domingo, diciembre 09, 2007

"El mundo editorial es de una crueldad tremenda"


"La pasión por los libros no conlleva saber gestionar. Hace falta bajar a la sala de máquinas y meterse en las entrañas de un negocio complicado. Muchos imaginan que una editorial funciona sólo con el gusto personal -explica Pimentel-. En España nacen cada semana cuatro editoriales y al poco tiempo quiebran prácticamente todas. Éste es un terreno durísimo en lo económico, con una crueldad tremenda en las librerías, porque no hay vitrinas ni espacio para todas las novedades."

"-El papel del editor siempre será buscar buenos autores y hacer buenos libros, pero hay nuevas vías, algunas olvidadas, como la gestión de derechos; llevar el libro al cine y a formatos multimedia, que tienen cada vez más demanda. Una editorial no debe ser una empresa aséptica y lejana que transforma en celulosa la idea de un señor. Debe impregnarse de otros conceptos. Aunque es desgastador, el público percibe el esfuerzo cuando se organizan festivales literarios, encuentros y debates en torno al producto que ha comprado. Sabina y Serrat juntos siempre concitarán interés, aunque su público baje sus discos por Internet."
"Las editoriales alemanas son las mismas que publican en Suiza y Austria, ya no por fronteras. Las francesas llegan a todos los sitios donde se habla su idioma. Para qué hablar de las estadounidenses. De modo que cualquier sello que publique un libro en español está obligado a llegar a todos los sitios de lengua española. No puede permitirse menos. La tendencia es a la concentración, a las alianzas para lograr el objetivo. Los editores deben pensar dónde quieren estar. Al que sólo publica para vender termina yéndole mal... allí están los editores que llegan de escuelas de negocios, que piensan sólo en el marketing y finalmente fracasan."

En España se publica muchísimo y no es necesariamente bueno. La saturación termina favoreciendo a los grupos que más concentran. Allá, un pequeño editor no tiene ninguna posibilidad. Además, los mercados editoriales son cada vez más similares. La distribución y las cadenas de librerías funcionan igual. Puede variar el índice de lectura, el poder adquisitivo, pero lo demás, no. Eso hace que un editor chileno deba atreverse a llegar a otros sitios; viajar, gestionar, es parte de un estado mental. Norma, por ejemplo, es un grupo colombiano que está en todos lados. Hay que asumir una vocación global, que esto es la República de la Lengua Española, donde el mercado lector nunca ha sido nacionalista y quien compra un libro nunca pregunta de dónde viene."
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