sábado, enero 26, 2008

Primer plato, segundo plato y postre , El amor en tres platos (2007)


Héctor Torres (1968) es un escritor venezolano cuyos cuentos han aparecido en los diarios El Clarín de La Victoria, La Antena de San Juan de Los Morros y en la revista literaria Letralia. Ha publicado Trazos de asombro y olvido (1996), Episodios suprimidos del manuscrito G (1998), Del espejo ciego y El pintor de bisontes (aún en proceso de publicación). Su creación más reciente, El amor en tres platos (2007) combina humor, cotidianidad y absurdo
Luisa Pescoso P.
"Y en su corazón, la depresión, la sensación de vacío, el sentimiento de soledad, el miedo a la noche y al rugido del agua, todo eso, había sido aniquilado por ese nuevo deslave que venía del futuro, que la arrastraba con blandura y con su complicidad" (110)
O pulento uso del lenguaje y metalenguaje, diversidad de temas cotidianos, humorismo y enca nto son a lg unos de los adjetivos que surgen a partir de las lecturas realizadas a cada una de las narraciones que conforman El amor en tres platos de Héctor Torres. Un libro rico en situaciones cotidianas, impregnado por lo urbano en el que Torres presenta temas recurrentes de la jornada dia ria.

Cada relato pareciera una proyección de lo absurdo, de esos acontecimientos que a veces titubeamos en considera r como rea les, propios de lo extravagante y disparatado, pero que, sin duda, suceden a diario y forman parte del asombro. Asombro que circunda la vida de Héctor Torres quien a lega que: "En la actualidad, mis asombros lo producen los aspectos más inv isibles de la v ida cotidiana, buscar una mirada todo lo novedosa que se pueda sobre las cosas que están allí y que a veces ig nora mos, como el deseo, el paso de tiempo, la locura de un ser querido y las angustias que agotan y enajenan al común de las personas, en su día a día".

Esta declaración, que surge a partir de una entrevista realizada para el diario El Mundo, contribuye a entender el entra mado del libro, la forma en la que Torres concibió y elaboró sus narraciones, sobre todo la manera en qué los 14 cuentos se combinan en perfecta coherencia para reunirse en El amor en tres platos.

Uno de los elementos más agradables de la lectura de este libro es que induce a ese "sorprenderse" no sólo tras el desenlace de las h istor ia s, si no ta mbién durante el inicio y a lo largo del trayecto. Te niega la oportunidad de predecir el final y te aviva la mezcla entre admiración y asombro de poder ex t ra ña r te con cada una de las cosas que va narrando. Te deja, incluso, esa mueca en el rostro cuando algo verdaderamente te impresiona, algo que no esperas, algo que no adivinaste.
El libro plantea una relación muy cerca na con el lector porque, en varias historias, son reiterativas las apelaciones a él, "Yo ta mpoco escoger ía mayo para comenzar", es un buen ejemplo. Se construye una triple relación autor-personaje-lector que a veces pareciera consciente; diríamos que se plantea un juego entre na rrador omnisciente, testimonial y protagonista. Se hace explícita la obsesión entre autor y personaje, diálogos, búsquedas, introspecciones hasta dar con el personaje ideal. El sueño es también una de las recurrencias del autor, despertar de un sueño, soñar, el ejercicio del sueño y la vida a través de un inalterable ejercicio de dormir. Este elemento es persistente y repetido a lo largo de las narraciones.

El título que da nombre al libro se usa en la última historia que es una alegoría al amor en las tres etapas de la vida: juventud, adultez y vejez, quizás la última no esté tan explícita, pero sí enunciada. El amor en tres platos es, entonces, lo mismo que decir juventud, adultez y vejez, es la semblanza del primer plato, segundo plato y el postre. Es la historia de la herida que no pudo curarse, el desvelo de la señora Bastidas, los desencuentros de un perro, de como el señor Garminoff llegó a convertirse en el personaje de su propio guión, la confusión de Sinclair en la estación de tren, la historia del pájaro de pico largo y de La Negra, parte de los personajes que cobran vida en este texto.
La salsa, el barrio, la calle, la estación de tren, la casa de la señora Bastidas y de Ubiedo son algunos de los escenarios. Así se despliega este texto –que pertenece al sello editorial Equinoccio, a su Colección Papiros, serie narrativa– como una edición simpática y cuidada que recoge el tono de esta voz, la de Héctor Torres, que se asume optimista frente a la literatura venezolana y perseverante ante la espera del futuro de nuestras letras.
EL NACIONAL - Sábado 26 de Enero de 2008
Papel Literario/10
Publicar un comentario

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails