Hablando de leer .ANDREA PALET


"Pierre Bayard es francés, cincuentón, profesor de literatura y sicoanalista irredento, al parecer. Lo veo con su nariz cyranesca y beatle oscuro: solo le falta la chaqueta de tweed con gamuza en los codos y tenemos al clásico intelectual todoterreno, aquel que puede sostener vigorosamente y hasta las últimas consecuencias una idea en un podio, y al año siguiente abogar por la postura contraria sin que nadie se espante, pues se supone que eso es lo que han de hacer los intelectuales: olfatear los signos de los tiempos. (Por eso los políticos honestos los detestan: ellos no pueden hacer lo mismo.)¿Y qué pasa con Bayard? Bueno, que ha contado cómo lleva años enseñando y opinando sobre libros y autores que nunca ha leído, o que ha hojeado apenas, o simplemente leído y olvidado. ¿Y a quién se lo contó, el muy pavo?

Porque en éste, el país de la pillería, no es novedad ninguna que los solaperos -gente que cobra por opinar y fabricar reseñas literarias a punta de contraportadas- hacen nata en la prensa cultural y en todas partes, pero nadie lo dice y, lo peor, nadie se da cuenta.

Bayard se lo contó a todo el mundo. Y en un libro que se llama, para que nadie se pierda, Cómo hablar de libros sin haberlos leído, un ensayo "provocador" -dice la solapa- en que el autor se opone a la triple restricción social de, uno, haber leído un libro antes de hablar de él, dos, haber leído todos los libros importantes, y tres, tener una opinión formada sobre cada uno.

Por cierto, Bayard no se refiere a nosotros, inocentes plumíferos amantes de la lectura, sino a sus pares de la academia, personajes y personajillos que centran precisamente en esta tríada el grueso de su actividad, su prestigio, su identidad, y no pocas veces su propia vida.Pero no se trata de la confesión culposa de un profesional ilustrado pero escaso de tiempo y mal pagado. Ni de un alegato por las condiciones de producción en un sistema económico maligno y entontecedor para la cultura. Ni de un pelambre gremial masivo, con el delator dispuesto al harakiri por mor de la causa.

Hay quienes lo han visto como un elogio de la impostura. Quizás sea todo esto, pero a lo francés: de muy enrevesada manera.¿Quién se ha leído a todos los rusos, los griegos, los victorianos? ¿Todo Shakespeare, el ladrillazo del Ulises de Joyce, el Quijote no resumido, los siete tomos de En busca del tiempo perdido (ya decía Jenaro Prieto que leer a Proust era imposible sin una buena tuberculosis)?

Bayard sostiene que la mentira vergonzante campea en los círculos intelectuales, y describe con humor las diversas formas de sortear situaciones comprometedoras, e incluso de "hablar con justeza" de títulos y autores apenas pispados, y por la contaminación acústica más que por la atenta lectura.No tengo el espacio para discutir en serio este proceloso asunto, pero quería presentarles al hombre que esta vez ha gritado "¡El rey está desnudo!" (el libro saldrá el 2008 en castellano). Y agregar perplejidades. Por ejemplo, siempre me ha parecido insólito, en las reseñas chilenas de obras extranjeras, la frecuencia con que se habla de "una traducción impecable"... ¿Se han leído la versión original, pues? Por no hablar del crítico que alaba al escritor, ambos varones, por haber penetrado con tanta profundidad el alma femenina. Nuevamente, ¿cómo lo saben?Y hablando de impostura: perdone, avisado lector, lo previsible de este cierre de columna. Pero el libro de Bayard, por supuesto, no lo he leído."

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