristo, Mahoma y el manual para arreglar calefones escrito por un tal Enrique Santos. Dan ganas de echarse en el suelo y ponerse a llorar. En un rincón. No puedo ser exhaustiva, pero cabe decir que he encontrado libros muy serios de psicología, de filosofía, de física (sí, ¡física!) perdidos en esa barahúnda en la que el que gana es el más piola y no el mejor. Para mostrarlo, tengo una perlita que me hizo ver el vendedor de la sección de la gran librería: me mostró una edición de los Evangelios Apócrifos, libro que no se vende ni por accidente. Después sacó el mismo libro (mismo formato, idéntico dibujo de tapa, etc.); su título era idéntico también, pero el subtítulo rezaba: Clave para entender el Código da Vinci... Y como usted es un lector astuto, ya sabe cómo termina el cuento: se vende a más no poder. ¡Bravo por la editorial! "
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