martes, agosto 28, 2007

¿Qué leen los gringos?



La empresa IPSOS acaba de hacer pública la encuesta de hábitos de lectura en norteamérica, el país que pasa por ser, según arrojan las cifras, el primer mercado editorial del mundo, cosa nada sorprendente dadas sus dimensiones. Lo que sí resulta algo chocante, sin embargo, es el resto de las estadísticas que la encuesta arroja.

Los resultados globales, que pueden encontrarse extractados en un informe, dicen que en un mercado de 35 mil millones de dólares, sólo está alfabetizado el 70% de la población, lo que es algo más que una paradoja en la primera economía mundial; de ese 70% un cuarto declara no leer nunca, lo que significa que la población lectora potencial se restringe a un 52,5% de la población, lo que se acerca bastante a las supuestas cifras de lectores en España, siempre infladas por el efecto turbador que causa cualquier situación de encuesta (es feo decir o reconocer públicamente que no se lee).
Los lectores activos prefieren leer libros técnicos, de información especializada, y libros de religión, hasta el punto que dos de cada tres de los que se declaran lectores habituales dicen haber leído volúmenes de esa temática, lo que puede darnos alguna pista sobre el ambiente sociocultural que se respira en el país y sobre la expansión a todos los rincones del país de lo que antes se denominaba el Bible Belt, el cinturón bíblico, la zona más incandescente ideológicamente en los Estados Unidos, algo difícilmente combinable con el hecho de que la encuesta refleje, también, que los más proclives a la lectura sean los ciudadanos que políticamente se declaran demócratas, porque hasta un 34% de los que se autodenominan republicanos no leen nunca. ¿Cómo conciliar esas paradójicas cifras?

Por el contario, la literatura parece importar a muy pocos y los grandes literatos norteamericanos parecen mucho más famosos fuera de su país que dentro: sólo el 5% de los que se declaran lectore dice haber leído obras exclusivamente de ficción. Finalmente, el sesgo sociológico habitual se encuentra aquí también presente: son los títulados superiores, los que más capital cultural y educativo poseen, los que más leen, y son las mujeres las que, proporcionalmente, por su predisposición formativa y cultural, las que más literatura consumen.
Una primera industrial editorial mundial atestada de singularidades y hasta aparentes incongruencias, la primera de las cuales, sin duda, es que un 30% de la población no posea siquiera las competencias fundamentales para disfrutar de los libros.

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