Libros y cocina dos visiones

Yo siempre quise saber algo de cocina, porque suelo imaginarme en un lugar solitario y tener que valerme por mí mismo, y me alarma pensar que no sé nada, porque saber escribir (si realmente sé) equivale acaso a la ignorancia universal en cuestiones prácticas. Entonces pido recetas, pregunto: «¿Cómo se hace tal plato?». Me contestan: «Es muy fácil. Pones tal cosa y tal otra, en cantidad suficiente». ¡Cantidad suficiente! ¿Qué es cantidad suficiente? A lo mejor escribir bien consiste en saber, en todo momento de la composición, cuál es la cantidad suficiente.
En Bioy Casares a la hora de escribir, de Esther Cross y Félix della Paolera (Tusquets Editores)

Mi hipótesis básica sigue siendo la misma, la hipótesis Enszenberger. Resumo, seguramente mal. La industria editorial, para sobrevivir, debe semejarse cada día más a la culinaria. Así como la uniformidad de las grandes cadenas no ha matado a los pequeños restaurantes, así tampoco morirán las pequeñas editoriales. Claro, deben aprender de los restaurantes que, digamos, financian parte del negocio con su carta de vinos y, sobre todo, aprender a valorar sus viandas. No puede costar lo mismo una hamburguesa que un filete. Hasta aquí, con mi memoria, Enszenberger. Luego, debemos buscar financiamiento diverso (separadores, libretas, etc) y elevar los precios de acuerdo al libro. No volverlo prohibitivo, sólo rentable.


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