martes, enero 15, 2008

El Libro que Vendrá.Christopher Domínguez Michael

"Confieso que yo era o decía ser misoneísta y presumía de padecer de genuino horror ante las novedades, de tal forma que me tardé mucho en tener computadora y en escribir correos electrónicos, tardanzas o melindres que sólo hicieron que mi conversión fuese más apresurada y ardiente. El misoneísmo me lo quitó Steve Jobs y desde hace tiempo creo que la galaxia Mac no es la única realidad real pero es la mejor de las que frecuento. Todo esto viene a cuenta del horror que sufren o que dicen sufrir los escritores, los bibliófilos y los editores ante la nueva bestia negra que amenaza con carbonizar al libro, el ya célebre Kindle, la consola que vendrá a ser el iPod de los libros, advenimiento que yo festejo. Poder, desde un adventículo como una PSP, consultar una enciclopedia de antigua literatura tailandesa que flota en el ciberespacio o acceder a un incunable resguardado en el archivo secreto del Vaticano, me parece maravilloso y de igual manera espero disfrutar de los accesorios que los libros en línea ofrecerán, como mapas, traducciones paralelas, diccionarios y lo que el Progreso nos depare. "

Melot admite que las estadísticas arrojan una paradoja: cada día se lee menos pero los lectores son más numerosos. Porque la lectura se ha diversificado, ya no dominan los lectores de libros serios encuadernados, ahora acompañados por quienes leen en línea, consumen artículos y toda clase de impresos o imprimibles, una categoría nueva. Ello no quiere decir que el lector arquetípico, el lector filósofo, el lector que pintó Chardin, vaya a desaparecer porque, como Melot alega, “el mal del libro es incurable. Pero nunca lo mata.”

"Se publican, por supuesto, toneladas de mala literatura e, inclusive, se publican toneladas de libros estúpidos, dañinos, fanatizantes, empezando por una parte de la propaganda distribuida desde hace siglos por las letradísimas religiones del Libro durante mil quinientos, dos mil años. En la época de Cervantes o en la de Flaubert también se publicaban porquerías inenarrables que, justamente, por serlo, quedaron olvidadas y perdidas, sometidas a la crítica marxista de los ratones pero disponibles para alimentar las investigaciones sociológicas o bibliográficas en el dominio de la teoría de la percepción. Siempre ha habido, por ejemplo, libros de superación personal: antes pasaban por devocionarios o literatura beata, de edificación. Y antes de Cristo no existía esa frontera, al parecer: la filosofía era a la vez práctica y metafísica. Es más: si Sócrates o Aristóteles entraran a cualquier librería del siglo XXI y buscasen libros de su profesión, les sería más fácil acercarse, al menos en primera instancia, a los autores de superación personal que a Hegel o a Jaspers."
LEER COMPLETO EN: LETRAS LIBRES
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