Si los libros fueran sólo depósitos de palabras, cualquier computadora podría sustituirlos. Jorge de Buen

"En un mundo de pixeles, echaré de menos algunas cosas notables: los libreros, por ejemplo, que son signos de la cultura de una casa o una escuela; también las librerías —especialmente las de San Diego, donde puedo pasar horas leyendo sin que nadie me moleste—; me pesará no poder referirme a una página por su folio, extrañaré la sensación de que las hojas de la derecha pesan cada vez menos; me irritará que mis libros tengan fecha de caducidad, que se borren o que el autor me exija un nuevo pago después de tres consultas; me trastornará que se agoten las baterías a la mitad de un vuelo, que los libros no tengan olor, que no cambien con el tiempo; me ofuscará que la tecnología vuelva a meter a los editores en una coctelera, cuando las tormentas que trajo la autoedición apenas se están amansando.También echaré de menos algunas cosas que, no por sutiles, son menos importantes: la meticulosidad del diseñador en fijar la longitud de los renglones, el tipo de letra preciso, el cuerpo exacto, el espacio justo entre las palabras; extrañaré las páginas incitantes, donde lo impreso y lo no impreso conviven en un equilibrio perfecto; los finales de párrafo bien cuidados, el aroma del papel, su textura, su discreto color.En fin, si los libros electrónicos sustituyen a los de papel, terminaré extrañando todo aquello de lo que enseño y escribo."
Jorge de Buen, es tipógrafo y diseñador editorial, es autor de Manual de diseño editorial (Santillana, 2003)fundador de Imprimatvr (http://imprimatvr.com/), una corporación internacional que reúne a traductores, correctores, técnicos editoriales y otros profesionales de la palabra escrita.
Responso adelantadoen HOJA POR HOJA
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