"El hecho literario surge de una determinada función de la lectura..."

"Por sí sola, la actividad lectora no segrega esa función. Aquí radica el malentendido a que aboca la muy común pretensión de que el incentivo de la lectura lleva aparejado el incentivo de la literatura. No es ni mucho menos así.La actividad lectora sirve a muchas y muy variadas funciones. El goce estético es sólo una de ellas, y de las más sofisticadas. Por lo demás, incluso dentro del campo literario hay textos que cumplen funciones tan distintas que se vuelve absurdo cualquier intento de medirlos empleando un rasero común.Hay una literatura de divulgación, de consumo, de entretenimiento, que ni remotamente se plantea la cuestión de su artisticidad. Hay un lector habitual de esta literatura que se desentiende por completo de ese problema, de esa expectativa. Y ello con independencia de que un texto que no se lo había propuesto alcance, llegado el caso, un rango artístico, ya sea por méritos intrínsecos, ya sea por los que le confiere la pátina del tiempo o una perspectiva transcultural.Resulta insensato pensar que un lector habituado al consumo de textos que le proveen de un entretenimiento inocuo, de una sentimentalidad prefabricada, de unos conocimientos rudimentarios o de unas certezas esotéricas, disponga a consecuencia de ello de la más mínima inquietud estética. Ocurre, sin embargo, que ese lector se va convirtiendo entretanto en el lector referencial y hegemónico, el único que va siendo posible imaginar y al que -como le pasa a Pelo de Zanahoria con el señor Lepic- se va haciendo posible acudir. De modo que no va quedando más remedio que renunciar a escribir en verso, a emplear tantas mayúsculas, a hablar de la primavera, y escribir en cambio amenas cartas en las que se discurra sobre cosas que a nadie importan, informando de paso cómo conviene ir vestido y qué debe hacerse para comer y dormir bien."
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