LIBROS Y MERCADO


"Por muchos escaparates que nos asedien, los lectores inteligentes no se dejan engañar: en ninguna época han sido demasiado numerosos, y dudo mucho que en la nuestra vayan a desaparecer. En este sentido, a veces el Señor Mercado seduce a sus rivales puristas sin que ellos se den cuenta, llevándolos a esperar que los lectores cualificados sean una multitud, o indignándose porque no lo sean. Por supuesto, no todos los huéspedes tienen el mismo gusto a la hora de sentarse con un libro. Son muchos más los lectores con ansias de información que con sed de lenguaje o de emoción. Resumiendo mucho, podríamos hablar de tres tipos de lector en la casa del Señor Mercado:

1) Los lectores informados, aquellos que buscan sobre todo enterarse, estar al día de la actualidad como quien lee el periódico.

2) Los lectores intelectuales, que analizan la información del libro, la subrayan e incluso la comparan con otras fuentes. Aunque estos segundos lectores son más disciplinados que los primeros, tal vez ambos estén unidos por una limitación: no modifican los libros que leen. Por eso sospecho que quienes escasean son:

3) Los lectores artísticos, esos que recorren las páginas con los sentidos en vilo, la intuición expectante, la memoria abierta. Creadores a su modo, los lectores artísticos leen para interrogarse acerca de su propia identidad y ven en la literatura una existencia. Estos lectores merecen especial gratitud porque completan los libros, los salvan. "


"...hay quien opina que el Señor Mercado obliga a demasiados escritores a producir (palabra horrible y errada: la literatura, incluso la literatura mala, no se produce, se escribe) una determinada cantidad de libros para no perder su lugar en la familia. Es posible que haya casos; aunque no creo que por ese camino se hayan frustrado grandes talentos. El mercantilismo, entonces, ¿significaría alta cantidad o baja calidad? Ambas cosas no son la misma ni se explican mutuamente. Si la cantidad fuese por fuerza en desmedro de la calidad, o viceversa, entonces Bach sería peor que Bruckner. Los prolíficos Tolstoi, Quevedo, Goethe o Sor Juana serían mucho peores que los parcos Rimbaud, Garcilaso, Camus o Tsvietaieva. Andahazi sería mucho mejor que Aira. Y Picasso sería un pobre diablo al lado de Vermeer (bueno, esto último dejen que lo piense). Creo que más bien se trata de una cuestión de necesidad íntima, de ritmo interior, una especie de frecuencia cardíaca. Por otra parte, la literatura de consumo rápido no es nueva y de hecho existe casi desde la imprenta: en el siglo XVII fueron las novelas de caballería, en el XIX fueron los folletines por entregas en los diarios, y hoy se llama bést-seller. Pero, ¿cómo se reconoce un bést-seller? ¿Por lo que vende? Entonces Cien años de soledad sería lo mismo que El Código da Vinci, o Saramago y Paul Auster (que arrasan en las listas de ventas) compartirían habitación con Paulo Coelho y Pérez Reverte. O, más paradójicamente, pensémoslo a la inversa: si un novelón edulcorado de execrable prosa fracasase en conseguir las ventas esperadas, ¿dejaría por eso de ser literatura de consumo?"

"las buenas librerías, son el mejor consuelo para nuestra falta de eternidad."

*Andrés Neuman, nacido en Buenos Aires en 1977, es hispanoargentino. Se licenció en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, donde codirigió la revista ‘Letra Clara’ e impartió clases de literatura hispanoamericana.Actualmente es columnista fijo en diarios como Sur, Ideal o El Correo, colabora habitualmente en numerosos medios españoles y latinoamericanos, y escribe guiones de tiras cómicas para Ideal.
Su primera novela, ‘Bariloche’ (Anagrama, 1999), fue Finalista del Premio Herralde y elegida entre las diez mejores del año por El Cultural del diario El Mundo. Su siguiente novela, ‘La vida en las ventanas’ (Espasa, 2002), fue distinguida como Finalista del Premio Primavera. Con ‘Una vez Argentina’ (Anagrama, 2003) volvió a ser Finalista del Premio Herralde de Novela.
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